La Verdadera Musulmana Es Generosa Y Honra A Sus Hermanas

La musulmana que comprende las enseñanzas de su religión es generosa y se da libremente a sus amigas y hermanas. Su acercamiento es amigable y sincero cuando las invita, les da la bienvenida calurosamente, y les ofrece comida generosamente.

    Las reuniones de amigas entorno a la comida fortalecen los lazos de hermandad y amistad entre hermanas musulmanas, llenando sus vidas con nobles emociones humanas, emociones que han sido perdidas por la mujer  educada en una cultura materialista, llena de espíritu de oportunista, mezquindad e individualismo. La mujer occidental está sufriendo un vacío espiritual y una aridez emocional que le causa un sentimiento de privación de la verdadera amistad y de los amigos sinceros. Esta es la situación de las sociedades materialistas. Sin embargo, estas mujeres compensan esta carencia dedicándose al cuidado de sus perros para suplir la falta del calor emocional humano debido a su filosofía materialista. Un informe francés revela que hay siete millones de perros en Francia, un país cuya población es de 52 millones de habitantes. Estos perros, viven con sus dueños como si fueran un miembro más de la familia. Hoy en día ya no constituye algo extraño ver a un perro y a su dueño comiendo juntos en la misma mesa de un restaurante francés. Cuando a un funcionario de la Sociedad Protectora de Animales de París le fue preguntado: "¿Por qué los franceses tratan a sus perros como se tratan a sí mismos?", él respondió: "Porque quieren a alguien a quien amar y no encuentran a ninguna persona".43

    El hombre materialista, sea en Occidente o en Oriente, ya no puede encontrar en su propia sociedad a un verdadero y sincero amigo en quien confiar. Por eso se vuelve hacia estos animales en quienes encuentra más bondad y fidelidad que en la gente que lo rodea. ¿Puede degradarse emocionalmente aún más el hombre cuando ha perdido la bendición de la fe y la guía llegando a este extremado amor por los animales?

     La degradación emocional que están sufriendo las sociedades materialistas, y por la cual se apagaron los sentimientos humanos en sus almas, es una de las primeras cuestiones que llaman la atención de los escritores árabes emigrantes, tanto musulmanes como no musulmanes. Ellos se dan cuenta de que el modo de vida materialista ha sobrecogido a las sociedades occidentales transformando a los hombres en máquinas. Así, los hombres, no conocen nada más en la vida que trabajo, productividad y competición feroz, mientras desconocen lo que es sonreír cordialmente a un amigo. Ellos están agobiados por la prisa y las aglomeraciones de esta existencia a modo de máquina. Al ver toda esta situación, estos escritores árabes que crecieron en el mundo islámico, respiraron su espíritu de tolerancia, y cuyos corazones fueron colmados de amor fraternal, se sienten alarmados. Por eso, comenzaron a invitar seriamente a los occidentales hacia los valores del amor y la hermandad. Uno de ellos fue Nasîb ‘Arîdah, quien levantó el estandarte de esta llamada tan humana al hombre materialista, cegado y ensordecido por el bramar de las maquinarias: "Amigo mío, compañero mío, colega mío, mi amor por ti no es por curiosidad ni por un deseo de aprovecharme de ti. Contéstame con las palabras: '¡Hermano mío!' ¡Amigo mío! Y repítelas, porque éstas son las palabras más dulces. Si deseas caminar sólo, o si te cansas de mí, entonces sigue adelante pero seguirás escuchando mi voz llamándote: 'Hermano mío', portando el mensaje y el eco de mi amor que te alcanzará donde quiera que te encuentres, y así comprenderás su belleza y su gloria".44

    La carga de la vida materialista en Occidente se volvió algo demasiado pesado de soportar para Iûsuf As‘ad Gânim, quien no pudo permanecer más tiempo en esta vida cargada de problemas y sumida en el océano del materialismo. Este escritor estuvo carente del aire fresco de la espiritualidad, la hermandad y el afecto, por eso comenzó a añorar los países árabes del mundo islámico, las tierras de la profecía y la espiritualidad, el hogar del amor, la hermandad y la pureza. Anheló poder vivir en una tienda árabe, y dejar atrás al mundo civilizado con todos sus ruidos y luces deslumbrantes: "Si tuviera que vivir una vida corta en cualquier tierra árabe, estaría agradecido a Allah  por una vida corta pero rica en un mundo donde Él (Allah) es amado en los corazones de su gente. Me siento tan cansado de Occidente, que el cansancio en sí me aburre. ¡Llevaos vuestros autos y vuestros aviones y dadme un camello y un caballo! Quitadme el mundo Occidental, su tierra, su mar y cielo, y dadme una tienda árabe para montar en una de las montañas de mi tierra natal, Líbano, o en las orillas del Barada, o en las orillas del Tigris y el Eufrates, en los suburbios de ‘Ammân, en los desiertos de Arabia Saudita, en las regiones desconocidas del Yemen, en las laderas de las pirámides, en los oasis de Libia... Dadme una tienda árabe, y yo la sopesaré junto con el mundo entero y saldrá triunfante...".45

   El mismo tono es compartido por muchas composiciones de escritores árabes emigrados, pero me es suficiente dar sólo unos pocos ejemplos en este espacio. Todos sus escritos expresan la añoranza por la riqueza emocional que perdieron cuando se fueron a Occidente, una experiencia que despierta en ellos sentimientos de anhelo por Oriente, donde el Islam diseminó el amor, la hermandad, el afecto mutuo, y la solidaridad.

   El Islam sembró las semillas del amor y la hermandad en las almas de sus seguidores y los estimuló a hacer amigos e intercambiar invitaciones y visitas. Aquellos que invitan a otras personas a esta clase de reuniones fueron descritos como los mejores entre la gente:

"El mejor de vosotros es quien ofrece comida espontáneamente y devuelve el saludo del salâm".46

   El Profeta  dio buenas nuevas a quienes son generosos, hombres y mujeres por igual, ya que ellos estarán entre quienes entrarán al Paraíso en paz:

"Extended el salâm, ofreced comida generosamente, sostened los vínculos de parentesco, permaneced en oración durante la noche cuando la gente esté durmiendo, y entraréis al Paraíso en paz".47

    El Profeta favorecería aún más a esta gente generosa con la promesa de otorgarles recámaras especiales en el Paraíso.

"En el Paraíso existen aposentos cuyo exterior puede ser visto desde el interior y cuyo interior puede ser visto desde el exterior. Allah los ha preparado para quienes den de comer a otros generosamente, sean de habla cortés, ayunen frecuentemente, y permanezcan en oración durante la noche, cuando la gente está durmiendo".48.


43 Profesor Uahîd Ad Dîn Jân, Uuyûb tatbîq ash sharî‘ah al islâmiiah fi kulli zamân ua makân ("La necesidad de aplicar la Sharî‘ah islámica en todo tiempo y lugar), en Al Muytama‘, Nº 325, Kuwait, 24 Dhû Al Qa‘dah 1396/16 Noviembre de 1976
44  Dîuân al aruâh al hâ'irah, qism an naz‘ah al insâniiah.
45  Ver ‘Îsa An Nâ‘ûri, Adab al mahyar, Dâr Al Ma‘ârif bi Misr, p. 527
46  Hadîz hasan narrado por Ahmad, 6/16.
47  Hadîz sahîh narrado por Ahmad, 2/295, y Al Hâkim 4/129, Kitâb al atimah,
48  Hadîz hasan narrado por Ahmad, 5/343 e Ibn Hibbân, 2/262, Kitâb al birr ua al ihsân, bâb ifshâ' as salâm ua it‘âm at ta‘âm.

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