¿ES LA RELIGIÓN ALGO DEL PASADO?

Sábado/27/04/2002            Por  Muhammad Asad (Leopold Weiss)



Por miles de años - desde los más tempranos y obscuros comienzos de la conciencia humana - la religión ha sido una fuerza poderosa, que ha dirigido a la humanidad constantemente hacia un objetivo desconocido.  Esta no ha sido la única fuerza conductora.  El hambre ha sido otra, así como la ambición humana.  Pero a través de la historia del hombre la religión ha ocupado siempre un primer plano; para bien o para mal.  En su nombre reinos fueron  construidos y destruídos y naciones vinieron a existir y fueron hechas desaparecer.  Bajo su encanto, hombres se han elevado a los más sublimes niveles de amor y auto-sacrificio, mientras que otros cometieron en su nombre los más crueles actos de violencia.  Dio a muchos una forma más plena de disfrutar la vida, y causo que muchos otros la despreciaran; como si se tratara de una vanidosa ilusión. Llenó a algunos con tal fervor creativo dándoles la fuerza para alcanzar imperecederas proezas (culturales); mientras que en otros dio lugar a la superstición, el oscurantismo y la estupidez.  Pero para todos aquellos que la siguieron con sinceridad, ya sea en una u otra de sus formas, la religión significó, de alguna manera "la felicidad".      Por lo tanto, y a pesar de la tan grande y obvia diversidad existente entre las diferentes profesiones y opiniones religiosas;  debió haber habido o debe haber, algo en común que todas ellas compartían y comparten.  Este "algo" debe ser muy importante, pues dio y da, la felicidad. 

      Obviamente, este "algo" es la convicción del hombre religioso de estar en concordancia con lo que él metafísicamente describe como:  "La Realidad Suprema o lo Absoluto";  cualesquiera que sean los dogmas de una religión;  sin importar que sublimes o primitivas sean sus enseñanzas,  ya sean monoteístas, politeístas o panteístas: la principal esencia de cualquier experiencia religiosa es: primeramente; la convicción de que todo lo que es o pasa en este mundo es el resultado de un consiente y creativo Poder que lo abraza y abarca todo;  o para ponerlo más simple, una "Voluntad Divina";  en segundo lugar; el sentir que uno está, o desea estar, en concordancia espiritual con las demandas de aquella Voluntad, sabiendo que este sentimiento y este deseo están basados en la facultad que posee el ser humano de juzgar entre el Bien y el Mal.  Pues, a menos que asumamos que una absoluta y planificadora Voluntad es la raíz de toda creación, no hay sentido en suponer que cualquiera de nuestras intenciones y acciones pudiese estar intrínsecamente correcta o incorrecta, o ser moral o inmoral;  en otras palabras, a menos que creamos en la existencia de tal Voluntad Planificadora, no tendremos una norma definida con la cual juzgar nuestras intenciones y acciones.  En la ausencia de una creencia común, el concepto de la moralidad pierde toda su precisión y se transforma, en primera  instancia en una vaga serie de convencionalismos; los cuales a su vez, se tornan (cada vez) más y más sujetos a la "conveniencia",  ósea si la intención o la acción es de algún uso para la persona en particular (o para la comunidad a la que la persona pertenece), o no.  Consecuentemente, lo Correcto y lo Errado se convierten en términos puramente relativos, a ser interpretados en una forma arbitraria de acuerdo a las necesidades personales (o de la comunidad), y a los cambiantes requerimientos de la época y el entorno económico.       Estas reflexiones acerca del papel que desempeña el pensamiento religioso en el campo de la moralidad adquieren una importancia única si consideramos que la tendencia de nuestros tiempos es definitivamente antagónica al pensamiento religioso. 

      Todos los días y en todas partes nos es dicho, por una cierta clase de intelectuales, que la religión no es más que una reliquia del pasado barbárico del hombre; a ser reemplazado hoy en día, por la "Era de la Ciencia".  La Ciencia, dicen ellos, esta por tomar el lugar de los ya gastados sistemas religiosos; la tan gloriosa e irresistiblemente creciente ciencia, le enseñara al hombre a  vivir en conformidad con la razón pura, y eventualmente le ayudará a desenvolver nuevos patrones de moralidad sin ninguna característica metafísica. Ahora bien, este ingenuo optimismo con respecto a la ciencia no es en realidad nada "moderno":  esta extremadamente pasado de moda es, a saber, una copia ciega del ingenuo optimismo del occidente de los siglos 18 y 19.  En aquel entonces (y particularmente durante la segunda mitad del siglo 19), muchos científicos occidentales creyeron que la solución a los misterios del Universo se encontraba "a la vuelta de la esquina"; y que de ahí en adelante nada detendría al hombre, de ordenar su vida con una independencia casi divina y basadaen la racionalidad.


