CONCLUSION

         El propósito de este libro no se extendía más allá de discutir lo que es lícito e ilícito de las acciones y la conducta externa. Respecto a lo lícito e ilícito de los movimientos  mentales y del alma, pues no era nuestra intención tratarlos en este libro, aunque las enfermedades del alma como la envidia y la codicia, el orgullo y la arrogancia, la hipocresía y la ostentación, la ambición y la lujuria, están entre los grandes pecados. El Islam les declara una guerra sin cuartel, y el Profeta (B y P) advirtió sobre sus consecuencias funestas, describiendo algunos de ellos como "las enfermedades de las primeras naciones" y llamándolas "La hoja afilada" que rasura no el pelo sino la religión.

            Cualquiera que estudie el Corán y la Sunna del Profeta (B y P) sabe que la fortaleza del corazón y la integridad del alma son consideradas la base del éxito, para el individuo y para la sociedad, en esta vida y en la Otra: "El día que no aprovechen hacienda ni hijos varones, excepto a quien vaya a Allah con corazón sano" (26:88-89)   "Tiene custodios, por delante y por detrás, pegados a él, que le custodian por orden de Allah. Allah no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene. Pero, si Allah quiere mal a un pueblo, no hay manera de evitarlo: fuera de Él, no tienen amigos." (13:11)

            El Profeta (B y P) también dijo: "Lo lícito está claro y lo ilícito también. Entre ambos hay asuntos dudosos sobre los cuales la gente no sabe si son lícitos o ilícitos. Aquel que los evita para salvaguardar su religión y su honor estará seguro, mientras que si acomete en algunos de ellos puede estar cometiendo un pecado, como el que pastorea a sus animales cerca de la Hima (campos de pastoreo reservados para los animales del rey y que son prohibidos para los animales de los demás); es casi seguro que algunos de sus animales entrarán en ella. En verdad, cada rey tiene su Hima, y la Hima de Allah consiste en las cosas que ha prohibido"[1]

            Luego explicó el valor del corazón, el origen de la emociones, inclinaciones e intenciones que son la base de todo comportamiento humano, diciendo: "En el cuerpo hay un pedazo de carne que si es bueno, todo el cuerpo es bueno; y si es corrupto todo el cuerpo será corrupto. Ese es el corazón".

            Pues el corazón es el órgano principal del cuerpo y es el que lo rige. Y si el  gobernante es bueno, los súbditos serán también buenos; pero si el gobernante se hace corrupto, los súbditos se hacen también corruptos.

            En la escala de Allah es el corazón y las intenciones lo que tiene peso, no el rostro o la lengua:

            "Allah no mira a vuestras apariencias, si no a vuestros corazones".
            "Las obras se juzgan según las intenciones y cada uno será juzgado según la intención que tuvo"

            Tal es la posición de los actos del corazón  y los asuntos del alma en el Islam. Sin embargo, porque están más relacionados con el carácter del individuo más que con lo que es lícito e ilícito, no los hemos tratado en este libro. Estos aspectos interiores del Islam han sido discutidos por otros estudiosos y por los sufíes en gran profundidad y detalle. Se han referido a los pecados morales y los espirituales como "enfermedades del corazón", han diagnosticado sus causas, les han prescrito remedios a la luz del Libro de Allah  y la noble Sunna de Su Profeta (B y P). El Imam Al Ghazzali ha dedicado un cuarto de su trabajo enciclopédico sobre el Islam, "Ihiá 'Ulum al Dín", a este tema, denominándolos "dolencias fatales", pues llevan a la persona a la degradación en este mundo y al Fuego de la Otra Vida.

