Fin de una Misión. El Sermón del Adiós representó el fin de la acción misionera del Profeta, quien expuso de manera sucinta los dogmas islámicos y costumbres morales. En el "crisol de las revelaciones" se fundieron, con el fuego de los póstumos mensajes divinos, transmitidos por el ángel Gabriel, en perfecta amalgama de sabias enseñanzas, todas las instrucciones que necesita la humanidad, para vivir en paz y felicidad y conquistar la gloria del Paraíso. El último Sermón de La Meca selló con broche de oro el epílogo del volumen más trascendental que han recibido las gentes: "El Libro de Dios". El Profeta es feliz. Ha concluido la divulgación de la doctrina emanada del cielo . El hombre dispone de todas las instrucciones necesarias para su eterna salvación. El ciclo de las revelaciones ha terminado. Ahora vuestra religión es perfecta. (Corán, 5,5. Sura Al Maída: Vers. de la mesa servida) Los creyentes tienen ya su religión: el Islam, escrito en moldes imperecederos. Al Corán será la fuente viva en la que podrán calmar su sed los musulmanes de todas las generaciones. El campo del Señor está abierto. La tierra roturada, limpia de malas hierbas, es matriz generosa para la fecunda semilla esparcida por los buenos operarios. Abundante será la cosecha. De ella podrán alimentarse todas las criaturas de Dios. Medina, la ciudad del Profeta, se viste de tinieblas. La vida terrenal del Profeta se apaga. Su espíritu volará, sin necesidad de Juicio —privilegio de los Profetas— , al definitivo encuentro con Dios. La despedida del "sello de los profetas" es de una sencillez conmovedora. Reúne a sus familiares, compañeros y creyentes. La cita es en "su ciudad" y en la mezquita: la casa de Dios. El Profeta, con voz apagada por la emoción y la fatiga, a modo de recomendación y despedida, les dice:
Practicad la Limosna. La limosna, sincera y sin ostentación, es una de las más bellas acciones que podemos ofrecer a Dios, como demostración de nuestro agradecimiento, por los dones y bondades que nos ha prodigado. Ser generoso con los más necesitados, es una prueba de solidaridad humana a la que no debéis de faltar. Y recordad que Dios es el Propietario absoluto de todo lo creado y que los hombres sólo somos administradores circunstanciales, por lo que debemos hacer buen uso de lo que administramos. Atender las necesidades de los más pobres impidiendo que pasen hambre o sed, es una obligación de todo
creyente. Y no olvidéis que cada moneda que se entregue como limosna en esta vida, Dios la multiplicará en
Cumplid con el Ayuno. Ayunar es vencer los instintos. Supeditar el reino temporal de la carne a la eterna recompensa del Paraíso. Demostrar el respeto y amor que profesamos al Creador y Al Clemente. Renunciar, durante un tiempo establecido, a beber, comer, fumar, usar perfumes y a todo contacto sexual. Cumplir con un precepto divino a la par que dejamos constancia de nuestra obediencia y respeto al Todopoderoso.
Haced la Peregrinación. Peregrinar es un oficio muy grato a los ojos de Dios. Es vestir el traje del Paraíso en este mundo. Es a sumir la tarea de soldado de la paz y del amor a Dios. Si os resulta posible peregrinad a La Meca; al templo de Abraham. De este modo aunaréis, junto al cumplimiento de la oración, la limosna y el ayuno, el sacrificio del viaje y podréis confraternizar con musulmanes de todas las regiones. Si no os fuera posible, por razones económicas, físicas o familiares, sed peregrinos en vuestro pensamien to, que Dios, que todo lo ve, oye y sabe, os lo recompensará debidamente. Y divulgad entre los hombres la peregrinación. Testimoniad el nombre de Dios; de los Angeles y de los Profetas. Pronunciar el Acto de Fe es iniciar el camino hacia el Paraíso. Doy testimonio que no hay mas Dios que Dios Único y sin Socios. Que en vuestro pensamiento, corazón y labios, esté
siempre presente la voluntad de dar testimonio del más
hermoso de los juramentos: la fe en Dios, en sus ángeles y sus profetas. En Dios, Creador de todas las cosas.
