El Verdadero Musulmán Se Junta Con La Gente Y Soporta Sus Hostilidades

El musulmán activo se mezcla con las personas y soporta sus hostilidades con paciencia, porque él es un hombre que tiene una misión y un mensaje que transmitir. Quien emprende esta importante misión debe estar preparado y aceptar que tendrá que esforzarse y ser paciente con las extrañas o tontas ideas de la gente, su mal comportamiento, sus sospechas, su naturaleza empedernida, su pereza, su lenta respuesta a la verdad, sus enfoques en sus propios intereses egoístas, y otros asuntos triviales que incomodan al Dâ‘i y que pueden en momentos de irritación o cansancio, aislarlo y alejarlo de la gente. Por eso el Profeta (B y P) buscó fortalecer la resolución de los creyentes y tranquilizarlos, anunciando que aquellos que tienen paciencia mientras transitan el largo y difícil camino de la Da‘uah, son mejores que quienes no tienen paciencia: 

"El creyente que se junta con las personas y soporta sus hostilidades con paciencia es mejor que el que no lo hace".[1] 

El Profeta Muhammad (B y P), y los Profetas anteriores a él, representan el ejemplo supremo de la paciencia (y la perseverancia) ante la malvada actitud, las intrigas y los insultos. El Dâ‘i necesita aferrarse a estos ejemplos cada vez que sienta que su paciencia se está agotando, o cuando está tenso y es víctima de los insultos y de las hostilidades de las personas. 

Un ejemplo de la gran paciencia que tenía el Profeta lo encontramos en un relato transmitido por Al Bujâri y Muslim. En una ocasión el Profeta (B y P) dividió algunos bienes como normalmente lo hacía, pero uno de los Ansâr dijo: Juro por Allah, que esta división no se hizo para complacer a Allah. El Profeta (B y P) oyó estas palabras injustas y se ofendió intensamente por ellas. La expresión de su rostro cambió y se enfadó, entonces dijo: "¡Qué Allah se apiade del Profeta Mûsa! Él sufrió peores insultos que éstos, y los sobrellevó con paciencia". Con estas pocas palabras, el enojo del Profeta disminuyó, y su noble e indulgente corazón fue aliviado. 

Ésta es la actitud de los Profetas y de los sinceros Du‘âh en toda época y lugar: paciencia ante los insultos, las intrigas y los rumores. Sin esta paciencia, la Da‘uah no podría continuar y los Du‘âh no podrían prosperar. 

El verdadero musulmán le habla amable y dócilmente a las personas, es sociable y al mismo tiempo cauteloso de sus inclinaciones malas y sus filosas lenguas. El creyente es inteligente en sus relaciones con las personas y es competente cuando les habla, para que no sientan aspereza o rudeza de su parte. Éste es el ejemplo del Profeta (B y P), como se ve en el relato registrado por el Imâm Al Bujâri de ‘Â'ishah (R): 

Un hombre pidió permiso para entrar y ver al Profeta (B y P), y él dijo: "Dejadlo entrar ¡Qué pésimo hijo de su tribu!". O dijo: "¡Qué pésimo hermano de su tribu!". Cuando el hombre entró, el Profeta (B y P) lo trató amablemente. Yo le dije: ¡Oh, Mensajero de Allah! Tú dijiste tal cosa, pero luego le hablaste amablemente. Él dijo: "¡Oh, ‘Â'ishah! Las peores personas ante Allah son aquellas de las que la gente se aparta o aleja porque temen su manera dura de hablar". 

Abû Ad Dardâ' solía decir: Nosotros le sonreímos a ciertas personas aunque en nuestros corazones las estamos maldiciendo.[2] 

Las personas no siempre serán de la clase que el Dâ‘i quiera sino que pueden ser a menudo de la forma opuesta a la que a él le gusta. Entonces el Dâ‘i siempre debe tener paciencia y tratarlos de una manera sabía para que pueda inclinarlos hacia la Verdad a la que él los está llamando.


[1] Transmitido por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad
[2] Transmitido por Al Bujâri

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