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El Verdadero Musulmán Es Generoso

El verdadero musulmán que sinceramente busca seguir las enseñanzas de su religión es generoso, y busca el bienestar de los miembros de su sociedad en todas las ocasiones y en todas las circunstancias. 

Cuando gasta, lo hace porque cree que su generosidad no se perderá, y sabe que ello queda registrado ante Aquel que está enterado de todas las cosas: 

{Y lo que sea que deis en caridad, Allah, ciertamente lo sabe.} [2:273] 

Él también está convencido que cuando gasta su dinero generosamente Allah se lo multiplica en este mundo y en el otro: 

{El ejemplo de quienes contribuyen con sus bienes por la causa de Allah es como el de un grano que produce siete espigas, cada una de ellas contiene cien granos. Y Allah multiplica [la recompensa] de quien Él quiere, y Él es Vasto, Omnisciente.} [2:261] 

{Y todo lo que gastéis en caridades Él os lo compensará…} [34:39] 

{Toda caridad es en beneficio propio, hacedla pues sólo para complacer a Allah. Y sabed que se os recompensará por cuanto deis y no seréis oprimidos.} [2:272] 

El verdadero musulmán gasta su dinero con la firme convicción de que Allah lo compensará con Sus bendiciones y aumentará su recompensa. Si él se vuelve mezquino y deja de dar, entonces su Señor disminuirá su riqueza y le causará pérdidas. Esto se muestra claramente en el siguiente Ĥadîz

"Cada mañana que los siervos de Allah se levantan dos Ángeles descienden. Uno de ellos dice: ¡Oh, Allah! Auméntale al que hace caridad. Y el otro dice: ¡Oh, Allah! Disminúyele al que es tacaño".[1] 

Y en un Ĥadîz Qudsi

"Sé generoso ¡Oh, hijo de Adán! Que Yo lo seré contigo".[2] 

El musulmán que confía en su Señor no tiene dudas que lo que él gasta por la causa de Allah no disminuirá su riqueza en absoluto. Al contrario, la caridad aumenta la riqueza y no la disminuye: 

"La caridad no disminuye la riqueza".[3] 

La recompensa que se obtiene cuando se da por la causa de Allah es inmensa, porque Allah la multiplicará muchas veces. De hecho el Profeta (B y P) solía decir que la única riqueza que era salvada era la que se había empleado por la causa de Allah. ‘Â'ishah narró que sacrificaron una oveja y el Profeta (B y P) le preguntó: "¿Qué ha quedado?" Ella le dijo: Nada más que la paletilla. Entonces dijo: "Entonces todo excepto la paletilla ha quedado".[4] 

El Profeta (B y P) fue perspicaz en reforzar el espíritu de generosidad en los corazones de los musulmanes, y hacerles de ella una virtud por la cual competir, como dijo: 

"No se debe envidiar a nadie, excepto en dos casos: A una persona a quien Allah le ha dado riquezas y la gasta en el servicio de la Verdad, y en una persona a quien Allah le ha dado sabiduría, y actúa según ella y se la enseña a otros".[5] 

El Profeta (B y P) igualó emplear la riqueza al servicio de la Verdad y tener sabiduría y actuar acorde a ella y enseñarla a otros. Él dijo que no se debe envidiar, en el sentido positivo de la palabra, es decir: no se debe desear ser como nadie, excepto en estos dos casos. Gastar para apoyar la Verdad es de suma importancia y de gran beneficio social para los musulmanes, porque la riqueza es el nervio central de la vida, y gastarla por la causa de la Verdad es una gran acción que juega un papel importante, al igual que el beneficio de aquellas personas que están dotados de sabiduría y la aplican para ellas mismas y se la enseñan a los demás. 

Por consiguiente, el verdadero musulmán emplea su riqueza sabiendo que ésta regresará a él con más premios y bienestar. Por esta razón se la ve gastarla de una manera que garantiza la recompensa, sin ser injusto con sus herederos ni privándolos de ella, y sin ser tacaño en su contribución. Él es moderado y sigue un termino medio entre estos dos extremos de acuerdo con el noble espíritu de la Sharî‘ah, y la riqueza de sus herederos no es más importante para él que contribuir por la causa de Allah. Por el contrario, él ama más contribuir con sus riquezas por la causa de Allah que dejárselas a sus herederos, porque la primera es una acción que perdura y es registrada en el libro de sus buenos actos. A esto el Profeta (B y P) se refirió cuando dijo: 