            Otro punto a notar es que tratamos los pecados "por comisión" y no los de "omisión", aunque los pecados son de dos clases: Cometer algo que es prohibido y no hacer algo que es obligatorio. Este segundo tipo de pecados tampoco fue tema de nuestro libro, aunque lo tratamos a veces en el transcurso de la discusión. Si hubiésemos querido tratar los pecados de "omisión, estaríamos discutiendo un tema completamente diferente, tendríamos que describir todas las obligaciones que Allah impuso a los musulmanes, pues, sin duda alguna, no cumplirlas  o descuidarlas es Haram. Por ejemplo, la búsqueda de conocimiento es una obligación en cada musulmán y musulmana. Si el musulmán se mantiene en la oscuridad de la ignorancia, cometerá pecados por su falta de conocimiento y, en consecuencia, no llevará a cabo sus obligaciones religiosas como el salat, el Zakat, el ayuno y el Hayy, que son pilares del Islam. El musulmán  no tiene permitido abandonar sus obligaciones sin una excusa legítima, pues no cumplirlas es un pecado capital, a la vez que restarles importancia e ignorarlas es apostasía.

Otro ejemplo: la nación Islámica tiene como obligación  desarrollar su poder militar al máximo de su capacidad para poder defenderse y mantener a los enemigos de Allah y del Islam a raya. Esta es una obligación general sobre toda la comunidad y, en especial, sobre los líderes; así pues, descuidar esta obligación  tan importante es un pecado capital y una gran vergüenza. Podríamos dar muchos otros ejemplos, pues el caso de todas las demás obligaciones, ya sean individuales o colectivas, es similar.

No reclamamos haber cubierto todo el campo de lo que es lícito y lo que es ilícito. En estas páginas hemos destacado solamente los asuntos más importantes que son permitidos o prohibidos en la vida personal, familiar y social del musulmán, especialmente aquellos asuntos que la gente descuida o considera insignificantes por su ignorancia de las causas detrás de una prohibición o una permisión. Hemos tratado de mostrar la profunda sabiduría de la Sharía Islámica en sus legislaciones concernientes a lo Halal y a lo Haram, de manera que cualquiera con visión pueda ver que Allah no es arbitrario en sus mandamientos, no permite las cosas por ser muy tolerante con la gente ni las prohibe para hacerles la vida más miserable. Al contrario, Allah les ha legislado lo que más les conviene, protegiendo sus vidas, su intelecto, su propiedad, su moral y su honor;  y los guía hacia el éxito en esta vida y el Más Allá.

            Todas las leyes hechas por el hombre son defectuosas e incompletas, pues los legisladores, ya sean individuos, gobiernos o tribunales, se limitan a tratar las consideraciones materiales solamente, dejando de lado las demandas de la religión y  la moral. Estos legisladores humanos están siempre confinados al estrecho encierro del nacionalismo y los intereses de un solo sector de la humanidad, prestando muy poca atención  al mundo en general y  a las más amplias necesidades de la humanidad; ellos legislan para el presente, sin saber lo que les depara el futuro, ni  los efectos que sus leyes tendrían. Por sobre todo, los legisladores son seres humanos sujetos a sus propias debilidades, deseos y prejuicios. "El hombre, en cambio, se hizo cargo.  Es, ciertamente, muy impío, muy ignorante." (33:72) Por todo esto, no nos debe sorprender que las leyes hechas por hombres sean de corta visión, superficiales, enfocadas sólo al interés material de la sociedad y sólo proveen soluciones temporales. No nos debe sorprender, pues, si la legislación humana sobre lo que es lícito y lo que es ilícito esté, en gran medida, influenciada por la opinión pública, por grupos de interés (lobbys) y por lo que es popular o impopular. Así pues, ciertas cosas se definen como permitidas sabiendo que son extremamente peligrosas y de consecuencias maléficas.

            Un ejemplo de esto nos será suficiente. El gobierno de los Estados Unidos de América legalizó el consumo de bebidas alcohólicas, revocando la legislación anterior que lo prohibía. La prohibición fue revocada a pesar del sabido mal y perjuicio que el consumo del alcohol causa a los individuos, las familias y la sociedad. En cambio, la Sharía Islámica está libre de todos estos defectos. Y no podía ser de otra manera, si fue legislada por el Omnisapiente Creador que está muy al tanto de su creación, de lo que les conviene y de lo que son capaces: " Allah distingue al corruptor del reformador. Y si Allah hubiera querido os habría  afligido. Allah es poderoso, sabio." (2:220)  "¿No va a saber Quien ha creado, Él, Que es el Sutil, el Bien Informado?" (67:14)

            Esta es la Ley del Sapientísimo Dios. El no ha prohibido nada innecesariamente ni permite las cosas al azar. Su creación tiene medida y Sus leyes son armoniosas.

