LA PERMISIBILIDAD DE LAS AGENCIAS


            Con la excepción de los casos mencionados, la intervención de agentes es permitida, pues es un tipo de mediación y contacto entre el comprador y el vendedor, lo cual, en muchos casos, facilita una transacción lucrativa para uno de ellos o para ambos.

            En estos tiempos, los intermediarios se han hecho más necesarios que nunca a causa de las complejidades del comercio y los negocios que incluyen toda clase de importaciones y exportaciones, ventas al por mayor y por menor y compras.  Los agentes intermediarios juegan un papel muy importante en el movimiento del mercado. Y no hay, pues, nada malo en que el agente cobre una comisión por sus servicios. La comisión puede ser una cantidad fija o puede ser proporcional a las ventas, o como sea que acuerden las partes.  Al Bujari relata lo siguiente en su "Sahih": "Ibn Sirín, 'Atá, Ibrahim y Hasan no veían nada de malo en las comisiones cobradas por los agentes.  Ibn 'Abbás dijo:  'No hay perjuicio  alguno si una persona dice a otra:  vende este vestido, y si lo vendes por tal cantidad, puedes quedarte con el resto'.  Ibn Sirín dijo 'No hay nada de malo si una persona le dice a otra:  'Vende a este precio y quédate con la ganancia' o 'la ganancia será compartida entre tu y yo'. El Profeta (B y P) dijo: "Los musulmanes deben atenerse a sus términos"[1].

EXPLOTACION Y FRAUDE

            A fin de prevenir la manipulación del mercado, el Profeta (B y P) también prohibió lo que se llama en árabe nayash [2]. Ibn Omar explicó que nayash significa que alguien ofrece por un producto una cantidad mucho mayor al valor actual del producto; y lo hace sin la intención de comprarlo, sólo lo hace para que otros tengan que aumentar sus ofertas.  Muchas veces esta práctica es preconcebida y arreglada para engañar a los demás.

            Entre las medidas que el Profeta (B y P) tomó para mantener las transacciones comerciales lo más lejos posible de toda clase de explotación y fraude estaba el prohibir a la gente salir fuera de las poblaciones a comprar mercadería que estaba en camino al mercado; debían esperar hasta que la mercadería llegue al lugar del mercado [3].  La razón de esta prohibición es que el lugar del mercado, donde la fuerzas de la oferta y la demanda determinan los precios, es el mejor lugar para negociar las transacciones.  Si alguien sale de la población para comprar de un comerciante que está trayendo mercancías, existe la posibilidad de que el vendedor, al no saber el precio actual de su mercadería, sea engañado.  Si alguien le compra parte de su mercadería de esta manera, el vendedor tiene la opción de cancelar el acuerdo despues de arribar al lugar del mercado [4].

"QUIEN NOS ENGAÑA  NO ES DE LOS NUESTROS"

            El Islam prohibe toda clase de fraude y engaño, sea al comprar o al vender o en cualquier otro asunto entre las personas. El musulmán debe ser honesto y veraz en todas las situaciones, valorando su fe más que cualquier ganancia mundanal.  El Profeta (B y P) dijo:  "Ambas partes en una transacción de negocios tienen el derecho de cancelarla hasta que se separan. Si dicen la verdad y dejan todo en claro, serán benditos en la transacción;  pero si mienten y ocultan algo, se les retirará la bendición"[5].  También dijo:  "No es permitido vender un artículo sin dejar todo aclarado (sobre el mismo);  tampoco es permitido que alguien que sabe (sobre sus defectos) se abstenga de mencionarlos"[6].

            Cierta vez que el Profeta (B y P) pasaba frente a un mercader de granos, algo despertó su curiosidad.  Introdujo su mano en la pila de grano y lo hallo mojado por debajo.  "¿Que es esto Mercader?", preguntó.  "Es a causa de la lluvia", respondió el hombre.  El Profeta (B y P) le dijo entonces "¿Porqué no lo pusiste encima para que la gente lo pueda ver?. Quien nos engaña no es de los nuestros"[7].

            En otro relato se dice que él pasó junto a un montón de grano que fue arreglado por el comerciante para que parezca todo bueno.  El Profeta (B y P) introdujo en él su mano y descubrió que estaba mal abajo.  Dijo al comerciante:  "Vende el grano bueno y el malo por separado.  Quien nos engaña no es de los nuestros"[8].