      No obstante, los pensadores del siglo 20 son más reservados - por no decir escépticos (con respecto a este tema).  Estos han visto que la determinista ciencia es incapaz de cumplir con las esperanzas espirituales que le habían sido confiadas en el pasado reciente:  porque los misterios del Universo, se hacen más misteriosos y más complicados a medida que avanzan las investigaciones.  Cada día se hace más evidente que nunca será posible responder mediante medios puramente científicos la interrogante de como apareció el universo, de como se originó la vida en él y por lo tanto la interrogante acerca de la verdadera naturaleza y propósito de la existencia humana.  Pero mientras no estemos en posición de responder a la anterior pregunta no debemos siquiera intentar definir él "bien" y el "mal" simplemente porque estos términos no tienen un significado a menos que estén o sean relacionados a un conocimiento (real o imaginario) de la naturaleza y propósito de la existencia del hombre.  Y mientras no estemos en posición de definir él "bien" y el "mal" no hay sentido en hablar sobre patrones de moralidad.       Esto es lo que los científicos realmente avanzados están empezando a entender.  Encarados con la imposibilidad de resolver interrogantes metafísicas; mediante la investigación física, estos han abandonado la infantil esperanza de los últimos dos siglos:  que la ciencia pudiese proveer las directivas a seguir, en el campo de la ética.  No es que ellos desconfíen de la ciencia como tal:  pero, al mismo tiempo se dan cuenta que la ciencia no tiene una conexión
directa con la vida moral del hombre.  La ciencia puede, y efectivamente nos guía hacia una mejor comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea; más al estar solamente interesada en la observación de las leyes que parecen gobernar las interrelaciones de esos fenómenos, la ciencia no puede ser llamada a verter un veredicto sobre el propósito (si es que existe) de la vida humana y de esta forma crear en nosotros una conciencia moral.  Ninguna cantidad de entusiasmo por el pensamiento científico  puede ocultar el hecho de que el problema de la moralidad no esta comprendido dentro del campo >de acción de la ciencia. La moral está, por otra parte, enteramente dentro del campo de la religión.       Es tan solo a través  de la experiencia religiosa que podemos alcanzar (correcta o incorrectamente) patrones de evaluación y apreciación ética y moral (independientes de los efímeros cambios que se dan a nuestro alrededor), al momento de reconocer algo bueno moralmente por el que valga la pena luchar y algo malo moralmente que deba ser evitado.  He dicho:  "correcta o incorrectamente" pues lógicamente, siempre existe la posibilidad de que una religión (cualquier religión), esté equivocada en sus premisas metafísicas. Por lo tanto nuestra aceptación o no de cualquier religión debe estar, en última instancia, guiada por nuestra experiencia y nuestra razón, que nos dice que tanto ésta religión en particular se encuentra en armonía con las principales necesidades del ser humano tanto físicas como espirituales.  Mas, esta necesidad de utilizar nuestras facultades críticas con relación a la religión no afecta en nada al enunciado fundamental de que es tan solo la religión la que puede dotar a nuestras vidas de un significado y por tanto promover en nosotros la necesidad de conformar nuestro comportamiento a un patrón de valores morales enteramente independientes de la momentánea constelación de nuestra existencia.  Dicho de otra forma:  es tan solo la religión la que puede proveer una amplia base para llegar a un acuerdo, entre los diferentes grupos humanos; acerca de lo que es bueno (y por tanto deseable) y lo que es malo (por tanto  indeseable y evitable). ¿Y existe acaso alguna duda de que tal acuerdo es un requerimiento absoluto e indispensable para cualquier tipo de orden en las relaciones humanas?       Considerado desde este punto de vista, la necesidad de la religión (tomando la palabra "religión" en su más amplio sentido) no es una nueva fase pasajera en la historia del desarrollo humano; sino la máxima fuente de ética y  moralidad,  no es el resultado de una credulidad vulgar y simple que cualquier época o generación puede "superar", sino la única respuesta a una necesidad real y básica del ser humano en todos los tiempos y en todos los ambientes  


En otras palabras, es un instinto nbsp;