            Es la Legislación  del Señor Misericordioso. El desea la facilidad para los seres humanos y no les desea dificultad. Y no podía ser de otra forma; si El es más compasivo con Sus siervos que sus propias madres.

            Esta es la Legislación del Soberano Todopoderoso. El es independiente de Sus siervos y no está parcializado por una raza o una generación, permitiendo a unos lo que prohibe a otros. ¿Cómo podría ser así, si es el Señor de toda la humanidad?

            Esto es lo que el musulmán cree en lo concerniente a lo que Allah ha hecho lícito e ilícito y lo que ha legislado en otros aspectos. El musulmán acepta esto con una mentalidad convencida, un corazón contento y una fuerte determinación para cumplirlo. De hecho, el musulmán considera que su éxito en esta vida y en el Más Allá depende enteramente de su observancia de los límites impuestos por Allah,  de la obediencia a Sus mandamientos y la observancia de Sus prohibiciones. Para poder asegurarse su felicidad y suceso en ambos mundos, entonces, él debe abstenerse de transgredir estos límites.

            Para ilustrarles de cuán observantes eran los musulmanes de la Primera Generación en relación a los límites impuestos por Allah y de cuánto lucharon  para implementar Sus mandamientos, citaremos dos ejemplos de sus vidas.

PRIMER EJEMPLO

            Cuando hablamos de la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas, mencionamos cuanto gustaban los árabes de beber vino y de cuánto disfrutaban las borracheras. Entonces, Allah el Altísimo gradualmente los fue alejando del alcoholismo hasta que reveló las aleyas decisivas prohibiendo la bebida totalmente y por siempre; la llamó  " abominación y obra del Demonio" (5:90). Así pues, el Profeta (B y P) prohibió a los musulmanes beber alcohol, venderlo o darlo como regalo a los musulmanes.

            Cuando los musulmanes oyeron sobre la prohibición de la bebida alcohólica, fueron directamente a sus despensas de vino y las derramaron en las calles de Medina como muestra pública de que abandonaron la bebida. Aún más destacable, en expresar la sumisión a lo que Allah legisló, fue la acción de los que estaban bebiendo vino cuando se les informó de la aleya "El Demonio quiere sólo crear hostilidad y odio entre vosotros valiéndose del vino y del juego de azar, e impediros que recordéis a Allah y hagáis la azalá. ¿Os abstendréis, pues?" (5:91). Sin dudarlo por un momento vertieron todo el licor que quedaba en sus copas exclamando: "¡Oh Señor! ¡Nos abstenemos!"

            Cuando comparamos este éxito manifiesto en combatir y erradicar el alcoholismo de entre la sociedad Islámica con el desastroso y fallido intento del gobierno de los Estados Unidos de América,[2] quienes decidieron un día combatir este mal a través de la fuerza y la ley, no podremos evitar la obvia conclusión de que los seres humanos no se reforman sino con  los medios de la Sharía Islámica, que se basa en la fe y la consciencia de la gente antes de arriesgares a aplicar la autoridad y la fuerza.

EL SEGUNDO EJEMPLO

            Aquí mencionaremos la respuesta de la primera generación de mujeres musulmanas a la prohibición de Allah de exponer sus ornamentos  y la orden de ser modestas y cubrir su aura.

Durante el periodo de la ignorancia, las mujeres solían andar con su pelo, su cuello y su busto descubierto, exhibiendo los ornamentos que llevaban, aretes y collares , por ejemplo. Allah prohibió entonces esta desenfrenada exhibición de la era de la Ignorancia, ordenando a las mujeres que se distingan de las mujeres de la Ignorancia al practicar la modestia y cubrirse las cabezas con el velo, además del cuello y el busto.