            Los musulmanes de los primeros tiempos observaban estrictamente la práctica de exponer los defectos de lo que vendían, de decir la verdad y de dar buen consejo.  Cuando Ibn Sirín vendió una oveja, dijo al comprador:  "Me gustaría mencionarte un defecto que tiene:  patea el forraje".  Y cuando Al Hasan  bin Sáleh vendió una esclava dijo al comprador: "Ella escupió sangre una  vez".  A pesar de haber pasado esto una sola vez, la conciencia musulmana de Al Hasan requería que él mencione el hecho, aunque le resulte recibir un precio menor.

JURANDO CON FRECUENCIA

            El pecado de engañar se hace aún peor cuando el vendedor sostiene el engaño jurando [9] en falso.  El Profeta (B y P) dijo a los comerciantes que eviten jurar en general y, en especial, para respaldar una mentira, "Jurar asegura una venta pero quita la bendición"[10].

            El Profeta (B y P) desaprobó los frecuentes juramentos en las transacciones comerciales porque es probable que se hagan para engañar gente y porque reducen el respeto por el nombre de Allah.

MANTENIENDO LA MEDIDA JUSTA

            Una forma de engañar al cliente es aplicar el peso o la medida incorrectamente.  El Corán enfatizó este aspecto de las transacciones comerciales e incluyó lo siguiente entre las diez obligaciones mencionadas al final de la Sura "Al An'am":

" ...  ¡Dad con equidad la medida y el peso justos!  No pedimos a nadie sino según sus  posibilidades...". (6:152).

Allah también dice: 

"Cuando midáis, dad la medida justa y pesad con una balanza exacta.  Es mejor y da muy buen resultado".(17:35)

"¡Ay de los defraudadores, que  cuando piden a otros la medida exigen la exacta, pero que, cuando ellos miden o pesan para otros, dan menos de lo debido!
¿No cuentan con ser resucitados un día terrible, el día que comparezcan los hombres ante el Señor del universo?"(83:1-6)

            El musulmán debe tratar de ser justo al medir y pesar dentro de lo humanamente posible;  sin embargo, la exactitud absoluta en este sentido es imposible.  Por esto mismo es que el Corán dice:  despues de mandar ser justos con la medida:  " No pedimos a nadie sino según sus  posibilidades ".

            El Corán narra la historia de gentes que eran deshonestas en sus  tratos comerciales, desviándose de la justicia en el peso y la medida, siendo miserables unos con otros.  Allah el Altísimo mandó un enviado para hacerles volver a la justicia y la honestidad, además de la fe en su Unicidad.  Esta era la gente del Profeta Shu'aib (B y P) quien era un admonitor y un predicador. El  los invitó así:

"¡Dad la medida justa, no hagáis trampa!  ¡Pesad con balanza exacta!  ¡No dañéis a nadie en sus cosas y no obréis mal en la tierra corrompiendo!" (26: 181-183).

Lo que es correcto en los pesos y medidas se aplica también a todos los demás asuntos y relaciones humanas.  El musulmán no tiene permitido usar dos parámetros, uno para sí y otro para los demás, una cosa para los cercanos y queridos y otra para el público, demandando todos sus derechos y los de quien lo apoyan,  pero despreciando y allanando los derechos de los demás.

ES ILICITO COMPRAR PROPIEDAD ROBADA

            A fin de combatir el crimen y confinar al criminal dentro de una muy reducida esfera de actividad, el Islam prohibe al musulmán comprar cualquier artículo que el sepa que ha sido usurpado, robado o tomado injustamente de su dueño; quien lo hace fomenta al usurpador, el ladrón, o al que comete una injusticia en su crimen respectivo.  El Profeta (B y P) dijo: "Quien compra propiedad robada, sabiendo, comparte el pecado y la vergüenza del robo"[11].

            El paso del tiempo no hace que un artículo robado o usurpado sea legalmente lícito.  Pues en el Islam, el mero paso del tiempo no hace que el Haram se haga Halal ni priva al verdadero dueño de su derecho.

LA PROHIBICIÓN DE LA USURA

            El Islam permite aumentar el capital a través del comercio.  Allah el altísimo dice:

"¡Creyentes!  No os devoréis la hacienda injustamente unos a otros.  Es diferente si comerciáis de común acuerdo.  No os matéis unos a otros.  Allah es misericordioso con vosotros". (4:29).

