El Verdadero Musulmán Asiste A Los Funerales

El verdadero musulmán asiste a los entierros en su comunidad y acompaña al difunto a la tumba, obedeciendo así la orden del Profeta (B y P): 

"Los derechos que un musulmán tiene sobre su hermano son cinco: Debe devolverle el saludo, visitarlo cuando se enferma, asistir a su funeral, aceptar su invitación, y decirle Iarĥamuka Allah cuando estornuda". 

Él no descuida su deber de promover el verdadero conocimiento Islámico en esas ocasiones donde hay tantas Bida‘ (innovaciones) y los errores prevalecen, como descuidar la oración, lamentarse con gritos, y otras costumbres que pueden impedir a las personas hacer lo que es correcto porque están demasiado preocupados por preparar el cuerpo, acompañarlo a la tumba, y con consolar a la familia. 

Cuando se acerca el momento de la muerte y el musulmán ve que la persona está agonizando, él lo incita a decir el testimonio de fe: ‘No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Allah’, de acuerdo con la enseñanza del Profeta (B y P): 

"Sugeridle a aquellos que están agonizando que digan Lâ ilâha illa Allah".[1] 

Cuando el alma del hombre agonizante se ha ido, el musulmán ora por él como el Profeta (B y P) oró por Abû Salamah cuando murió: 

"¡Oh, Allah! Perdona a Abû Salamah, eleva su rango entre aquellos que son debidamente guiados, concédele una descendencia piadosa, y perdónanos a nosotros y a él. ¡Oh, Señor de los Mundos! Haz su tumba espaciosa e iluminada".[2] 

Luego le dice a su familia algunos Aĥâdîz que los consuele y los regocije, y les explica la virtud de buscar la recompensa de Allah y sobrellevar el dolor con paciencia, ya que los pacientes y perseverantes obtendrán una gran recompensa, como Abû Hurairah lo informó: 

El Profeta (B y P) dijo: "Allah ha dicho: Si tomo el alma de uno de Mis siervos en este mundo, y su ser más allegado lo sobrelleva con paciencia y fortaleza, éste tendrá como recompensa el Paraíso".[3] 

También les recuerda la actitud que los creyentes deben adoptar en el momento de la muerte, según la enseñanza del Profeta (B y P), como lo relató Usâmah Ibn Zaid (R): 

Una de las hijas del Profeta (B y P) envió a una persona para que le informara al Profeta (B y P) que una hija o hijo de ella estaba agonizando. Entonces el Profeta (B y P) le dijo al emisario: "Regresa a ella y dile que lo que Allah toma Le pertenece, y a Él le pertenece lo que Él concede, y Él ha determinado un tiempo para todo. Así que dile que tenga paciencia y que busque la recompensa".[4] 

Otra cosa que el musulmán debe hacer en esas ocasiones tristes es señalar que lamentarse, rasgarse la vestidura, golpearse las mejillas, levantar la voz para decir palabras que hagan llorar a otros, es Ĥarâm. Debe explicarle a la gente, sobre todo a los ignorantes, que todos estos actos lastiman al difunto en su tumba, y que aquellos que los hacen cometen un serio pecado, como el Profeta (B y P) dijo: 

"El difunto sufre en su tumba debido a los lamentos de la gente". Y según otro informe: "Cuando se lamentan por él".[5] 

"No es de nosotros quién golpea sus mejillas, rasga su ropa y sigue las costumbres de la Yâhiliiah (época de la ignorancia)".[6] 

Umm ‘Atiiah Nusaibah (R) dijo: 

Cuando le juramos fidelidad al Profeta (B y P) nos hizo jurar que no nos lamentaríamos con gritos por nuestros muertos.[7] 

El Profeta (B y P) dijo: 

"La mujer que se lamenta con gritos la muerte de un ser querido y no se arrepiente antes de su muerte, será resucitada el Día de la Resurrección llevando una camisa de alquitrán y un vestido mugriento".[8] 

En cuanto a las lágrimas de los ojos, como consecuencia del dolor y la pena en el corazón, no hay ningún reproche para aquellos que lloran mientras no se quejen, griten, o cometan acciones que son Ĥarâm, como se refleja en el Ĥadîz narrado por Ibn ‘Umar (R): 

El Profeta (B y P) visitó a Sa‘d Ibn ‘Ubâdah, acompañado por ‘Abdu Ar Raĥmân Ibn ‘Auf, Sa‘d Ibn Abî Uaqqâs y ‘Abdullah Ibn Mas‘ûd (R). El Profeta (B y P) lloró, y cuando las personas vieron al Mensajero de Allah (B y P) llorar, también lloraron. Él dijo: "¡Escuchad! Allah no castigará a un hombre por las lágrimas que caen de sus ojos o por la pena que siente en su corazón, pero sí lo hará o tal vez se apiadará por lo que diga ésta". Y apuntó a su lengua.[9] 

Usâmah Ibn Zaid (R) dijo: 

El hijo de la hija del Profeta fue alzado por él. El niño estaba a punto de morir, y los ojos del Profeta lagrimearon. Sa‘d le dijo: ¿Qué es esto? ¡Oh, Mensajero de Allah! Él le respondió: "Esto es misericordia que Allah ha puesto en los corazones de Sus siervos, y Allah será misericordioso con aquellos de entre Sus siervos que sean compasivos"." 