            A  continuación, presentamos el relato de Aisha, madre de los creyentes, sobre la manera en que las mujeres de los emigrantes y de los Ansar recibieron la orden de realizar un gran cambio en su estilo de vida, afectando su apariencia, vestido y ornamentación. Aisha dijo: "¡Que Allah tenga misericordia de las mujeres emigrantes y ansaríes! Cuando la aleya  "Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo ..." (24:31) fue revelada, rasgaron sus vestidos para tener con qué cubrirse"[3]

            Cuando Aisha estaba en compañía de otras mujeres, ellas mencionaron a las mujeres de Curaish y sus méritos; Aisha dijo: "Las mujeres de Curaish son verdaderamente buenas; pero, ¡Por Allah!, no he visto mujeres mejores que las ansaríes en la implementación del Libro de Allah y creer en la revelación. Cuando la aleya "Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo ..." (24:31) de la sura "Al Nur", fue revelada, los hombre volvieron a sus hogares y se la recitaron a sus esposas. Ni bien terminaron los hombres de recitar la aleya a sus esposas, hijas, hermanas o cualquier otra familiar, ellas se cubrieron con cualquier pedazo de tela disponible, hasta con cortinas que tenían imágenes. Se cubrieron la cabeza de manera que, cuando vinieron  a la oración detrás del Profeta (B y P), pareció como si tuvieran cuervos asentados sobre sus cabezas".[4]

            Así respondieron las mujeres creyentes a lo que Allah les ordenó. Se apresuraron a implementar lo que El les ordenó y abandonar lo que El les prohibió sin dudar, analizar o esperar. Ni siquiera esperaron uno o dos días para conseguirse alguna tela apropiada y suave para costurarla y  ponérsela sobre su cabeza y  busto, al contrario; cualquier tejido disponible, áspero, colorido, con imágenes, fue suficientemente suave y apropiado. Si no había una tela disponible. Algunas rasgaron sus vestidos y se ataron los retazos sobre la cabeza, sin importarles en ese momento su apariencia, la cual, según dijo La Madre de los creyentes, parecía como si tuviesen cuervos posados en sus cabezas.

            Lo que queremos destacar aquí es que el mero conocimiento académico de lo lícito y lo ilícito y sus límites no es suficiente. Aunque los pecados capitales y las principales obligaciones son por demás conocidas para la gran mayoría de los musulmanes, vemos a un gran número de ellos cometiendo estos pecados y descuidando estas obligaciones, corriendo hacia el fuego con los ojos abiertos.

            Si el musulmán conoce bien Su religión y su Ley (Sharía), y al mismo tiempo posee una conciencia muy alerta que mantiene los límites que  no deben ser transgredidos, es pues rico en bienaventuranza. El Profeta (B y P) tenía mucha razón cuando dijo: "Cuando Allah desea el bien para una persona hace que su propia conciencia la vigile"[5]

            Terminamos nuestro libro con la siguiente plegaria que nos ha llegado de los primeros musulmanes:

            ¡Oh Allah! Haznos independientes de lo que prohibes a través de lo que nos permites, de desobedecerte por medio de la obediencia a Ti; y haznos independiente de otros fuera de ti por medio de Tu bondad.

            Todas las alabanzas sean para Allah, Subhanahu va Ta'ala, Glorificado y Elevado sea, Quien nos guió a esto. Si El no nos hubiese  guiado no nos habríamos guiado.


  • [1] Citado por Al Bujari, Muslim y otros. El relato fue tomado Al Tirmidhi.
  • [2]Una discusión más detallada de esta comparación se encuentra en nuestro libro: "El Rol de la fe en la vida" bajo el título de "Fe y Moral"
  • [3]Citado por Al Bujari
  • [4]Ibn Kathir menciona esto cuando comenta la aleya; lo hace bajo la autoridad de Abu Hátim.
  • [5]Al 'Iraqi dijo: "Al Dailamí lo mencionó en su "Musnad Al Firdaus" de buena fuente"