La Verdadera Musulmana Tiene Una Buena Actitud Hacia Los Demás Y Los Trata De Buena Manera

Introducción

    En cuanto a las obligaciones islámicas, la musulmana es exactamente como el hombre: ella tiene una misión en la vida, por eso se le exige que sea efectiva, activa, y sociable en tanto se lo permitan sus circunstancias particulares y capacidades, mezclándose con otras mujeres tanto como pueda y tratándolas de acuerdo a las dignas actitudes y comportamiento que la distinguen de otras mujeres.

   Donde quiera que se encuentre, la mujer musulmana tiene que ser un faro de guía, y una fuente positiva de corrección y educación, a través de sus palabras y de sus hechos.

   La musulmana verdaderamente guiada por el Corán y la Sunnah tiene una personalidad social refinada que la califica para llevar a cabo su deber de invitar a otras mujeres al Islam, abriendo sus corazones y sus mentes a la conducta de esta gran religión que elevó la condición de las mujeres a un destacable plano prematuro en su historia y les proporcionó una vasta gama de las mejores características, definidas en el Corán y la Sunnah. El Islam ha hecho de la adquisición de estas cualidades un deber religioso por el cual una persona será recompensada y será llamada a rendir cuentas si fracasa en alcanzarlas. Estos textos tuvieron éxito en hacer de la personalidad de la mujer que es sincera con Allah  un brillante ejemplo de decencia, castidad, cortesía, temor de Dios, refinamiento y sociabilidad.

   La musulmana que comprende las enseñanzas del Islam resalta en todas las reuniones de mujeres a las que asiste, así como manifiesta los verdaderos valores de su religión y la aplicación práctica de estos valores, alcanzando estos dignos atributos. La composición de su notable carácter social representa un enorme depósito de estos valores islámicos que pueden ser observados en su conducta social y en su trato con otra gente. De esta pura y rica fuente, la musulmana deriva sus propias costumbres, hábitos y modos de tratar a otra gente, y también purifica su alma y forma su propia personalidad social musulmana.

Ella tiene una buena actitud hacia los demás y los trata de buena manera

    La musulmana es de carácter bueno, noble, amigable, humilde, de diálogo gentil y con tacto. Ella quiere a otras personas, y a su vez es querida por ellas. Al hacer esto, está siguiendo el ejemplo del Profeta quien como relató su siervo Anas  era "La mejor de las personas en cuanto a su actitud para con los otros".[1]

   Anas vio más que ninguna otra persona la benévola actitud del Profeta, y dio testimonio de las buenas actitudes que él poseía, y que nadie podía imaginar que existieran en un ser humano. Él nos mencionó un aspecto de estas nobles actitudes del Profeta :

"Serví al Mensajero de Allah durante diez años, y jamás me dijo 'uf' (la menor expresión de desprecio o enojo). Si hacía algo, él nunca me decía: '¿Por qué estás haciendo esto?' Y si no hacía nada, nunca me decía: '¿Por qué no haces tal y tal cosa?'"[2]

El Profeta era la persona de mejor carácter, tal como dice Allah :

[Ciertamente eres de una naturaleza y una moral grandiosa.] (68:4)

    Él repetidamente hablaba a sus Sahâbah del efecto que una buena actitud tendría en formar la personalidad islámica, al elevar la condición de una persona ante la vista de Allah y de las demás personas. Él les decía:

"Entre los mejores de vosotros están aquellos que tienen la mejor de las actitudes  (para con los demás)".[3]

"Los más queridos y cercanos a mí en el Día de la Resurrección serán aquellos de vosotros que tengan las mejores actitudes. Y los más despreciables y alejados de mí en el Día de la Resurrección serán los charlatanes, los presumidos y los presuntuosos". Los Sahâbah dijeron: "Mensajero de Allah, nosotros sabemos quienes son los charlatanes y los presumidos, pero ¿quiénes son los presuntuosos?". Él dijo: "Los orgullosos y arrogantes".[4]

