La Verdadera Musulmana Demuestra Su Amor Y Su Afecto Hacia Sus Hijos

La musulmana no ignora el hecho de que sus hijos necesitan su cálido regazo, su profundo amor, y sincero afecto para desarrollarse saludablemente, sin ningún problema psicológico, crisis o complejo. Esta educación íntegra los llenará de optimismo, confianza, esperanza y ambición. De esta manera, la madre musulmana cautelosa manifiesta su amor y afecto por sus hijos en todo momento, colmando sus vidas con alegría y felicidad, y llenando sus corazones de confianza y seguridad.

     La verdadera musulmana es compasiva con sus hijos, al ser la compasión una característica islámica principal que el Profeta  alentó de palabra y de hecho, como Anas  nos relató:

"Yo jamás vi a alguien más compasivo hacia los niños que el Mensajero de Allah . Su hijo Ibrâhîm estaba bajo el cuidado de una nodriza en las colinas circundantes a Al Madînah. Él iba allí, y nosotros íbamos con él. Entraba a la casa, recogía a su hijo y lo besaba, luego regresaba".4

La compasión y el amor del Profeta por los niños musulmanes incluía a los más pequeños. Él los colmaba con su compasión y afecto. Anas relató que cuando el Profeta pasaba cerca de un grupo de niños, les sonreía cariñosamente y los saludaba.5

    Un ejemplo de la perdurable sabiduría del Profeta en lo referente a la crianza de los hijos es el Hadîz:

"No es uno de nosotros quién no demuestre compasión hacia nuestros pequeños, y no reconozca los derechos de nuestros mayores".6

Abû Hurairah narró que el Profeta besó a Al Hasan Ibn ‘Ali. Al Aqra‘ Ibn Hâbis entonces le dijo: "Yo tengo diez niños y nunca he besado a ninguno de ellos". El Profeta le dijo: "A quien no muestre misericordia, no se le mostrará misericordia".7

    El Profeta , gran educador, siempre procuraba infundir la cualidad de la misericordia y la compasión en los corazones de la gente. Y despertaba su potencial, para el amor y el afecto, las características humanas más básicas.

Un día se presentó un beduino y le preguntó al Profeta : "¿Tú besas a tus hijos? Nosotros no lo hacemos". El Profeta contestó: "¿Qué puedo hacer por ti, si Allah  ha quitado la misericordia de tu corazón?".8

Â'ishah relató:

"Cuando timah entraba en el cuarto, el Profeta se levantaba, le daba la bienvenida, la besaba y le ofrecía su asiento; y cuando él entraba en el cuarto, ella se levantaba, tomaba su mano, le daba la bienvenida, lo besaba y le ofrecía su asiento. Cuando ella lo vino a ver durante su enfermedad terminal, él le dio la bienvenida y la besó".9

    El Profeta elogió a las mujeres de Quraish porque eran las mujeres más compasivas con sus hijos, las más preocupadas en criarlos adecuadamente y hacer sacrificios por ellos, aparte de cuidar bien a sus maridos. Esto se puede ver en las palabras narradas por Al Bujâri, provenientes de Abû Hurairah , quien dijo:

"Escuché al Mensajero de Allah decir: ‘Las mujeres de Quraish son las mejores mujeres en montar camellos. Ellas son compasivas para con sus hijos y son las más cuidadosas en lo que respecta a la riqueza de sus maridos’".10

    A la luz de esta guía, la fiel musulmana no puede ser rigurosa con sus hijos y tratarlos de manera ruda ni vulgar, aunque su naturaleza sea desagradable y reservada, ya que esta religión, con su esclarecimiento y dirección, suaviza los corazones y despierta sentimientos de amor y afecto. Por eso, nuestros hijos son una parte de nosotros saliendo al mundo, tal como lo dijo el poeta Hittân Ibn Al Mu‘alla:

    "Nuestros hijos son nuestros corazones, caminando entre nosotros, sobre la faz de la tierra. Si una pequeña brisa los rozara, no podríamos dormir preocupándonos por ellos".11

   Los padres deben llenarse de amor, afecto, y cuidado, predisponiéndose a realizar sacrificios para dar lo mejor de sí mismos a sus hijos.

   Sin lugar a dudas, el caudal de emoción que la madre musulmana siente por sus hijos es uno de los grandes motivos de su felicidad en esta vida. Esto es algo que se ha perdido en las mujeres del mundo occidental, agobiadas por el materialismo y exhaustas por el diario agotamiento del trabajo que les ha causado la pérdida del calor de los sentimientos familiares. Esto fue algo vívidamente expresado por la señora Salma Al Huffâr, miembro del movimiento de mujeres de Siria, después de haber visitado los Estados Unidos:

   "Es verdaderamente una vergüenza que las mujeres pierdan la más preciada cosa que la naturaleza12 les ha concedido, es decir su feminidad, y luego su felicidad, debido al constante ciclo de trabajo agotador que les causa la pérdida del pequeño paraíso, el refugio natural de las mujeres y los hombres por igual, que sólo puede florecer bajo el cuidado de una madre, que permanece en su hogar. La felicidad de los individuos y de la sociedad en su totalidad se encuentra en el hogar, en el regazo de la familia. La familia es la fuente de inspiración, bondad y creatividad".13.


4  Sahîh Muslim, 15/75, Kitâb al fadâ'il, bâb rahmatihi ua tauâdu‘ihi.
5  (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 12/264, Kitâb al isti'dhân, bâb at taslîm ‘ala as sibiân.
6  Relatado por Ahmad, 2/185, y por Al Hâkim, 1/62, Kitâb al îmân; su isnâd es sahîh.
7  (Al Bujâri y Muslim), Sharh As Sunnah, 13/34, Kitâb al birr ua as silah, bâb rahmah al ualad ua taqbîlihi.
8  Fath Al Bâri', 10/426, Kitâb al adâb, bâb rahmah al ualad ua taqbîlihi.
9  Ver Fath Al Bâri', 8/135, Kitâb al magâzi, bâb maraduhu ua uafâtuhu; Abû Dâûd, 4/480, Kitâb al adâb, bâb ma yâ'a fi al qiâm.
10  Fath Al Bâri', 6/472, Kitâb ahâdîz al anbiâ', bâb qaulihi ta‘âla: 45-48 de sûrah Âl ‘Imrân.
11  Abû Tammâm, Al Hamâsah, 1/67.
12  En realidad, es Allah Quien nos otorga estas cosas, no la naturaleza. Esta expresión, es uno de los efectos de la occidentalización. (Nota del autor)
13  De un artículo de Salma Al Huffâr en el periódico de Damasco Al Aiiâm, 3/9/1962.

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