            Al mismo tiempo, el Islam cierra las vías para quien desea aumentar su capital prestándolo al interés o la usura (RIBA), ya sea la tasa baja o alta.
            El Corán reprende a los judíos por practicar la usura que se les había prohibido.  Entre los últimos versos revelados están los siguientes de la sura Al Baqara:

"¡Creyentes! ¡Temed a Allah! ¡Y renunciad a los provechos pendientes de la usura, si es que sois creyentes!
Si no lo hacéis así podéis esperar guerra de Allah y Su Enviado.  Pero, si os  arrepentís, tendréis vuestro capital, no siendo injustos ni siendo tratados injustamente".(2:278-279).

            El Profeta declaró la guerra a la usura y a los usureros; destacó los daños que causa a la sociedad diciendo:  "Cuando la usura y la Fornicación aparecen en una comunidad, la gente de la misma se hace merecedora del castigo de Allah"[12].
            Entre las religiones reveladas, el Judaísmo [13], antes del advenimiento del Islam, había prohibido la usura y el interés.  En el Antiguo Testamento leemos:  "Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a los pobres que tú conoces, no serás como el usurero, no le exigirás interés". (Exodo 22:25).
            Entre los cristianos, vemos que el Evangelio según Lucas dice:  "Da al que te pide , y al que te quita de lo tuyo, no se lo reclames". (Lucas 6:30).
            Es pues, triste ver que el Antiguo Testamento ha sido sujeto a tales distorsiones que el significado de  "mi gente", que originalmente era más amplio, fue aplicado sólo a los judíos, como leemos en Deuteronomio: "Al extranjero podrás prestarle con interés, pero a tu hermano no, para que Yavé, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas, en la tierra que vas a poseer". (Deuteronomio 23:20)

LA SABIDURÍA DE PROHIBIR EL INTERÉS:

            La estricta prohibición del interés en el Islam es el resultado de su profunda preocupación por el bienestar moral, social y económico de la humanidad.  Los eruditos musulmanes han presentado fuertes argumentos para explicar lo sabio de esta prohibición y recientes estudios han confirmado sus opiniones con algunas adiciones y extensiones.
            Nos abocaremos a lo que el Imam Al Razi dice en su Tafsir del Corán:

  1. Primero:  Recibir intereses significa tomar la propiedad de alguien sin darle nada a cambio.  Porque quien presta un dirham[14] por dos dirhams, obtiene el dirham extra por nada.  Ahora, la propiedad de un hombre es para satisfacer sus necesidades y goza de una gran santidad.  Según un hadiz:  "La propiedad  de un hombre es tan santa como su sangre" [15]. Esto significa que tomar lo del él sin darle algo a cambio es haram.
  2. Segundo:  La dependencia del interés evita que la gente trabaje para ganar dinero.  Pues una persona con dinero puede ganar dinero extra a través del interés, a corto o largo plazo, sin trabajar por él.  El valor del trabajo se reducirá en su estimación y no se preocupará en administrar un negocio o arriesgar su dinero en comercio o industria.  Esto causará que la gente no tenga utilidades y los negocios del mundo entero no pueden andar sin industrias, comercio y mercadeo o construcciones, pues todas estas actividades necesitan capital en riesgo.  (Esto, de un punto de vista económico, es un argumento muy fuerte).
  3. Tercero.  Permitiendo recibir intereses desalienta a la gente de hacer el bien unos a otros, como lo requiere el Islam.  Si el interés se prohibe en una sociedad, las gentes se prestarán unos a otros con buena voluntad y sin esperar en retorno nada más que lo que prestaron.  Si el interés es permitido, la persona necesitada deberá pagar más en interés (devolviendo más de lo que se le prestó); esto debilitará sus sentimientos de buena voluntad y amistad, hacia el prestamista (Este es el aspecto moral de la prohibición del interés).
  4. Lo más probable es que el prestamista sea rico y el que pide prestado sea pobre.  Si se permite el interés, el rico estará explotando al pobre y esto va contra el espíritu de piedad y de caridad.  (Este es el aspecto social de la prohibición del interés)[16].

Así pues, en una sociedad donde el interés es permitido, el fuerte se aprovecha del sufrimiento del débil.  Por esto, el rico se hace más rico y el pobre más pobre, creando castas socioeconómicas muy separadas en la sociedad.

Naturalmente, esto engendra envidia y odio entre los pobres respecto a los ricos y sentimientos de menosprecio y dureza entre los ricos respecto de los pobres.  Surgen los conflictos, la estructura socioeconómica se resquebraja, nacen las revoluciones y el orden social es amenazado.
La historia reciente ilustra ampliamente los peligros que guardan las economías basadas en el interés para la paz y la estabilidad de las naciones.