LA RELIGION HOY EN DÍA


      No obstante, no hay forma de ocultar el hecho de que la religión se encuentra en una franca decadencia en nuestros días.  Esto no es debido a que la naturaleza del hombre se haya "depravado":  Esta continúa intrínsecamente tan buena o tan mala como siempre fue (propensa a ser elevada al más alto grado de auto-sacrificio, desprendimiento e idealismo o a descender al más profundo abismo de crueldad o codicia).  Así como no existe ningún indicio de que el ser humano haya perdido su instintivo deseo de coordinar su vida individual con amplios intereses espirituales que trascienden los intereses materiales de la existencia privada:  pues, ¿Qué otra explicación hay para justificar el semi-religioso fervor que presentan ciertos movimientos modernos tales como el comunismo ó el nacionalismo?  El hecho de que estos movimientos no sean más que magros substitutos de la religión en su verdadero sentido, no hace más que confirmar nuestra afirmación de que el hombre moderno siente la necesidad religiosa exactamente como las miles de generaciones antes que él lo sintieron.  Pero este va tras los substitutos, pues la "cosa" verdadera le ha sido negada.  Sí, porque le ha sido negada, los "guardianes" oficiales de cada religión han fallado miserablemente en su más  esencial tarea:  la de mostrar al hombre como ordenar el lado práctico de su vida en conformidad con el apelo moral de la religión; así muchas de las creencias religiosas convencionales, de hecho se han alejado de los problemas y perplejidades de la vida moderna.  También debido a que, desde el punto de vista económico y social, nuestros tiempos son esencialmente tiempos de confusión, el fracaso de los líderes religiosos en guiarnos en los asuntos de nuestra vida (terrenal) ha acarreado catastróficas consecuencias. Debido al rápido desarrollo de las ciencias y de su aplicación práctica en la industria, las comunicaciones, la guerra, las condiciones de trabajo, etc. los sistemas convencionales de cooperación social han caído en desuso en todo el globo. Los más elementales problemas de la vida:  el pan, la vestimenta, la pobreza, la seguridad, el trabajo y la educación, se han hecho tan complicados que hoy en día se constituyen en problemas en el más completo y desconcertante sentido de la palabra.  No es que alguna vez haya habido un periodo en el que estas cosas hayan sido menos importantes de lo que son ahora.  La gente siempre necesitó pan y vestimenta, la pobreza siempre fue una amarga preocupación y la seguridad siempre fue el objetivo.  Pero en épocas previas, cuando la sociedad no poseía su presente complejidad, todos estos problemas eran  comparativamente fáciles de solucionar y no ocupaban por lo tanto, la mente del hombre en forma tan desesperante como lo hacen hoy.      En virtud de su estupendo progreso en tiempos recientes la ciencia ha cambiado enteramente las condiciones de nuestra existencia.  Ha abierto nuevos e inesperados horizontes, con todas las consecuentes complicaciones, en casi todos los ramos de la actividad humana.  Ha hecho posible muchas cosas (algunas de ellas reativas y llenas de promesas para el futuro, así como  algunas destructivas y llenas de terror), que no hubieran sido ni siquiera soñadas por previas generaciones: y precisamente debido a que estas cosas no eran ni siquiera soñadas (es decir, no habían sido  anticipadas en los conceptos sociales desarrollados en el pasado),que la mayoría de la gente no estaba, intelectual y moralmente, preparada en forma apropiada para ellas, lo cual resultó  en que ahora no poseemos ni la técnica económica requerida, ni la madurez ética que necesaria para hacer frente adecuadamente a la nueva situación. La intensidad de la búsqueda humana de nuevas formas y medios para resolver esta perplejidad se ve reflejada en el surgimiento de muchas ideologías sociales que se encuentran en nuestros días luchando por el predominio; y sus evidentemente conflictivas pretensiones nos hacen darnos cuenta que la base misma de nuestra manera de pensar convencional - el asegurar la estabilidad nuestras formas sociales y en las relaciones entre los hombres- ha colapsado completamente. 

      Este confuso remolino de filosofías socioeconómicas no se mantuvo, y no podía mantenerse confinado al lado puramente material de nuestros asuntos.   Ha invadido nuestras creencias también.  Naturalmente, la confusión de nuestras políticas y economías da lugar a la aparición de un criticismo de largo alcance acerca de las< convicciones éticas y religiosas sobre las cuales descansan esas políticas y economías; también debido a que nuestros líderes religiosos han estado hasta ahora acostumbrados a tomar todo convencionalismo por seguro, sin contribuir casi nada a la búsqueda de una solución a las perplejidades que acosan a la vida moderna.  Así la intranquilidad política y socioeconómica de nuestros tiempos tiene su contraparte y acompañante en la profunda intranquilidad en el plano ético.      No es difícil ver que la interrogante acerca de que es "bueno" o "malo" en un relativo y socioeconómico sentido (en otras palabras: ¿(El adoptar) que forma de organización social daría como resultado el máximo de bien común?), esta íntimamente relacionado con la interrogante acerca de que es "bueno" o "malo" en un absoluto y espiritual sentido:  y es por esta razón que muchas personas, en el Este al igual que el Oeste, están empezando a sentir una intranquilidad que no es exclusivamente consecuencia de la confusión política y económica de nuestros días.  Fuertes dudas han sido levantadas en cuanto a sí es que el mero reordenamiento del actual sistema económico o la mera victoria de esta o aquella ideología política será suficiente para resolver el presente caos y hacerlo asemejarse a algo parecido con el orden.  Lentamente la convicción de que algo más profundo que la mera pugna y conflicto político y económico entre las diferentes corrientes (sin disminuir la importancia de esta), sean los responsables únicos de la evidente confusión de nuestros días va ganando terreno.  Este "más profundo algo" es el obvio colapso de todos los estándares de valorización moral.  Ahora nos damos cuenta que la crisis de nuestros tiempos es,en realidad, una crisis de ideas éticas y morales.


       Casi todos los conceptos éticos que hasta ahora despeñaban un activo papel en la definición de las relaciones sociales del hombre y la idea de un "bien común" se encuentran hoy en día sometidos a una severa prueba, y muchos de ellos han sido encontrados inadecuados para las demandas de la vida moderna.  Debido a que la mayoría  de los líderes religiosos en el mundo se han habituado a considerar a los convencionalismos sociales prevalecientes como sinónimos de la religión y, por tanto, han probado ser inefectivos en su verdadera tarea: la de guiar al hombre en sus emprendimientos prácticos; es que creencias religiosas de siglos de antigüedad se han visto sacudidas y se encuentran ahora y en todas partes en franca decadencia. Muchos convencionalismos sociales que eran habitualmente relacionados con esas creencia (y fuesen por lo tanto creídos como basados en fundamentos eternos), se encuentran hoy en día desmoronándose; no solo en esta o aquella comunidad, sino en todas las comunidades y en todas las partes del globo.  Hablando en forma general; la religión se encuentra, en todas partes, en retirada y esta siendo suplantada (muy inadecuadamente), por ciertas emociones y convicciones "sustitutas":  tales como el infantil entusiasmo por la llegada de la "Era de la Ciencia", o (más peligrosamente) por una apasionada adoración de los dioses del nacionalismo.el culto al nacionalismo- tan característico de nuestros tiempos- tiene un tinte emocional y casi místico que le da esa resemblanza superficial con la religión; pero, a diferencia de la religión, la cual empieza y termina con el concepto del "Bien y el Mal absoluto" (sin importar lo diferente que este concepto sea en cada religión), el nacionalismo niega, en su misma esencia, la existencia de un "Bien y un Mal absolutos".  Este reconoce estos términos tan solo en  un sentido relativo; es decir, en relación a lo que es o parece ser bueno o malo para el desarrollo de una nación en particular; destruyendo así las ismas bases de la ética y la moral.

