Quien De Vosotros Vea Algo Aborrecible Que Lo Cambie…

 
Aba Sa'id Al Judri relató que escuchó al Mensajero de Allah decir: "Quien de vosotros vea algo aborrecible que lo cambie con su mano, si no puede hacerlo así que lo cambie con su lengua, y si tampoco puede de esa manera que lo cambie con su corazón, y esto es lo más débil de la fe".[1]
 
Este hadiz declara que es un deber del musulmán cambiar, según sus posibilidades, los actos reprobables, y que la mínima forma de condenarlos es con el corazón. Este hadiz es una de las pruebas básicas que indican ordenar el bien y prohibir el mal.

La posibilidad de cambiar los actos reprobables usando la mano o la lengua depende del poder que tenga la persona, su posición, coraje y fortaleza. En cambio, repudiarlo con el corazón no requiere tales condiciones, sólo hay que tener fe. Ibn Mas'úd dijo: "Llegará un tiempo en el que el musulmán que vea un acto detestable no podrá hacer nada al respecto salvo tener la tranquilidad de que Allah sabe que él lo rechaza en su corazón".

Al 'Urs Ibn 'Umairah narró que el Profeta dijo: "Cuando un pecado es realizado en la Tierra, aquel que lo ve y lo rechaza es como el que está ausente en ese lugar. En cambio, quien no lo presencia pero lo acepta es como haberlo observado (sin hacer nada al respecto".[2]

Esto significa que si una persona presencia un acto prohibido y no puede cambiarlo con su mano ni con su lengua, pero lo condena con su corazón, Allah considerará como si él no hubiese estado presente cuando se realizó dicho acto. Contrariamente, la persona que está ausente y no lo presencia, pero lo aprueba al enterarse del mismo, es considerada por Allah como si lo hubiera presenciado y, a pesar de haber podido cambiarlo, no hizo nada al respecto. Aceptar los pecados es una de las más grandes faltas que conllevan a que la persona pierda el rechazo por lo prohibido en el corazón.

'Adi Ibn 'Umairah narró que escuchó al Mensajera de Allah decir: "Allah no castiga a toda una comunidad por los malos actos de un grupo pequeño, a menos que ellos den testimonio de esos hechos abominables cuando se realizan y no los condenen pudiendo hacerlo. En este caso, Allah castiga al grupo pequeño, así como al resto de esa comunidad".[3]

Abú Sa'id Al Judri narró que el Profeta dijo: "No debéis condenaros a vosotros mismos." Los compañeros del Profeta preguntaron: ¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Cómo podemos condenarnos a nosotros mismos? Él respondió: "Quien presencie un hecho en el que debe decir una palabra para corregirlo y no diga nada, entonces en el Día de la Resurrección Allah le dirá: ¿Qué fue lo que te impidió decir una palabra en tal situación? La persona contestará: El temor a la gente. Y Allah le dirá: ¡A Mí era a Quien debías temer!"[4]

Encomendar el bien y condenar las malas acciones de los gobernantes no es una tarea fácil. Cambiar los hechos censurables de los gobernantes con la mano no significa que haya que combatirlos con la espada. Esto puede incluir eliminar las cosas reprobables que hayan insertado en la comunidad, como por ejemplo tirar las bebidas alcohólicas y destruir los medios que las proporcionan; también, demoler los instrumentos que se utilicen para los entretenimientos ilegales. Todo esto es permisible, pero no implica combatirlos con las armas, ni sublevarse, puesto que ello puede producir más daño que el existente. En este caso, se debe abstener de condenar a los gobernantes públicamente y sólo se los debe censurar en el corazón.

¿Es deber del musulmán condenar los hechos aborrecibles de una persona que no acepta ningún consejo?

La mayoría de los sabios opinan que es deber hacerlo, obedeciendo así la orden de Allah y Su Mensajero , independientemente de la respuesta a los consejos. La prueba es que Allah dice: (Y un grupo de hombres justos de entre ellos [que no habían transgredido el sábado] preguntaron a quienes exhortaban al bien: ¿Por qué exhortáis a un pueblo al que Allah aniquilará o castigará duramente? Respondieron: Para que nuestro Señor no nos castigue por no haber ordenado el bien y también para que dejen [de pescar los días sábados].) (7: 164)

No obstante hay evidencias de que condenar los hechos censurables y ordenar los buenos actos, dejan de considerarse como un deber, cuando las personas ni los aceptan ni se benefician en absoluto de ello.

Abú Za'labah Al Jushani narró que fue preguntado: ¿Cómo interpretas la aleya? (¡Oh, creyentes! Velad por vuestras propias almas. Quien se desvíe no podrá perjudicaros, si estáis encaminadas. A Allah volveréis todos vosotros, y Él os informará de lo que hacíais.) (5:105)? Y respondió: Juro por Allah que le pregunté su interpretación al Mensajero de Allah y me dijo: "Ordenad el bien y prohibid el mal, pero si veis a la gente obedeciendo a su codicia, siguiendo sus pasiones, prefiriendo la vida de este mundo en vez de la otra y orgullosos de sus propias opiniones, entonces cuidad de vosotros mismos (realizando buenos actos y absteniéndoos de los malos) y dejad a los demás".[5]

" ... y esto es lo más débil de la fe" Significa que condenar los malos actos con el corazón es lo más débil de la fe. Ésta es una evidencia de que conde­nar los hechos censurables es una de las características de la fe; y que tener una de las particula­ridades de la fe es mejor que no tenerla.

Es importante recalcar que "Quien de vosotros vea algo aborrecible..." significa que para cambiar algo malo hay que presenciarlo, y que a la persona no se le ordena investigar la vida privada de los otros, ya que Allah ha prohibido espiar a los musulmanes.

Los hechos aborrecibles que deben condenarse, son aquellos que los sabios están unánimemente de acuerdo que son censurables. En cambio, cuando hay discrepancia sobre si es un hecho censurable o no, es mejor abstenerse de condenarlos.

Hay muchas razones que motivan a ordenar el bien y prohibir el mal, entre ellas:

Buscar la recompensa de Allah , temer Su castigo si no se lo hace, enojarse por la causa de Allah debido a la violación de Sus prohibiciones, aconsejar a los musulmanes para ayudarles a evi­tar el enojo de Allah y Su castigo, tanto en esta vida como en la otra, también el amor y engrandecimiento a Allah, Quien verdaderamente merece ser recordado, obedecido y alabado.

La persona que ordena realizar buenas acciones y prohíbe el mal, debe ser amable, justa y conocedora de los veredictos legales del Islam.


[1] Muslim (49), Ahmad 3/10, 20, 49 y 50.
[2] Abú Dáud (4345).
[3] Ahmad 4/192.
[4] Ahmad 3/30,47 y 73.
[5] Abú Dáud (4341). Ibn Máyah (4014), At Tirmidhi (3058).
Ibn Rayab Al Hanbali
Traducción: Sirhan Ali Sanchez

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