"¿Quién de vosotros ama la riqueza de sus herederos más que la suya propia?" Ellos dijeron: ¡Oh, Mensajero de Allah! Ninguno ama más la riqueza de sus herederos que la suya propia. Él dijo: "La verdadera riqueza es la que uno ha gastado (por la causa de Allah), y la riqueza de los herederos, en cambio, es la que uno deja".[6] 

La generosidad es una de las mejores características del Islam y de los musulmanes. Por eso cuando una persona le preguntó al Profeta (B y P): ¿Qué tipo de Islam es el mejor? Él respondió: "Alimentar a los pobres y saludar a las personas que conoces y a las que no conoces".[7] 

Sin embargo, seguir este ideal de generosidad no debe hacer que el musulmán vaya al extremo de gastar toda su riqueza y no dejarles nada a sus herederos. Todo en el Islam es equilibrado e integrado, y nada debe hacerse a expensas de otra cosa. Así, cuando gasta por la causa de Allah está cumpliendo con algo obligatorio, y cuidar y proteger a aquellos que están bajo su responsabilidad evitando dejarlos en la indigencia también es obligatorio. Cuando Sa‘d Ibn Abî Uaqqâs estuvo severamente enfermo, al borde de la muerte, el Profeta (B y P) lo visitó y Sa‘d le preguntó: ¡Oh, Mensajero de Allah! Tengo mucha riqueza, y yo sólo tengo dos hijas que me heredarán ¿Puedo dar dos-tercios de mi riqueza en caridad? El Profeta (B y P) le dijo: "No". Él dijo: ¿Puedo dar la mitad? Él dijo: "No". Él dijo: ¿Un tercio? Él dijo: "Puedes dar un tercio, aunque es mucho". Entonces el Profeta (B y P) le dijo: "Dejar a tus hijas con riquezas es mucho mejor que dejarlas pobres y con la necesidad de andar pidiendo. No gastarás nada (en caridad) sin ser recompensado por ello, hasta en el bocado que le das a tu esposa en la boca".[8] 

El Profeta (B y P) era la personificación de la generosidad genuina y pura. Nunca se supo que él se haya negado a dar al que le solicitaba algo. El Saĥâbi Yâbir (R) nos cuenta esto: 

Siempre que al Mensajero de Allah (B y P) le pedían algo daba sin negarse.[9] 

El Profeta (B y P) entendía el efecto que la riqueza producía en las personas, por eso la utilizó como un medio para ablandar los corazones y atraer a las personas hacia el Islam. No pensaba que era un derroche excesivo emplear grandes cantidades para ganar nuevos adeptos al Islam, porque sabía que la persona cuyo principal interés era inicialmente la riqueza se volvería un musulmán sincero una vez que entrara en el Islam, y esto lo haría uno de los más fuertes en la fe. Esto es lo que nos relató el destacado Saĥâbi Anas Ibn Mâlik

‘El Profeta (B y P) nunca que se le pedía algo que podría mejorar la causa del Islam se negaba a darlo. Un hombre recibió de él una cantidad grande de ovejas. Luego este hombre regresó a su tribu y dijo: ¡Oh, pueblo mío! Entrad en el Islam porque Muhammad da de la misma manera que aquel que no le teme a la pobreza. Al principio, si el hombre entraba en el Islam solamente por algún interés mundano, no pasaba mucho tiempo sin que el Islam se convierta más estimado para él que el mundo entero y todo lo que éste contiene’.[10] 

El Profeta (B y P) solía gastar todas las riquezas que le llegaban. La distribuía entre las personas y no guardaba nada para él o para su familia. Era suficiente para él darle a aquellos que merecían, y así abrir el más duro de los corazones e infundirles la característica de la generosidad en ellos demostrándoles el ejemplo más prominente.

Yubair Ibn Mut‘im (R) dijo que mientras estaba caminando con el Profeta (B y P) regresando de Ĥunain, un grupo de beduinos lo asedió pidiéndole cosas, hasta que lo arrinconaron contra un árbol en el que se enganchó su manto, entonces el Profeta (B y P) le dijo: "Dadme mi manto. Si tuviese bienes en el número de éstos espinos, los hubiese repartido entre vosotros, y no me encontrarías avaro, ni mentiroso ni cobarde".[11] 