Anas (R) dijo: 

El Profeta (B y P) entró mientras su hijo Ibrâhîm estaba agonizando. Las lágrimas empezaron a brotar de los ojos del Profeta. ‘Abd Ar Raĥmân Ibn ‘Auf le dijo: ¿Tú también lloras? ¡Oh, Mensajero de Allah? Él dijo: "¡Oh, Ibn ‘Auf! Esto es la compasión". Luego lloró un poco más y dijo: "Por cierto que los ojos derraman las lágrimas y el corazón siente pena, pero nosotros sólo decimos lo que Le complace a nuestro Señor. Y de verdad que nosotros nos afligimos profundamente por tu partida, ¡Oh, Ibrâhîm!"[10] 

El verdadero musulmán cuida de quedarse hasta que el difunto sea enterrado, porque esto le hará merecedor de una gran recompensa, como lo describió el Profeta (B y P): 

"Quienquiera que asista a un funeral hasta que sea realizada la oración por el difunto obtendrá un premio equivalente a un Qîrât. Y aquel que se quede hasta que el difunto sea enterrado obtendrá la recompensa de dos Qîrât". Fue preguntado: ¿Qué son dos Qîrât? Él dijo: "Son como dos enormes montañas".[11] 

El Islam estimula a que los musulmanes asistan a los funerales hasta que el difunto sea enterrado, porque ello sirve para reforzar los lazos de hermandad y ahondar los sentimientos de lealtad entre ellos. A través de su participación la familia apenada se conforta, se consuela, y ello le ayuda a sobrellevar su pérdida con paciencia, sobre todo cuando ellos recuerdan que el grupo de hermanos que oran por su amado intercederá por él, como el Profeta (B y P) dijo: 

"Si un musulmán muere y cuarenta hombres que no asocian nada con Allah oran por él, Allah los aceptará como intercesores por él".[12] 

El musulmán debe saber como realizar la oración del Yanâzah, y debe memorizar el Du‘â' que se ha transmitido del Profeta (B y P). Cuando el difunto ha sido ubicado ante la congregación y los musulmanes han formado las filas para orar por el difunto, el Imâm dice la primera Takbîrah (es decir, dice Allahu Akbar), luego busca el refugio de Allah y recita Sûrah Al Fâtiĥah. Luego dice la segunda Takbîrah y recita el Salauât Al Ibrâhîmiiah. Luego dice la tercera Takbîrah y ruega por el difunto y por los musulmanes. Uno de los relatos más auténticos relatado por ‘Auf Ibn Mâlik del Profeta (B y P) dice: 

El Profeta (B y P) oró por alguien que se había muerto, y yo memoricé su Du‘â': "¡Oh, Allah! Perdónalo, ten misericordia de él, otórgale paz y absuélvelo. Recíbelo con honor (en el Paraíso) y haz su tumba espaciosa. Límpiale las faltas como se limpia un vestido blanco de las impurezas. Otórgale una morada mejor que la que tenía, una familia mejor que su familia, y una compañera mejor que su compañera. Admítelo en el Paraíso, y protégelo del tormento de la tumba y el castigo del Fuego". ‘Auf Ibn Mâlik dijo: Me hubiese gustado ser esa persona que fue favorecida con la súplica del Profeta (B y P).[13] 

Luego el Imâm dice la cuarta Takbîrah y recita el siguiente Du‘â'

"¡Oh, Allah! No nos niegues este premio, no permitas que nos desviemos después de su muerte, y perdónanos a nosotros y a él". 

Luego finaliza la oración con el Taslîm

El musulmán debe caminar con la comitiva hasta que el difunto sea puesto en la tumba. Luego, cuando el entierro haya finalizado, debe pedir perdón por el difunto y rogar para que tenga la firmeza para contestar las preguntas que los Ángeles le hacen  en la tumba. Esto es lo que el Profeta (B y P) solía hacer y recomendaba a otros para que también lo hagan, como ‘Uzmân Ibn ‘Affân (R) relató: 

Cuando el Profeta (B y P) terminaba de enterrar al difunto, se ponía de pie y decía: "Pedid perdón por vuestro hermano y suplicad para que tenga entereza para contestar las preguntas de los Ángeles, pues ahora está siendo cuestionado".[14] 

‘Amr Ibn Al ‘Âs dijo: Cuando muera quedaos alrededor de mi tumba el tiempo que se tarda en sacrificar un camello y distribuir su carne, para que yo pueda beneficiarme de vuestra compañía y pueda responder correctamente a los enviados (los Ángeles) de mi Señor.[15] 

Ash Shâfi‘i dijo: ‘Se recomienda leer algo del Corán cerca de la tumba, y es bueno si completan la recitación de todo el Corán’. 

La participación del musulmán en estas ocasiones es una demostración de que entiende sus responsabilidades sociales en todas sus dimensiones. La vida no es sólo alegría, más bien es alegría y dolor, felicidad y pesar, facilidad y dificultad, risa y lágrimas. El verdadero musulmán tiene un papel para jugar en todos estos casos. Él no descuida ningún aspecto de la vida, porque en todas las ocasiones él tiene un mensaje que transmitir, una palabra para decir y un deber que cumplir.


[1] Transmitido por Muslim
[2] Transmitido por Muslim
[3] Transmitido por Al Bujâri
[4] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[5] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[6] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[7] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[8] Transmitido por Muslim
[9] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[10] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[11] Transmitido por Al Bujâri y Muslim
[12] Transmitido por Muslim
[13] Transmitido por Muslim
[14] Transmitido por Abû Daûd con un Isnâd Ĥasan
[15] Transmitido por Muslim

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