EL QUE SE PRESTA CON INTERES Y QUIEN REGISTRA EL ACUERDO:

            Indudablemente, el prestamista que recibe interés, obteniendo de sus clientes más que su capital, es maldecido ante Allah y la gente. Pero el Islam, con su método característico de tratar con lo ilícito, no limita la culpa al prestamista usurero solamente; sino que considera a quien se presta pagando interés, a quien registra el acuerdo y al testigo como cómplices.  Un hadiz dice:  "Allah maldijo a quien recibe intereses, a quien los paga, a quien escribe el contrato y a quien hace de testigo en el mismo"[17].

            Sin embargo, si una persona se ve obligada a prestarse dinero pagando interés debido a una necesidad imperiosa, el pecado recaerá sobre el prestamista solamente.  Pero, para establecer que la necesidad es tan imperiosa, se deben cumplir las siguientes condiciones:

  1. La necesidad debe ser real; no meramente una extensión del alcance de nuestras necesidades y el deseo de lujo.  La necesidad debe ser tan básica que la vida no sería posible si no se satisface; por ejemplo, comida, alimento o tratamiento médico.
  2. La excepción debe limitarse a la cantidad exacta requerida.  Así pues, si nueve dólares son suficientes, prestarse diez es ilícito.
  3. La persona debe  seguir buscando formas de salir del problema y sus hermanos musulmanes deben ayudarlo en ello.  Si no se encuentra otra salida, podrá recurrir a prestarse pagando intereses sin la intención de aprobarlo o transgredir los límites;  y mantener la esperanza en el perdón de Allah, pues ciertamente que Allah es Clementísimo y Misericordioso.
  4. Debe seguir desaprobando y odiando hacerlo hasta que Allah le abra otras vías.

EL PROFETA SOLIA PEDIR REFUGIO EN ALLAH CONTRA LAS DEUDAS

            El musulmán debe estar al tanto de que su religión le ordena ser moderado en sus hábitos de vida y moderado en sus asuntos económicos:

" ¡Y no cometáis excesos, que Allah no ama a los inmoderados!". (6:141).

"... pero sin gastar demasiado, que los pródigos son hermanos de los demonios, y el Demonio es desagradecido para el Señor".(17:26-27).

            Cuando el Corán pidió a los musulmanes que gasten en la causa de Allah, no les pidió que gasten todo sino sólo una parte de su fortuna.  Si una persona gasta sólo una parte de lo que gana no es muy probable que viva desprovisto.  Así pues, con moderación en sus hábitos de vida y control en sus gastos, el musulmán no se verá obligado a prestarse.  El Profeta (B y P) detesta que el musulmán esté endeudado porque la deuda es una preocupación por la noche y una humillación por el día; siempre pedía la protección de Allah contra las deudas; solía decir:  "¡Oh Allah!  En ti me refugio del peso de las deudas y de la ira de los hombres"[18].  También decía: " me refugio en Ti de la incredulidad y de las deudas".  Un hombre le preguntó "¿Igualas las deudas con la incredulidad?".  El respondió:  "Si" [19].  En sus plegarias solía decir frecuentemente:  "¡Oh Allah!  En Ti me refugio del pecado y de las deudas".  Cierta vez se le preguntó:"¿Porque pides refugio a Allah contra las deudas con tanta frecuencia?"  El respondió:  "Quien está endeudado miente y rompe sus promesas"[20].

            De estas palabras queda claro que prestarse puede significar un peligro para la integridad moral de la persona.
            El Profeta (B y P) rehusaba dirigir las oraciones fúnebres de alguien que moría endeudado sin dejar bienes suficientes para pagar sus deudas.  Hizo esto para desalentar a los demás de morir en tal situación. Años después, cuando Allah le concedió parte de los botines de guerra, pagaba las deudas de tales personas y dirigía sus oraciones fúnebres [21].

            También dijo:  "todo se le perdonará al Shahid (mártir en la causa de Allah) excepto sus deudas"[22].
            El musulmán que sabe de estos hadices nunca recurrirá a préstamos sino en casos de necesidad directa; y si se presta siempre estará consciente de su obligación de pago.  Un hadiz dice:  "Si un hombre se presta algo de otros con la intención de devolvérselos,  Allah le ayudará a hacerlo.  Pero si se presta sin intención de devolverlo.  Allah lo llevará a la ruina" [23].

            De manera, si  un musulmán no debe recurrir a la clase de préstamos lícitos (sin pago de intereses) sin una necesidad urgente, ¿Que podremos decir de prestarse dinero con interés?