Así fue como el Profeta (B y P) estableció el más destacado ejemplo de generosidad sincera, libre de todo interés personal y duda. Él fue así en su vida para darle un ejemplo a toda la humanidad, así ésta se esfuerza por alcanzar su elevado rango. Cada vez que el hombre aumenta su generosidad, cada vez que más se acerca a Allah. Toda vez que se recuerda la recompensa que Allah le ha preparado a aquellos que generosamente gastan por Su causa se vuelve más generoso. Siempre que se siente más próximo a Allah, su entendimiento de la recompensa por su generosidad es más profundo, y así es como da más libremente. Esto era lo que pasaba con el Profeta (B y P) cuando Yibrîl (P) lo visitaba en Ramadân. Su generosidad aumentaba como resultado de este mes bendito en su contacto frecuente con el Ángel, porque Yibrîl solía visitarlo todas las noches de Ramadân, y esto hacía aumentar la virtud, la tolerancia y la generosidad en su noble corazón. Ibn ‘Abbâs (R) dijo: 

‘El Mensajero de Allah (B y P) era la persona más generosa, y aumentaba su generosidad en Ramadân cuando Yibrîl lo visitaba. Yibrîl lo visitaba todas las noches de Ramadân y el Profeta (B y P) le recitaba el Corán. Cuando Yibrîl lo visitaba el Profeta (B y P) era más generoso que el viento’.[12] 

No es sorprendente para nosotros encontrar muchos ejemplos en la primera generación que alcanzó un alto nivel de generosidad, aquellos que gastaron toda su riqueza por la causa de Allah, como Abû Bakr (R), o la mitad de ella como ‘Umar (R), o quién equipó y proporcionó un ejército entero como ‘Uzmân (R), o quién dio las cosas más preciosas que poseía como Abû Ad Daĥdâĥ, que dio el mejor jardín que tenía en caridad por la causa de Allah. Cuando su esposa se enteró de lo que él había hecho, le dijo alegremente: ¡Qué bien que has hecho! ¡Oh, Abû Ad Daĥdâĥ! Hay muchísimos ejemplos de personas generosas que prefirieron la otra vida en lugar de esta, abandonando gran parte de sus riquezas y sus propios intereses por la causa de Allah. 

Estas personas eran sinceras con Allah y estaban en contacto constante con Él, y pusieron estas enseñanzas en práctica y las hicieron una realidad. 

Entre los ricos de la actualidad están aquellos que poseen tantos millones y billones que si simplemente fueran a pagar el Zakâh correspondiente de sus riquezas bastaría para erradicar totalmente la pobreza de sus sociedades. Pero ellos se abstienen de cumplir con el pago del Zakâh, aunque saben que es una obligación y uno de los pilares del Islam. Pero ellos sólo dan algunos centavos en los días festivos (‘Îd) y otras ocasiones especiales, o distribuyen pan y comida en unos pocos países islámicos a un número limitado de personas pobres. Cuando la gente necia ve a muchas de las personas pobres parados en sus puertas tomando las migas que les arrojan en todas direcciones, ellos los alaban por su generosidad. Estas personas incautas no comprenden que el total gastado por estos millonarios ni siquiera alcanza a la parte más pequeña de lo que ellos deberían estar dando, y que los pocos centavos que ellos tiran a los pobres son como arena que están tirando en sus ojos (para cegarlos de la realidad). Ellos pretenden obedecer a Allah y gastar por Su causa, pero nada está oculto al Señor de los Mundos, el Señor del rico y del pobre. Ellos no escaparán a Su castigo, porque ellos están incluidos entre aquellos descritos en el siguiente versículo: 

{A aquellos que atesoren el oro y la plata, y no contribuyan por la causa de Allah anúnciales [¡Oh, Muhammad!] un castigo doloroso. El Día del Juicio lo que atesoraron se tornará incandescente por el fuego del Infierno, y sus frentes, sus costados y sus espaldas serán marcados con ello. [Y se les dirá:] Esto es lo que atesorasteis, sufrid ahora su castigo.} [9:34-35] 

Este grupo que aumentó su riqueza a través de sistemas económicos opuestos al islámico es una de las razones que provocó el levantamiento de sistemas izquierdistas en los países musulmanes, debido a su codicia y explotación, y a su abandono de la guía de Allah. Si ellos hubieran sabido los derechos que Allah tiene sobre sus riquezas, y lo hubiesen pagado como corresponde, ninguna de las sociedades musulmanas se habría atrevido a defender el comunismo o el socialismo, y el odio de la clase explotada no habría podido desarrollarse. Este odio fue la base para que los gobiernos socialistas destruyeran a los dueños de las fábricas y a las organizaciones, y se apoderaran de sus millones. Así fue como ellos perdieron sus riquezas, después de haber sido demasiado tacaños durante las épocas de facilidad y abundancia, pues no le aumentaban a un obrero pobre ni siquiera un centavo de su bajo sueldo por temor a que pudiera reducir sus ganancias. De hecho, algunos de ellos hacían un gran alboroto cuando se les mencionaba tal aumento pequeño, mientras que al mismo tiempo se hacían los distraídos de los miles y miles gastados por algunos de sus hijos en salas de fiestas, donde algunos cerraban un local nocturno entero para disfrutar la compañía de las bailarinas. 