   Los Sahâbah, solían escuchar las nobles enseñanzas morales del Profeta, y veían con sus propios ojos el excelente modo en que él acostumbraba tratar a la gente. Por eso obedecían sus palabras y seguían su ejemplo. De esa manera fue establecida su sociedad, jamás igualada por ninguna otra en la historia de la humanidad. Anas dijo al respecto:

"El Profeta era misericordioso. Nadie venía a él sin recibir una promesa de ayuda que él cumpliría si tenía los medios necesarios para hacerlo. En cierta ocasión, ya se había pronunciado la iqâmah para la oración cuando un beduino se presentó ante él, lo tomó de su manto, y le dijo: 'Todavía tengo un asunto pendiente, y no quiero olvidarlo'. Entonces el Profeta fue hacia él y resolvió el asunto, luego regresó e hizo la oración".[5]

    El Profeta no vio nada malo en escuchar al beduino y resolver su problema, a pesar de que la iqâmah ya había sido pronunciada. Tampoco se perturbó cuando este hombre lo agarró de su manto, ni objetó nada en resolver el asunto poco antes de la oración, porque estaba edificando una sociedad justa, enseñando a los musulmanes con su ejemplo cómo debían tratar a sus hermanos, y mostrándoles los principios morales que debían prevalecer en una comunidad islámica.

    Si los buenos modales y la buena disposición entre los no musulmanes son el resultado de una buena crianza y una sólida educación, entonces entre los musulmanes dichas buenas actitudes provienen por encima de todo de la guía del Islam que hace de las buenas actitudes una característica básica del musulmán, que elevará su condición en este mundo y pesará fuertemente a su favor en la vida futura. Ninguna acción contará más el Día del Juicio que la buena disposición o actitud de un hombre, según lo que dijo el Profeta :

"Nada pesará más fuertemente en la balanza del siervo creyente en el Día de la Resurrección que una buena actitud (hacia los demás). Ciertamente Allah aborrece a quienes pronuncian palabras groseras y son de habla obscena".[6]

     El Islam ha hecho de esta buena disposición hacia los demás una parte esencial de la fe. Los que tienen la mejor disposición hacia los demás son los más completos en cuanto a fe, como dijo el Profeta:

"El creyente más perfecto en su fe es aquel que tiene la mejor disposición hacia los demás".[7]

   El Islam también describe a quienes tienen la mejor disposición hacia los otros como las personas más amadas por Allah de entre Sus siervos. Esto puede ser comprobado en el Hadîz de Usâmah Ibn Shuraik, quien dijo:

"Estábamos sentados junto al Profeta como si hubiera pájaros sobre nuestras cabezas; ninguno de nosotros hablaba. Algunas personas se presentaron ante él y le preguntaron: '¿Quién es el siervo más amado por Allah ?’ Él dijo: 'Aquellos que tienen la mejor disposición hacia los demás'".[8]

  No constituye sorpresa alguna que la persona de mejor disposición o actitud hacia los demás sea, también, la más amada por Allah , porque el buen trato dispensado a otras personas es un rasgo importante del Derecho Islámico. De hecho es el acto más significativo que puede ser colocado en la balanza del musulmán en el Día del Juicio, como hemos visto. Es equivalente a la oración y al ayuno, los dos fundamentos del Islam, como dijo el Profeta :

"No habrá obra más pesada que sea colocada en la balanza que una buena actitud hacia los demás. Una buena actitud hacia los demás llevará a una persona hasta el nivel del ayuno y la plegaria".[9] De acuerdo a otro relato, él dijo: "Por la virtud de su buena actitud hacia los demás, una persona podrá alcanzar el nivel de alguien que habitualmente ayuna (durante el día) y permanece en oración (durante la noche)".