VENTAS A CREDITO

            A pesar de ser mejor comprar un artículo al contado, es también permitido comprar a crédito por mutuo consentimiento.  El Profeta (B y P) compró un poco de grano de un judío, a ser  pagado en un tiempo especificado, y dejó  su cota de malla como garantía [24].

            Ciertos juristas tienen la opinión de que, si el vendedor aumenta el precio cuando el comprador solicita realizar distintos pagos a plazos, como es común en las compras a plazos, la diferencia de precio a causa del crédito se asemeja al interés. Por lo tanto, declaran las ventas a crédito con tal diferencia como ilícitas. 

Sin embargo, la mayoría de los eruditos las permite porque el principio básico es la permisibilidad de las cosas; y no hay, en general, ningún parecido entre la usura y tal transacción, pues el vendedor es libre de aumentar el precio como vea conveniente, mientras no llegue al punto de ser una   flagrante explotación o una clara injusticia, pues en tales casos es ilícito. Al Shaukani dice:  "En la base de las razones legales, los seguidores de la escuela Shafi'i y la Hanafi, Zaid bin Ali, Al Mu'aied Billah y la mayoría de los eruditos, lo consideran permitido"[25].

PAGOS ADELANTADOS

            El musulmán tiene permitido hacer un pago por adelantado de un total específico por una cantidad específica de mercadería a ser entregada en el futuro, en una fecha específica.  Este tipo de transacciones prevalecía en Medina cuando el Profeta (B y P) llegó a ella.  El introdujo ciertos cambios y condiciones en este tipo de transacción a fin de ponerla  en conformidad con la Ley Islámica.  Ibn Abbás relató, "cuando el Profeta (B y P) llegó a Medina, ellos solían pagar con uno o dos años de adelanto por la fruta, pero él dijo:  "Quienes pagan por adelantado deben hacerlo por una medida o un peso específico; especificando el tiempo de entrega"[26].

            Estas condiciones de especificar la medida, o el peso, y el tiempo  evitan las dudas y los malentendidos.  De la misma manera se solía hacer el pago adelantado por los frutos de cierto número de palmeras; pero el Profeta (B y P) lo prohibió en vista de la posibilidad de pérdidas inesperadas por las plagas.  Entonces, la forma apropiada de compras por adelantado es especificando el peso o la medida, en vez de vender los frutos de cierto número de árboles o la cosecha de cierta área cultivada.  Sin embargo, tal transacción se torna ilícita si el dueño de los árboles o el cultivo está siendo claramente explotado porque necesita el dinero.

SOCIEDAD ENTRE EL CAPITAL Y EL TRABAJO

            Debemos decir que Allah el Glorioso ha distribuido el talento y la fortuna entre los seres humanos de acuerdo a un sabio plan de distribución.  Encontramos muchas personas talentosas o experimentadas que no tienen mucha riqueza o no tienen ninguna, mientras que otros tienen inmensa fortuna y poco o nada de talento.  ¿Porqué, pues, no se dirige el pudiente hacia el talentoso dándole parte de su fortuna para invertir en un negocio rentable, para que ambos puedan beneficiarse mutuamente y repartirse las ganancias de acuerdo a una fórmula preestablecida?  Los negocios a gran escala, en especial, requieren la cooperación de varios inversionistas.  Entre la gente, encontramos a un gran número de personas que tiene ahorros y capitales excedentes pero que no cuentan con el tiempo  o la capacidad de invertirlos.  ¿Porqué no se reúnen estos fondos y se ponen bajo la administración de gente capaz que los invertirá en importantes proyectos a gran escala?

            Sostenemos que la Sharía no ha prohibido la cooperación entre el capital y la administración, o entre el capital y el trabajo, con el sentido islámico de estos términos.  De hecho, la Sharía establece una firme y justa base para tal cooperación.  Si el dueño del capital desea hacerse socio del trabajador, debe aceptar compartir todas las consecuencias de su sociedad.  La Sharía establece la condición de que en tales sociedades, llamadas Al Mudáraba o Al Qirad, las dos partes deben acordar compartir las ganancias, si las hay, y las pérdidas, si las hay, en una proporción previamente establecida.  Esta proporción puede ser:  la  mitad, un tercio, un cuarto, o cualquier otra proporción, para una de las partes y el resto para la otra.  La sociedad entre capital y labor es, pues, la de dos partes que comparten la responsabilidad, teniendo cada parte su cuota, de ganancia o perdida, grande o pequeña.  Si, en el balance, las pérdidas exceden a la ganancia, la diferencia se carga sobre el capital.   Esto no debe sorprendernos, pues mientras el dueño del capital ha sufrido una pérdida en su fortuna, el socio trabajador ha perdido su tiempo y esfuerzos.