La opresión de los pobres por los ricos, y el odio de los pobres por los ricos es algo desconocido en una sociedad verdaderamente islámica, porque en tal sociedad el hombre rico es generoso, reconoce los derechos de los pobres con respecto a su riqueza, y no les niega o los estafa respecto de sus derechos. Él no evita ayudarlos ni apoyarlos, y los trata justamente. Los pobres no odian a los ricos por sus riquezas. El hombre rico en una sociedad islámica no gana su riqueza a través de medios ilícitos; más bien él la gana a través de su esfuerzo por medios lícitos. 

El principio de la igualdad de oportunidades que abarca a todos los miembros de la sociedad islámica le permite al hombre pobre trabajar y esforzarse por hacerse rico si así lo desea, las puertas están abiertas a todos, para que cualquier persona activa, trabajadora y ambiciosa (en el buen sentido de la palabra) pueda entrar. No hay necesidad del odio, el oportunismo y la venganza, y no hay ningún espacio para esos oportunistas llenos de resentimiento y amantes de la venganza en una comunidad de amor y hermandad. 

El Profeta (B y P) le solía enseñar a sus Saĥâbah y constantemente los animaba a que gastasen en caridad y desarraigasen de sus corazones el amor por lo material, para que así se distribuyeran las riquezas entre las personas y la prosperidad se extendiera a todos. De este modo la riqueza no se vuelva en contra de su dueño el Día de la Resurrección. Ellos tenían el ejemplo más alto de esto en el Profeta (B y P). 

Un día el Profeta (B y P) salió hacia Al Baqî‘, y Abû Dharr lo alcanzó. Mientras ellos estaban caminando juntos, él dijo: 

"Aquellos que tienen mucha riqueza serán los más pobres el Día de la Resurrección, salvo quienes gasten de la manera correcta". Luego pasaron por Uĥud, y el Profeta (B y P) dijo: "¡Oh, Abû Dharr!" Él contestó: A tus ordenes ¡Oh, Mensajero de Allah!  Permíteme sacrificarme por ti. Él dijo: "No me gustaría que la familia de Muhammad tenga una cantidad de oro igual en tamaño a la montaña de Uĥud, y que un dirham o un Mizqâl de él quede con ellos, excepto algo que dejaría para pagar deudas".[13] 

Esto explica la actitud de ‘Umar Ibn Al Jattâb (R) hacia los hombres ricos de Quraish cuando ellos empezaron a vivir holgadamente después que habían conquistado tantas tierras. Ellos empezaron a comerciar e invertir su riqueza, y se volvieron muy ricos. Esto alarmó a ‘Umar (R), y él era muy conciente de esto por eso dijo: 

Quraish quiere hacer circular las riquezas de Allah sólo entre ellos, pero mientras esté con vida el hijo de Al Jattâb no lo harán. Yo los esperaré en Ĥarrah Al Madînah, y los agarraré por sus cuellos para salvarlos del Fuego’. 

La concentración de la riqueza en las manos de unos pocos es aborrecida por el Islam, porque significa que otros en la sociedad se privan de esa riqueza. De este desequilibrio proviene la lucha de clases, la opresión y la explotación, todos ello es Ĥarâm y no tienen cabida en una sociedad islámica. 

Éste es un punto. El segundo es que ‘Umar Ibn Al Jattâb (R) anunció que los esperaría en Ĥarrah Al Madînah para impedirles el monopolio del comercio y la acumulación de la riqueza, y para salvarlos de que caigan precipitadamente en el fuego del Infierno. Él no lo hacía por venganza o envidia de lo que ellos tenían, como se estimula por los sistemas materialistas que llenan los corazones de los pobres de odio y deseo de venganza contra el rico. En el Islam se busca la justicia social para el bien del rico y del pobre por igual, antes de que las cosas se escapen de las manos y los corazones se llenen de odio. La justicia social también se busca porque está dentro de los intereses del rico y del pobre, en este mundo y el próximo. Nosotros no vemos esta fuerte conexión entre este mundo y el otro con respecto a las materias económicas, excepto a través del sistema económico islámico. 