En los ángeles, mensajeros de Dios y custodios de los hombres.
En los Profetas, que trasmitieron a los hombres las revelaciones divinas.
Tras este breve resumen de las "Columnas del Islam", el Profeta hace las siguientes recomendaciones: —Si tienes necesidad de arrepentirte o avergonzarte, pide por ello perdón a Dios, como yo lo hago, en todo instante y en cada día. —Si has ofendido a tu prójimo, discúlpate; y si fuera necesario hazlo públicamente, pues es mejor abochornarse en esta vida que en la otra. —Si tu mano injustamente ha realizado castigos corporales, prepara tu espalda para recibir igual número de latigazos o golpes. —Si injuriaste el honor de alguna persona, discúlpate y caiga sobre tu honor las mismas acusaciones que provocastes. —Si has contraído deudas, págalas; así quedarás liberado del compromiso que contrajiste. —Si has percibido intereses o prestado con usura, devuélvelos, pues ese acto es reprobable ante Dios. —Si tu deudor se encuentra ante la imposibilidad absoluta de pagar sus deudas, condónaselas. —Si has robado, ultrajado, saqueado o malherido, paga las deudas de propiedad o de sangre, pues si no lo haces el fuego te consumirá eternamente. Oh Señor, robustece nuestra fe, para que podamos cumplir con rectitud todos los mandamientos que Tú nos has impuesto. Oh Señor, inspíranos el fiel acatamiento de las normas morales para que, fortalecidos en Tu recuerdo, podamos vencer todos los malos instintos que nos puedan aquejar, como: la ira, envidia, lascivia, rencor, etc. Oh Señor, concédenos la virtud de la humanidad para que abandonemos la arrogancia, el orgullo, la prepotencia, etc. Oh Señor, haznos agradecidos con quienes desinteresada y generosamente, nos han ayudado en momen tos de persecución y a compañado en el destierro Oh Señor, inscribe en nuestra mente el nombre de los mártires y el de los muertos, que sucumbieron en la Defensa de la Fe. Oh Señor, derrama Tu bondad sobre nuestros corazones para que prestemos una especial atención a los huérfanos y las viudas, protegiéndoles de todo infortunio y dándoles toda nuestra asistencia y cuidado. Oh Señor, sé misericordioso con tus criaturas para que, a imitación Tuya, seamos compasivos con los ne cesitados; hospitalarios con los caminantes y extranjeros; serviciales con los enfermos; indulgentes con los ofensores y pacientes con los soberbios.
El Profeta sabe que va a morir. A ningún mortal antes que a ti (Muhammad) (Corán, 21,35. Sura Al Anbiya: Vers. de los Profetas) Antes que el fatal trance se cumpliese, mandó poner en libertad a todos los cautivos; distribuir los escasos bienes que poseía entre los más pobres; y renunció a todos los títulos y dignidades humanas, salvo el de Profeta de Dios. También mandó que no se le rindiesen honores postumos, pidiendo ser enterrado en el mismo sitio en que muriese y que su humilde tumba no fuese considerada como lugar de peregrinación ni plegaria especial. El Profeta, cumplida su misión, sólo tiene ansias de Dios. Quiere aligerarse de todas las cargas materiales; desea romper todas las ataduras terrenas. Ambiciona que su alma, libre de todo peso, alcance las bienaventuranzas del Paraíso.
Sus últimas palabras fueron: ¡Oh Dios!: sé Clemente con mis culpas e Indulgente con mis errores. Perdóname mis pecados y ábreme las puertas de Tu misericordia. ¡Oh Dios nuestro! : derrama la paz y el amor fraterno sobre toda la humanidad y extiende el manto de Tu clemencia sobre todos los musulmanes. |
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