            Esta es la ley del Islam en los contratos de sociedad.  Si se le garantiza al dueño del capital una ganancia fija sobre su capital, sin importar la magnitud de la ganancia o la pérdida, sería una clara violación a la justicia y una inclinación en favor del capital en contra de la experiencia inversionista y el trabajo; también estaría en contra de las realidades de la inversión, que siempre encierra riesgos.  Garantizarle ganancias a la persona que no se ha esforzado ni a tomado riesgo alguno es la esencia misma de la abominable usura.

            El Profeta (B y P) Prohibió las sociedades de tierra  cultivada llamadas Muzara'a (cultivo compartido) [27], en las cuales el contrato garantiza  a una de las partes la producción de una área especifica del cultivo o una cantidad fija de la cosecha, como ser una o dos toneladas.  El Profeta (B y P) prohibió esto porque tal transacción es similar a la usura o a los juegos de azar; pues, si el cultivo produce menos de lo que se ha especificado o no produce nada, uno de los socios aún recibirá su parte, mientras que el otro sufrirá una pérdida total, lo cual es contrario a la justicia.

            El hadiz es explícito en invalidar el "cultivo  compartido" con la mencionada condición y es, en mi opinión, la base del consenso de los juristas de que ninguna sociedad es válida si dedica una ganancia fija para uno de los socios en todos los casos, sin importar si la inversión fue exitosa o no. Dicen : "Supongamos que uno de los socios ponga como condición que el debe recibir una cantidad específica de dinero.  En caso que la ganancia final no exceda tal cantidad, él se estaría llevando toda la ganancia;  incluso si no hay ganancia él recibiría lo estipulado.  Por otro lado, si la ganancia es grande, él se vería molesto por la condición de recibir sólo la cantidad especifica".  Este razonamiento está de acuerdo con el espíritu del Islam, que basa todos los asuntos del hombre en principios de justicia e igualdad claramente definidos.

SOCIEDADES ENTRE CAPITALISTAS

            Así como es permitido que el musulmán use su fortuna para cualquier propósito permitido o que se la dé a una persona experimentada y capaz para inversiones de riesgo compartido (Joint venture), es también permitido que junte su fortuna con la de otros para inversiones, comercio o cualquier empresa legal de negocios.

            Existe una gama infinita de actividades y proyectos; unos requieren mucho trabajo, otros un esfuerzo mental intensivo y otros un gran capital.
            Los individuos solos no pueden conseguir mucho, pero cuando se unen a otros, pueden logran muchas cosas.  Allah dice:

"  Ayudaos unos  a otros a practicar la piedad y el temor de Allah, no el pecado y la violación de la ley.  ¡Y temed a Allah!  Allah castiga severamente".(5:2).

            Cualquier acto que produce buenos resultados para el individuo o la sociedad, o que quita un mal, es una buena obra.  Y una buena obra se hace piedad cuando se le añade la buena intención.  El Islam no se contenta con permitir tales empresas de sociedades sino que las alienta y las bendice, prometiéndoles la ayuda de Allah en esta vida y Su recompensa en la otra, mientras las empresas estén dentro de lo que Allah estableció como Halal, lejos de la usura (el interés) y de la ambigüedad, la injusticia, el fraude o cualquier tipo de engaño.  En este sentido, el Mensajero de Allah (B y P) dijo:  "La mano de Allah esta con dos socios siempre que no se engañen uno al otro; pero cuando uno engaña a su socio, Allah retira su mano de ambos"[28]"La mano de Allah", es Su ayuda, Su inspiración y bendición. 

El Profeta (B y P) también anuncia , en un hadiz qudsí, que Allah dice:  "Yo soy el tercero de dos socios, mientras no engañe uno al otro; pero cuando uno engaña al otro, los abandono"[29].  La versión de Al Razi añade "y Satán viene"[30].

COMPAÑIAS DE SEGUROS

            Ahora tocaremos la importante cuestión de las compañías que emiten seguros de vida y seguros contra perjuicios y accidentes.  ¿Cuál es la posición del Islam al respecto y cuál es la ley?