El verdadero musulmán es generoso, no importa lo pobre que sea y no importa la pequeña cantidad que de. 

Es suficiente para él tener compasión en su corazón por aquellos que son aun más pobres que él y solidarizarse con otros que están sufriendo el dolor de la privación. De hecho hay muchos Aĥâdîz que animan al pobre a gastar un poco, según su posibilidad, para que así sienta que es solidario con sus hermanos. Allah prometió a aquellos que gastan, no importa la cantidad pequeña que den o que tan pobres sean, que su caridad dará sus frutos y aumentará hasta volverse como una elevada montaña, a condición de que el dinero que ellos gastan provenga de lo lícito (Ĥalâl): 

"Quien da en caridad aunque sea un dátil proveniente de lo lícito, porque Allah no acepta sino lo bueno, Allah lo aceptará en Su mano derecha, y lo nutrirá como cualquiera de vosotros nutriría a su potrillo, hasta que se vuelva como una montaña".[14] 

Para impedir que las personas cierren sus mentes, evitar que dejen de contribuir en la sociedad, y para que el bienestar, la misericordia y la compasión fluyan en sus corazones, el Profeta (B y P) les pidió que den caridad, no importa lo poco que sea. Él les advirtió que no sean tacaños y avaros porque tales actitudes los llevarían al castigo. Él dijo: 

"Protegeos del Fuego, aunque sea dando sólo un dátil (en caridad)".[15] 

Allah quiere que el musulmán sea un elemento bueno, beneficioso y constructivo en su sociedad, siempre dispuesto a beneficiar con su bondad a las personas, sea él rico o pobre. Así el Profeta (B y P) estimuló al musulmán para hacer el bien, según sus posibilidades, y describió que cada buena acción es Sadaqah (caridad): 

"Todo musulmán debe dar caridad". Le preguntaron: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué pasa si no puede hacer eso? Él dijo: "Que se ponga a trabajar con sus manos y así él se beneficiará y podrá dar caridad". Ellos dijeron: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué pasa si no puede hacer eso? Él dijo: "Que ayude a quien está muy necesitado". Le dijeron nuevamente: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué pasa si no puede hacer eso? Él dijo: "Entonces que haga el bien, y se abstenga de hacer el mal, y ese será un acto de caridad de su parte".[16] 

El Islam extendió la bondad para que ésta abarcara a cada musulmán. Así, el que es muy pobre no siente que le niegan la oportunidad de participar en esta bondad social debido a su falta de riqueza. Cada buena acción que él hace es un acto de caridad y será recompensado como lo es el hombre rico cuando gasta en caridad: 

"Toda buena acción es caridad".[17] 

Así el Islam, le garantiza a todos los miembros de la sociedad la participación en la comunidad, sirviéndola y mejorándola. De este modo, todos ellos sentirán que la participación les traerá satisfacción que les devolverá su orgullo y honor, y provocará su recompensa. 

El Islam es realista y amable con los musulmanes. No espera que ellos hagan más de lo que son capaces de realizar, y no les pide que gasten excepto el excedente de sus riquezas. No culpa a aquellos que tienen poco, y prefiere que ellos encuentren sus propios medios para vivir, porque la mano que da es mejor que la mano que recibe. Pero cualquier excedente puede usarse para competir en la generosidad, debido a que el verdadero musulmán no se priva de hacer el bien, porque sabe que en su religión gastar en caridad es bueno y no hacerlo es malo: 

"¡Oh, hijo de Adán! Si gastas el excedente de tu riqueza será un bien para ti, y si no lo haces será en detrimento propio. No hay ningún reproche si te quedas con lo que necesitas. Empieza gastando en caridad con aquellos que están bajo tu  responsabilidad. La mano superior es mejor que la inferior (es decir: es mejor dar que recibir)".[18] 

El verdadero musulmán no se olvida de ser generoso y de dar caridad con el excedente que le queda luego de suplir sus propias necesidades y las de su familia, a pesar que las personas ahorran para evitar la pobreza y ser adinerados. De hecho, el Islam ve a la caridad en tales circunstancias como el mejor tipo de caridad y será el motivo de una gran recompensa, como lo encontramos en el Ĥadîz narrado por Abû Hurairah