      Sea cual fuere el ángulo desde el que enfocamos este problema, no debemos olvidar que a través de la historia humana la ética fue derivada, directa o indirectamente de pensamiento religioso.  Hasta ahora, ninguna fuente alternativa de ética ha sido descubierta; ni existe la más mínima indicación de que una ética "no religiosa" sea posible (pues lo que sea que hoy en día toma su lugar es en realidad una herencia subconsciente del pensamiento religioso de la vida humana que alguna vez estuvo lleno (y lleno hasta la satisfacción) con creencias y esperanzas religiosas que hoy en día esta siendo transformado gradualmente en un vacío, un vacío en el que nada puede florecer sino la desesperación: una terrible desesperación e incertidumbre en cuanto al futuro, al propósito y  justificación espiritual de su existencia y a sí en realidad existen tales valores como el Bien y el Mal.       La severidad de los conflictos, físicos y morales que hoy en día sacuden a la humanidad; la desesperada ferocidad  (dictada principalmente por el temor)  con la que naciones y  grupos dentro de las naciones, compiten entre sí por el poder; el desdeño universal del derecho y la justicia, la despiadada explotación del débil por el más fuerte y la desconfianza de todos hacia todos;  todos estos fenómenos no son más que síntomas de la frustración ética de la cual la mayoría de la humanidad moderna adolece (una frustración que es la verdadera responsable de todas las guerras y luchas civiles de nuestro tiempo y que causa indescriptible miseria en el cuerpo y la mente a un incalculable número de personas.  El sentimiento de inseguridad social y moral, la sensación de que nuestros asuntos se están precipitando rápida y salvajemente, como un río que ha obrepasado sus orillas, hacia desconocidas e impredecibles direcciones esta constantemente en el pensamiento de los más consientes de nuestra generación. LA RELIGIÓN Y EL OCCIDENTE       Los fenómenos anteriormente mencionados afectan al mundo de Islam también.  Nosotros, al igual que todos los demás, vivimos en el medio de un remolino.  Para nosotros, como para los demás el tiempo de confusión moral ha llegado.  Nuestra sociedad se encuentra en un estado de agitación.  Muchos de sus convencionalismos (por mucho tiempo honrados), algunos de ellos irrelevantes a la vida islámica, pero muchos de ellos indispensables para ella, se están disolviendo hoy en día bajo la presión de la influencias culturales occidentales y de las necesidades económicas que se suscitan por causa de nuestra sumisión a aquellas  influencias.  A pesar de todas las consignas y lemas que se levantan hoy en día  en el nombre del Islam, y a pesar  del  entusiasmo (prevaleciente especialmente en el sub-continente Indo-Pakistaní  ), existente en pro de una reorientación del pensamiento político y económico de los musulmanes hacia el Islam; a pesar de todo esto, se prevalece el hecho de que para la mayoría de los musulmanes de nuestra época el apelo de la religión se está convirtiendo, rápidamente, en algo puramente teórico y que cada vez menos y menos individuos están preparados para aplicar (poner en práctica) los principios del Islam (a pesar de las consignas y lemas que proclaman) en su comportamiento personal y en sus empresas sociales.


Nuestros occidentalizados "progresistas" ni siquiera se molestan ennegar esto.  La mayoría de ellos sostiene, con una mueca de auto-satisfacción en sus rostros, que "el espíritu de la época esta en contra del pensamiento religioso".