            Antes de responder a esta pregunta debemos primero investigar la naturaleza de tales compañías y la naturaleza de la relación entre el asegurado y la firma aseguradora.  En otras palabras ¿Es el asegurado un socio de los dueños de la aseguradora?  Si ese  fuera el caso, cada individuo asegurado por la firma debe recibir su parte de las ganancias o de las pérdidas, porque este es el significado de sociedad en el Islam.

            Sobre los seguros contra daños y perjuicios, el asegurado paga una cuota especifica durante el año; la compañía se queda con las cuotas recibidas y nada es devuelto al asegurado.  Si, por otro lado, alguna calamidad ocurre, el individuo asegurado recibe la suma preestablecida.  Este tipo de transacción está muy lejos de todo comercio o sociedad.

            Sobre los seguros de vida, suponiendo que una persona toma un seguro de vida por 20.000 dólares y muere inmediatamente despues de pagar la primera cuota, sus beneficiarios recibirán la entera suma de 20.000 dólares.  Si esto hubiese sido una sociedad, ellos recibirían sólo la suma de la primera cuota que el asegurado pagó más las ganancias que se obtuvieron por ella.   Además, si el asegurado deja de pagar sus cuotas después de pagar algunas, según los términos del contacto de seguro, el perderá todo o gran parte de lo que ha pagado.  Lo menos que uno puede decir sobre esto, en el contexto del sistema legal Islámico, es que es una condición invalida.

            El argumento de que ambas partes, el asegurado y la firma  aseguradora, entran en este contrato voluntariamente y de acuerdo con su propios intereses no tiene valor; pues así también lo hace el prestamista y el deudor en la usura y dos apostadores en los juegos de azar.   El consentimiento mutuo de ambas partes no tiene validez en una transacción que no está basada en justicia y equidad, y que no está libre de ambigüedad o explotación.  Además, siendo la justicia, sin dañarse o dañar a otros, el criterio final aquí, una transacción es inválida si estipula que en ciertas situaciones una de las partes se lleva todo sin que la otra tenga ningún beneficio garantizado.

¿LAS COMPAÑÍAS DE SEGURO CONSTITUYEN COOPERATIVAS?

            Nos queda muy claro que la relación entre el asegurado y el asegurador no constituye una sociedad.  La pregunta entonces es:  ¿Cuál es la naturaleza de esta relación? ¿Es  una relación de cooperación? ¿Se puede considerar a las firmas aseguradoras como cooperativas organizadas por sus miembros para ayudarse uno al otro y donde cada miembro paga cierta suma como membresía?

            Para establecer un sistema cooperativo sobre una base fuerte en cualquier grupo que desea ayudar a sus miembros en la eventualidad de una calamidad imprevista, el dinero recolectado debe cumplir con las siguientes condiciones:

  1. Cada miembro que paga su cuota de participación la pagará como una donación dentro del espíritu de hermandad.  De ésta colecta de donaciones sale la ayuda a los necesitados.
  2. Si se debe invertir parte de este dinero, se invertirá en negocios lícitos solamente.
  3. No es permitido que el miembro haga su donación con la condición de que recibirá una suma predeterminada en la eventualidad de una calamidad. En cambio; se le dará una cantidad que compense su pérdida o parte de ella, dependiendo de los fondos del grupo, del dinero reunido.
  4. Lo donado es una dádiva del donante, pedirlo de vuelta es algo ilícito [31].

Aparte de algunas cooperativas islámicas y asociaciones, en las cuales el individuo paga cierta suma mensual como donación sin derecho a recuperarla y sin la condición de recibir una cantidad predeterminada si acontece una calamidad imprevista, las condiciones anteriores no se cumplen.  En lo concerniente a las compañías de seguros - especialmente los seguros de vida -, no satisfacen las condiciones mencionadas en ningún sentido, porque:

  1. Los individuos asegurados  no pagan sus cuotas como donaciones; tal idea no se les pasa por la cabeza nunca.
  2. La firmas aseguradoras invierten su dinero en negocios que operan o prestan dinero con interés.  Todo esto es haram y el musulmán tiene prohibido participar en tales actividades.  Los juristas más estrictos y los más moderados,  todos están de acuerdo en este punto.
  3. En caso de que el asegurado sobrevive al término de su contrato, se le devuelven todas las cuotas pagadas más una suma adicional, que nos es más que un interés.

Además, los seguros están en contra del concepto de cooperación entre la gente.  Mientras el principio de cooperación requiere que el pobre y necesitado reciba más que el rico. El rico, que puede costearse primas más altas, recibe, en caso de muerte o accidente, mucho más que el pobre.