Un hombre se acercó al Profeta (B y P) y le preguntó: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Qué tipo de caridad es la mejor? Él dijo: "La caridad que das cuando eres saludable, le temes a la pobreza y ahorras para ser rico. No te demores en dar hasta que estés a punto de morir y digas: Esto es para tal persona y esto otro para tal otra, pues ya pasa a ser propiedad de esas personas".[19] 

El verdadero y generoso musulmán da su caridad sobre todo a aquellos que merecen ayuda. Él busca entre los pobres y destituidos que son demasiado orgullosos como para andar pidiendo algo, y la mayoría de la gente piensa que no necesitan nada. Él va hacia ellos, golpea sus puertas, y les da cualquier cosa que satisfaga sus necesidades y conserve su honor. 

Esa clase de gente pobre debe ser la primera en ser ayudada. Éstos son a los que el Profeta (B y P) se refirió cuando dijo: 

"El hombre pobre no es el que toma un dátil o dos, o un bocado o dos, y luego se marcha. El hombre pobre es el que es demasiado orgulloso como para pedir algo".[20] 

Según un relato citado por Al Bujâri y Muslim, él (B y P) dijo: 

"El hombre pobre no es el que persigue a las personas y se marcha luego de haber recibido un bocado o dos, o un dátil o dos. El hombre pobre es el que no tiene lo suficiente para estar libre de las necesidades, pero no se nota que la caridad deba destinársela a él, pues no le pide a la gente". 

El verdadero y generoso musulmán da caridad sobre todo al huérfano. Él lo cuida de la mejor manera posible, gastando en él y cuidando de sus asuntos, al margen de que el huérfano sea su pariente o no. Él hace todo esto esperando obtener la recompensa que Allah ha preparado para el que cuida a un huérfano, siendo esta una excelente acción. Las personas deberían sacrificar sus vidas para lograrla, y dejar de lado otras esperanzas y ambiciones, ya que cuidar y ocuparse de un huérfano hacen que la persona que lo hace esté cerca del Profeta (B y P) en el Paraíso. Sahl Ibn Sa‘d (R) dijo: 

El Mensajero de Allah (B y P) dijo: "Yo y el que se ocupa de un huérfano estaremos así en el Paraíso". Y unió su dedo índice y su dedo del medio.[21] 

El verdadero musulmán se esfuerza por ayudar a la viuda y al pobre, siguiendo la guía de su religión, buscando obtener la complacencia de su Señor, y anhelando la recompensa que Allah ha prometido por estos actos. La recompensa por ayudar a las viudas y a los pobres es aun mayor que ayunar y estar de pie por la noche rezando, o que luchar en el Yihâd por la causa de Allah, como el Profeta (B y P) dijo: 

"Quien se esfuerza por ayudar a una viuda y a los pobres es como aquel que lucha en el Yihâd por la causa de Allah". Y pienso [dijo el narrador] que también dijo: "Y como el que está de pie por la noche rezando sin descansar y ayuna continuamente sin romper su ayuno".[22] 

De esta manera el musulmán generoso puede gastar su riqueza con la esperanza de obtener la complacencia y la recompensa de Allah. Éstos son hechos virtuosos que traerán al siervo más cerca de su Señor. Esto no incluye las fiestas en que las personas ricas gastan cantidades grandes de dinero con el propósito de tener fama, gloria y algún beneficio mundano. El Profeta (B y P) condenó esos festejos, porque no se hacen por la causa de Allah: 

"¡Qué mala es la comida de una fiesta a la que sólo los ricos son invitados y de la que los pobres son excluidos!"[23] 

Esforzarse por ayudar a viudas y pobres, y cuidar y ocuparse de los huérfanos, no sólo son actos merecedores de una gran recompensa; estas acciones también purifican el alma de quien las hace, refuerzan su humanidad, enternecen su corazón, lo hacen disfrutar de la dulzura de dar y de la compasión, y lo hacen sentir muy feliz por hacer buenos actos. El Profeta (B y P) solía enseñarle esto a la gente de corazón duro, para que sus corazones se ablandaran y se llenaran de misericordia. Abû Hurairah (R) relató que un hombre se había quejado al Profeta (B y P) debido a que tenía un corazón duro, entonces el Mensajero de Allah (B y P) le dijo: 

"Acaricia la cabeza de un huérfano, y alimenta al pobre".[24].


[1] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[2] Transmitido por Al Bujâri y Muslim