      Ahora bien, esto es totalmente cierto.  El espíritu de la época esta en contra del pensamiento religioso; pero es un espíritu nacido y criado en el occidente relacionado únicamente a las experiencias históricas del occidente, y que nada tiene que ver con  problema del Islam.  Ya que si los pensadores occidentales se encuentran predispuestos en contra de la religión se los puede hasta atender y excusar basándonos en sus experiencias  con su propia religión; el cristianismo.  Tal excusa no es válida, históricamente hablando, para los musulmanes. El concepto islámico de y la experiencia de los musulmanes con la religión son  de una naturaleza muy diferente tan diferente que tan solo la estupidez extrema podría impedirle a una persona el darse cuenta que la religión como tal no ha sido desacreditada, sino tan sólo la forma peculiar que ésta adquirió en el occidente.       Hablando en forma general, el cristianismo ha fallado debido a que desde sus comienzos éste se ha divorciado del aspecto materia de la existencia humana, de su vida corporal , de sus necesidades y deseos físicos, de sus economías y de sus políticas.  Trazó una línea divisoria entre "lo que es de Dios" (o la ética y la moralidad) y  "lo que es del César" (o, el gobierno, la economía y la organización social):  una consecuencia lógica de la enseñanza cristiana primordial que postula una gran brecha entre la susodicha maldad de la vida "natural" en este mundo y lo bueno de la espiritualidad "sobrenatural".       En la teología cristiana, el espíritu y la materia son entidades esencialmente opuestas una a la otra.  La materia es esencialmente dominio del  Mal y la vinculación del hombre con ella es sinónimo de una vinculación con el Mal.   Consecuentemente se hace necesaria una "redención" para que el espíritu del hombre pueda liberarse a sí mismo de las garras de la materia y vuelva así, a su estado ideal del cual había caído debido a un incomprensible acto de perversidad llamado "Pecado Original".  Según San Pablo, el verdadero mentor de la metafísica cristiana, la fuente de todo pecado es la "carne".


      Así, la ética cristiana descansa en la condenación del aspecto físico sensual, de la vida del hombre.  Sea lo que fuere que la teología cristiana moderna haya hecho o esta tratando de hacer con su actitud original en este respecto, no hay duda que ese desprecio por la vida sensual se encuentra enraizado en sus enseñanzas.  En la Edad Media, cuando la Iglesia era la única fuente de conceptos éticos para los europeos, lo correcto de esta actitud nunca era puesto en tela de juicio, y la vida del cuerpo, con todas sus sensaciones y deseos era considerada inferior, y opuesta a la vida espiritual.  Aún en nuestros días, donde el cristianismo ha perdido gran parte de su influencia sobre la mente Occidental y los derechos del cuerpo tienden a ser cada vez más y más exaltados (y hasta exagerados), el disminuido significado atribuido a la palabra "sensualidad" en todos los idiomas  europeos nos da una amplia evidencia de sus antecedentes éticos.  Un ejemplo de esto puede ser visto también en la ingenua suposición, tan popular en el occidente, de que el profeta Muhammad (Mahoma) "no pudo haber sido una persona de elevada espiritualidad" debido a que disfrutaba  y aconsejaba a sus seguidores disfrutar de la más intensa de todas las experiencias sensuales:  la vida sexual   Ninguna interpretación apologética o moderna puede ocultar la actitud antisensual y antifísica  del cristianismo, y  ninguna de las concesiones que los teólogos cristianos se ven obligados a hacer por causa de la cambiante mentalidad del occidente puede cambiar este hecho histórico.


      La severidad del dilema que el cristianismo impuso sobre la mente de sus creyentes puede ser percibida en su totalidad si es que recordamos que la más elemental de las necesidades sensuales (la unión del hombre y la mujer) es, según las enseñanzas de la Iglesia, la causa directa y el símbolo eterno del Pecado Original.  Pero, como era de esperarse la Iglesia no podía lograr lo imposible.  No puede, en realidad, eliminar las "necesidades de la carne" de la vida del hombre.  De igual manera, y a pesar de su insistencia acerca de la "maligna" naturaleza del mundo de la Materia, la Iglesia no pudo suprimir el interés natural del hombre en los asuntos terrenales y su deseo de progreso material.  Por lo tanto, en los albores de la Edad Media, se llegó a un compromiso entre las no erradicables tendencias del hombre por un lado, y las enseñanzas de la Iglesia por el otro. La Iglesia dio a entender, silenciosamente, que  todos esos aspectos vitales de la naturaleza humana son un tipo de "mal necesario"; y más tarde, que estos no tienen porque estar siempre en contra de las demandas de la religión, pero que no tienen simplemente nada que ver con la religión.  Con esto se relego a todos los aspectos prácticos de la vida a un campo fuera del dominio de la religión, así la Iglesia dio a luz a esta típica idea del occidente:  que la religión y los asuntos terrenales pertenecen a diferentes áreas de la vida.      No es, por lo tanto, debido a un defecto moral por parte de los europeos o americanos que en la práctica estos nunca se adecuaron a los principios del cristianismo, comenzando por la demandade "volverle las espaldas a este mundo" y terminando con la exhortación "amad a vuestros vecinos como os amáis a vosotrosmismos". Ellos nunca pudieron adecuarse a estos principios.  Ni la Iglesia misma, a decir verdad, alguna vez insistió seriamente en la aplicación práctica de sus enseñanzas; ésta siempre se conformó plenamente con la mera postulación de estas como un ideal teórico e inalcanzable.  Aún los pensadores cristianos modernos parecen estar de acuerdo con esta actitud de la Iglesia, tal y como lo vemos en la siguiente cuotación:

"Estos patrones absolutos explícitamente afirmados en el Nuevo Testamento son en verdad los ideales que todo cristiano tienen la obligación de alcanzar, pero que son a pesar de esto, inalcanzables ... el carácter de la enseñanza moral de los principios absolutos, y de todos los eventos registrados en los evangelios con respecto a nuestros asuntos diarios no es el de una aplicación directa".
(E. Barker y R. Preston, Christians in Society, Londres 1938, pag. 28. Las cursivas son mías).