    Por eso, el Profeta repetidamente enfatizó la importancia de una buena actitud y alentó a sus compañeros a adoptarla, utilizando diversos métodos para infundirla en sus corazones mediante sus palabras y sus actos. Él comprendió el gran impacto que esta buena actitud tendría en purificar sus almas y realzar tanto su moral como sus modales. Por ejemplo, él le dijo a Abû Dharr lo siguiente:

"Abû Dharr ¿No te mencioné dos cualidades que son fáciles de lograr, y que pesarán muy fuertemente en la balanza?" Él dijo: "Por supuesto, Mensajero de Allah". Él dijo: "Debes tener una buena actitud hacia los demás y permanecer en silencio por períodos prolongados. Por Aquel en Cuyas manos está mi alma, nada de lo que la gente pueda lograr es mejor que estas dos cualidades".[10]

Y él dijo:

"Una buena actitud es una bendición y una mala actitud es una calamidad. La piedad (birr) prolonga la vida, y la caridad previene una mala muerte".[11]

Uno de sus ad‘iah dice:

"Allahumma ahsanta jalqi fa ahsin juluqi (¡Oh, Allah! Tú has hecho buena mi constitución física, por eso haz también buenos mi actitud y mi comportamiento)".[12]

    La oración del Profeta pidiendo a Allah que vuelva su actitud buena cuando Allah lo describió en el Corán [Ciertamente eres de una naturaleza y una moral grandiosa.] (68:4) es una clara señal de su profundo interés y su ferviente deseo de que los musulmanes continuaran la búsqueda del perfeccionamiento de sus buenas actitudes sin importar que niveles hubieran ya logrado, así como su Profeta  buscó perfeccionarse en las buenas actitudes a través de sus ad‘iah.

Las "buenas actitudes" es un término comprensivo que abarca todas las buenas características que el ser humano pueda adquirir, tales como la modestia, la paciencia, la benevolencia, el perdón, la tolerancia, la jovialidad, la confianza, la veracidad, la sinceridad, la franqueza, la pureza de corazón, etc..

   La persona que se empeñe en explorar las enseñanzas islámicas sobre los temas sociales se encontrará a sí misma confrontada con un sin número de enseñanzas que estimulan cada una de estas nobles actitudes. Esto es una señal del intenso interés que el Islam pone en formar la personalidad social de la musulmana de la manera más precisa. Por eso no se detiene en mencionar generalidades solamente sino que también trata cada tema moral menor que puede formar los aspectos individuales de una personalidad social integrada. Esta consciencia no existe en otros sistemas sociales diferentes al Islam.

    El investigador que emprende la tarea de explorar el carácter de la musulmana no tiene otra alternativa más que examinar todos estos textos y comprender la guía y la legislación contenidas en los mismos. Sólo entonces será capaz de comprender en su totalidad la noble personalidad social distintiva del verdadero musulmán, sea hombre o mujer.


[1]  Al Bujâri y Muslim. Ver Sharh As Sunnah 13/125, Kitâb al fadâ'il, bâb husn juluqihi.
[2]  Al Bujâri y Muslim. Ver Riâd As Salihîn, 336, Bâb husn al juluq.
[3]  Fath Al Bâri', 10/456, Kitâb al adab, bâb husn al juluq; Sahîh Muslim, 15/78, Kitâb al fadâ'il bâb kazrah haiâ'ihi.
[4]  Relatado por At Tirmidhi, 4/249, en Abuâb al birr, 70. Él dijo que es un Hadîz hasan.
[5]  Relatado por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad, 1/375, Bâb sajâuah an nafs.
[6]  Relatado por At Tirmidhi 3/244, en Abuâb al birr, bâb husn al juluq. Él dijo que es un Hadîz hasan sahîh.
[7]  Relatado por At Tirmidhi, 2/315, en Abuâb al ridâ‘, 11. Él dijo que es un Hadîz hasan sahîh.
[8]  Relatado por At Tabarâni en Al Kabîr, 1/181, 183. Los hombres de su isnâd son Riyâl as sahîh.
[9]  Relatado por At Tirmidhi, 3/245, en Abuâb al birr ua as silah, 61. Los hombres de su isnâd son ziqât.
[10] Relatado por Abû Ia‘la y At Tabarâni en Al Ausat, los hombres de Abû Ia‘la son ziqât. Ver Mayma‘ Az Zauâ'id, 8/22.
[11]  Relatado por Ahmad, 3/502; sus hombres son ziqât.
[12]  Relatado por Ahmad, 1/403; sus hombres son riyâl as sahîh.

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