      Para un  musulmán, educado con un concepto muy diferente de lo que es la religión, puede que suene extraño que la gente haya podido estar satisfecha con éticas que están separadas de los problemas prácticos de la vida:  pero es así como la ética siempre fue, con muy pocas excepciones, concebida en la sociedad cristiana.       El colapso moral y social de la civilización occidental actual, esta íntimamente ligado a este dualismo trágico, el cual se vio forzado a entrar por causa del cristianismo.  Por más de quince siglos, la ideología ética y moral del occidente fue derivada del cristianismo:  esto quiere decir que por más de quince siglos el occidente fue  sistemáticamente enseñado que  las convicciones morales no son un asunto de "aplicación práctica", en otras palabras, que  las éticas no deben interferir con la vida "real".  Todas las catástrofes que suceden hoy en día al mundo occidental, están en última instancia, relacionadas con aquel hábito mental dualista, que traza una cortante línea entre las convicciones morales y la "conveniencia"- esa espléndida excusa para cometer cualquier acto inmoral siempre y cuando sirva a los intereses del  que los comete o al de su clase o comunidad. A pesar de las aserciones que afirman lo contrario, ninguno  (T. o casi ninguno), de los economistas o políticos del Occidente permitiría que sus convicciones morales se sobrepongan a la "conveniencia":  pues, mil quinientos años de cristiandad  les han enseñado de que la ética y la moral tienen que ver con ideales bellos, apropiados para ser discutidos en sermones edificantes en la iglesia, pero - "los negocios son negocios".       Debido a que el cristianismo fue la única experiencia religiosa del occidente por muchos siglos, los occidentales han crecido acostumbrados a identificarlo con la "religión" en general; así su moderna y obvia decepción con el cristianismo ha asumido la forma de una decepción general, es decir, con el principio religioso en si. Claro que en realidad estos se han decepcionado  con la única forma de religión que han conocido. Estos se han, o se están rápidamente decepcionando de una religión que promete justicia y felicidad en el mundo más allá, pero que no tiene nada que ofrecer a las desesperantes necesidades de este mundo:  una religión que no puede hacer la más mínima contribución en pro del establecimiento de la equidad social, sino que ella misma se confina a una inefectiva predicación de la moralidad; una religión que ha creado una Iglesia - o sea, un grupo de creencias, dogmas y esperanzas trascendentales, pero no así un programa positivo de vida social e individual.  Al mismo tiempo recuerdan que la Iglesia en muchas ocasiones le brindo una mano de ayuda a la opresión y a la explotación: a saber, los poderes seculares ansiosos de mantener intactas las condiciones sociales que eran claramente injustas para con muchos, pero muy beneficiosas para los detentores del poder mismo. ¿Porque extrañarse entonces de que para muchos occidentales el nombre mismo religión sea motivo de sospecha y desconfianza; simplemente debido a su temor de que los intereses religiosos vayan, nuevamente, a ser usados como una excusa por las fuerzas de la obscuridad y la opresión?. 


¿Y QUE ACERCA DEL ISLAM?


Aunque, como dije antes, los pensadores occidentales tengan ampliasrazones para sentirse decepcionados y desconfiados con respecto a la religión, los  pensadores musulmanes no tienen tales razones válidas.  Ya que donde el cristianismo ha fallado tan evidentemente, el Islam ha tenido éxito


Primeramente, el Islam desconoce cualquier tipo de división de la vida en "física" y "espiritual", y nunca ha reducido la religión a un mero culto espiritual.  El sistema que nuestro Santo  Profeta enunciara en los veintitrés años de su ministerio se refiere no tan sólo a temas espirituales, ni es su único objetivo alcanzar la rectitud individual, sino que provee un sistema de guía para todas nuestras actividades sociales e individuales también.  Abarca la vida en todos sus aspectos, morales y físicos, individuales y comunales; los asuntos de la carne y la mente, los del sexo y la economía, de la moralidad y la estética tienen - lado a lado con los asuntos de la adoración y teología- su lugar legítimo en las enseñanzas del Profeta.  Nos ha sido ofrecida a través de él, una visión de una sociedad equitativa, y del tipo de hombre que esa sociedad presupone.  Nos ha sido dado el perfil de un esquema político (el perfil o plan general solamente, pues los detalles de las necesidades políticas y económicas del hombre están superditadas al tiempo y  son por lo tanto, variables), así como se nos ha dado un esquema con derechos individuales y obligaciones sociales en el cual todas las posibilidades de la evolución histórica están debidamente  anticipadas.  Y como no existe una división de la realidad en "física" y "espiritual", no hay posibilidad de dividirla  en planos "natural" y "espiritual".  Para un musulmán todo lo que es o  pasa esta dentro de la esfera de lo natural; pues la Naturaleza, que es la suma de toda la Creación, visible e invisible, concreta o abstracta y las susodichas Leyes de la Naturaleza no son más que la forma en que la Voluntad de Dios se hace manifiesta.  En tal esquema o plan no puede haber conflictos entre los aspectos físicos y morales de la existencia humana; estos son inesperables y por lo tanto igualmente "justificados".

      Segundo, el vergonzoso papel que tan comúnmente ha desempeñado la Iglesia en la historia social de Europa nunca ha tenido una contraparte en la historia del Islam.  Casi sin ninguna excepción, los grandes exponentes de la teología y jurisprudencia islámica fueron los más celosos defensores de los derechos humanos.  Son ellos los que siempre se levantaron, (casi siempre a costa de un gran sacrificio personal, y algunas veces aún la muerte), en contra de la tiranía y la opresión, imponiendo así los más severos frenos al deseo de los detentores del poder de explotar.  Es en su totalidad crédito de tales 'ulama del pasado y de la religión que los inspiró que las naciones musulmanas se salvaron de la indignidad que fueran el pan de cada día en Europa por muchos siglos.

      Tercero, mientras que siempre existió un conflicto entre el cristianismo y la ciencia (que se manifestó, por un lado, en dogmasirracionales y fantásticos, y por otro en la más atroz persecución de la Iglesia contra el pensamiento científico y los científicos hasta los tiempos modernos), vemos que nos es imposible descubrir el más mínimo conflicto entre el Islam y la ciencia, ya sea en las enseñanzas del mismo o en la actitud de los 'ulamas, musulmanes hacia los científicos.


     Este último punto nos ofrece un testimonio muy importante concerniente a nuestra discusión; ya que es innegable que la principal objeción del Occidente en contra de la religión son los enunciados anti-terrenales del cristianismo en general y su histórica oposición a la marcha de la ciencia, en particular.  Si le aumentamos a esto las severas restricciones que la mayoría de los dogmas cristianos le imponen al intelecto, podremos fácilmente entender la
  consigna actual:  "La Religión se opone a la ciencia".  Pero los pensadores occidentales nunca se detienen para indagar un poco, si es que el aspecto y la actitud de la Iglesia cristiana son dignos ejemplos de la religión como tal, es decir, de todas las religiones.Con la misma arrogancia con la que ellos asumen que la civilización occidental es el máximo cúmulo de toda civilización que pueda existir; asumen (T. más bien dan por hecho), que la ética cristiana (aunque nunca la hayan seguido en la practica), es lo máximo a lo que la religión puede aspirar; y que su exclusiva experiencia con las  acciones de la Iglesia cristiana implica que el buen o mal comportamiento de esa Iglesia ofrece un criterio general en cuanto a la religión.


;     Ahora bien, el cristianismo ha estado opuesto al pensamiento científico, conscientemente, por un largo periodo de tiempo y empieza tan solo en nuestros días (bajo una compulsión nacida de la derrota) a descubrir que "no existe conflicto entre la religión y la ciencia".  Pero, ¿No sería posible que otras religiones hayan llegado a la misma conclusión, no debido a la presión de la derrota cultural, sino por sus mismos principios? ¿No es posible, por otra parte, que otras religiones (u otra religión), haya sido construida sobre la idea de que no existe conflicto entre la ciencia y la religión? Me estoy refiriendo por supuesto al Islam.  De hecho, la historia islámica muestra, con respecto a la ciencia, una imagen diferente a la ofrecida por la cristiandad.  No solo que el Islam nunca se opuso a la ciencia; sino que hasta le confirió a la misma y a las empresas intelectuales en general algo de la santidad de la adoración.  En manifiesto contraste con los registros de la Iglesia cristiana (la  quema y tortura de estudiosos, la despiadada destrucción de tantos trabajos científicos, la supresión de la libertad de pensamiento en cada esfera de la vida), en contraste con estos terroríficos antecedentes de la Iglesia, la historia no muestra ni siquiera el caso de un científico (de cualquier rama), siendo perseguido bajo el dominio de los musulmanes debido a sus descubrimientos científicos.  Persecución de teólogos sí ha habido: intentos ocasionales de suprimir a personas que se habían desviado de la teología "ortodoxa" de la época; pero los científicos nunca, simplemente debido a que el Islam inculcó en sus seguidores el más grande respeto por el aprender e hizo de "la búsqueda del conocimiento la obligación sagrada (faridah) de cada musulmán".  No es por accidente, entonces, que muchos de los pioneros musulmanes de la ciencia  cuyos nombres son conocidos alrededor de todo el mundo, fuesen al mismo tiempo, sobresalientes teólogos y fuqaha. A estos les bastaba tan solo dirigir su atención hacia el Corán  y la Sunna  del Profeta para poder descubrir que adquiriendo el conocimiento científico éstos adorarían aún más a su Señor.  Cuando leyeron el dicho del Profeta (citado por el Bukhari), "Dios no hace descender una enfermedad sin que descienda la cura con ella", entendieron que mediante la búsqueda de curas desconocidas ellos estarían contribuyendo al cumplimiento de la Voluntad Divina; así la investigación médica se vio investida con la santidad de una obligación religiosa.  Al leer el versículo: "¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la tierra estaban juntos y los separamos? ¿Y que hemos hecho a partir de agua toda cosa viviente? ¿No van a creer?" (Sura 21:30). Y en el empeño de entender la profundidad de estas palabras empezaron a estudiar los organismos vivos; y establecieron la ciencia de la Biología. El Corán indica que la armonía de las estrellas y su movimientos testifican la gloria de su Creador:  así la ciencia de la astronomía y las matemáticas fueron practicadas por los musulmanes con un fervorque en otras religiones esta reservado tan solo para las oraciones.


En la misma manera fueron cultivadas la fisiología, la química, lazoología y todas las otras ciencias en las cuales el genio musulmán habría de encontrar su más imperecedero monumento.       En aquellos tiempos lejanos cada musulmán estaba acostumbrado a la opinión de que "el científico camina por la senda de Dios", tal y como el Profeta lo expresó tan bellamente; también hay muchos ejemplos de los altos honores que les fueran otorgados, por los líderes musulmanes y la sociedad islámica, a los buscadores de la verdad científica y de los más grandes incentivos prácticos que se le hayan dado a la investigación científica, son  realmente incontables.       A lo largo del periodo creativo de la historia del Islam, es decir, durante los primeros cinco siglos que vinieron después de la Hégira , la ciencia no tuvo mayor campeón que la civilización islámica, y tierra más segura y fértil que las tierras en las que el Islam se imponía.  Resumiendo, fue el Islam el que incentivó los logros culturales que se constituyen en una de las más orgullosas páginas en la historia de la humanidad: y dio este incentivo, diciendo:  Sí a la vida y No al Ascetismo, Sí al intelecto y No al oscurantismo, Sí a la acción y No al ocio y la pereza.  

ANALIZANDO UNA OBJECIÓN:


Veamos ahora como un pensador occidental contemporáneo,
formula la objeción moderna a la religión:

"Se debe admitir que el cristianismo moderno o las grandes religiones del mundo no están del todo infundadas. El absolutismo intelectual de estos y su concentración en concepciones metafísicas han tendido a apartar la mente del hombre del mundo material y de la actividad social práctica.  Pero esta preocupación por lo Eterno, lo Absoluto y el espíritu  "del otro mundo" , es lo  que genera antipatía en las mentes modernas ya que parece destinada a destruir el valor y el significado del conocimiento relativo, es decir, de la ciencia natural; y de la vida humana misma.  La presente era parece demandar una religión que sea un incentivo a la acción y un justificativo al progreso material y social que ha sido el logro particular de los últimos dos siglos". (Christopher Dawson, Progress and Religion, ed. 1938, pag. 251).       Ahora bien, si analizamos imparcialmente esta acusación en contra de la religión encontramos que se adecúa perfectamente; palabra por palabra, al cristianismo y a otras religiones místicas, pero con certeza no se refiere al Islam.  Es más,  la anterior citación confirma, indirectamente, todo lo que el Islam representa y defiende.


Mientras que en el cristianismo  existe indudablemente mucho "absolutismo intelectual" debido a su insistencia en dogmas que son difíciles o hasta imposibles de comprender (por ejemplo el Dogma de la Trinidad, o el Sacrificio Vicario), no encontramos nada parecido en el Islam. Por el contrario todos sus conceptos éticos están basado en el uso del sentido común; la razón, y no las emociones místicas, es considerada la más legítima forma de religión sin  importar lo que algunos de nuestros esotéricos Sufis puedan decir):  ya que Dios es la Razón perfecta.  Además, el Islam n está "concentrado en concepciones metafísicas", sino que por el contrario, limita toda metafísica a la única enseñanza de que Dios existe, en completa autosuficiencia, omnipotencia, en justicia y misericordia.  Todas las otras especulaciones en cuanto a Sus "cualidades" , son simplemente vapor y juegos infantiles.  Estas debieron haber sido un intrigante pasatiempo para los teólogos musulmanes en el milenio pasado, pero no son en lo más mínimo,relevantes a las genuinas enseñanzas del Islam.

      Sabemos, también, que el Islam no tiende a "apartar la mente del hombre, del mundo material y de la actividad social práctica", por el contrario, insiste en que este mundo material es un aspecto positivo de la creación, y hace por lo tanto de la actividad social (la cual es el esfuerzo del hombre por mejorar sus condiciones de vida), una parte integral de sus postulados religiosos.  Al no estar "preocupado" (T. absorto), con lo Eterno y lo Absoluto, el Islam pone como ya lo hemos visto, un gran énfasis en el valor del relativo conocimiento científico y en la vida humana misma; y así provee ese "incentivo a la acción y ese justificativo para el progreso material y social" que el escritor citado anteriormente describe como la principal demanda de la era actual, y que debido a una extrema mala interpretación de la historia, el cree ser el  "logro particular" del Occidente moderno. 

      Resumiendo, no existe y nunca existió, un conflicto entre la ciencia y el Islam, por la simple razón de que no hay conflicto
entre  la naturaleza humana y el Islam.  Sus enseñanzas ponen un  positivo énfasis en todas las manifestaciones de la vida- la vida del cuerpo, de la mente, del organismo social; para así proveer el más fuerte estímulo posible en la lucha del  hombre por alcanzar la verdad y la felicidad.

La exclamación: " La religión es algo del pasado", es en su más profundo origen, una exclamación del Mundo Occidental.  En  el Mundo del Islam, esta no tiene significado alguno tan solo la falta de perspicacia de gente que ha crecido acostumbrada a considerar a la civilización occidental como La Civilización (i e. La única y verdadera) ha hecho posible que se crea que el criticismo occidental de la religión (gobernado como está por las experiencias religiosas del occidente), pudiera afectar al Islam y a sus premisas también; pues no hemos visto que alguna de las genuinas proposiciones del Islam haya sido encontrada deficiente por el juicio del lasverdaderas demandas y necesidades humanas.