UNA MODIFICACION

            Según veo, los seguros contra accidentes pueden ser modificados de una manera que los acerque más al espíritu islámico a través de un contrato de "donación con una condición de compensación".

 El Asegurado hará sus donaciones a la compañía con la condición de que ésta lo compense, en el caso de ser azotado por una calamidad, con una suma que lo ayudará y reducirá el peso de su pérdida.  Tal tipo de transacción es permitido en algunas escuelas legales islámicas.  Si se efectúa tal modificación, y la compañía está libre de negocios con usura, se podrían declarar los seguros contra accidentes como algo permitido. Sin embargo, en lo concerniente a los seguros de vida que sería una posibilidad muy remota dentro del horizonte de las transacciones de negocios islámicas.

EL SISTEMA ISLAMICO DE SEGUROS

            Nuestras observaciones de que la forma moderna de compañías de Seguros y sus prácticas actuales son Islámicamente objetables no significa que el Islam esté en contra del concepto mismo de los seguros; sólo se opone a los medios y los métodos en vigencia.  Si se empiezan a usar otras prácticas aseguradoras, que no estén en contra de la forma islámica de transacciones de negocios, el Islam las aceptaría.

En cualquier caso, el sistema islámico ha asegurado a los musulmanes y otras personas bajo su gobierno en la forma que le es característica, la cual trasciende de todas sus enseñanzas y legislación.  Este seguro se efectúa por medio de la ayuda mutua entre las personas o a través del gobierno y su tesoro.  El Tesoro Nacional, conocido antes como Bait al Mal, es la compañía  aseguradora universal para todos los que residen dentro de los dominios de un estado Islámico.

            En la Sharía Islámica encontramos seguros personales contra accidentes y provisiones para asistir a las personas a superar los desastres que puedan azotarles. Anteriormente mencionamos que una persona que ha entrado en quiebra por causa de una calamidad tiene permitido pedir ayuda financiera, particularmente de la autoridades administrativas,  hasta que esté completamente compensada o hasta que pueda valerse por sí misma [32] .

            También encontramos el concepto de un seguro para los herederos de un fallecido en las siguientes palabras del Profeta (B y P):  "Yo estoy más cercano al musulmán que su propia persona.  Si él deja al morir algunos bienes, serán para sus herederos.  Y si deja al morir una deuda o una familia con niños pequeños, me los deja a mi y ellos serán mi responsabilidad"[33].  Esto significa que ellos son responsabilidad del Gobierno Islámico.

            La mejor forma de seguro que el Islam ha legislado para sus seguidores, entre los que merecen recibir los fondos del Zakat, es la relacionada con la categoría de los gharimín (los endeudados). Algunos de los primeros intérpretes de la palabra gharim dicen:  "denota a una persona cuya casa se ha incendiado  o cuya propiedad o comercio ha sido destruido por inundaciones u  otras calamidades".  Algunos juristas sostienen que tal persona debe recibir, del fondo del Zakat, una cantidad que restaure su anterior posición financiera, aunque la cantidad alcance muchos miles de Dólares.

EXPLOTACION DE LAS TIERRAS CULTIVABLES

            Si el musulmán posee un pedazo de tierra cultivable, debe hacer uso de ella sembrándola con cultivos o árboles.  El Islam reprueba el desuso de tales tierras, pues equivale a rechazar la bondad de Allah y a desperdiciar la fortuna, algo que el Profeta (B y P) ha prohibido.

            En este sentido, el propietario de tierras tiene las siguientes opciones:

1. Cultivar la tierra por sus propios medios.

La primera opción del terrateniente es cultivar la tierra por su cuenta.  Esto es recomendable y el propietario será recompensado por Allah por cada hombre, bestia o ave que se alimente de su huerto o cultivo.  Como mencionamos antes, los Ansaríes, de entre los compañeros del Profeta (Que Allah se complazca con ellos), eran agricultores.

 

2. Prestar la tierra a otros para que la cultiven.

Si el propietario no puede cultivar la tierra por su cuenta, puede prestarla a otra persona que pueda cultivarla empleando su propia maquinaria, obreros, semillas y animales.  Esto es también recomendable en el Islam.  Abu Huraira relató que el Profeta dijo:  "Si alguien posee tierras, debe cultivarlas o prestárselas a su hermano"[34].Yábir dijo:  "Solíamos prestar la tierra para cultivos en la época del Profeta (B y P) y se nos daba lo que restaba en las espigas despues de ser desgranadas.  El Profeta (B y P) dijo entonces:  "Si alguien posee tierras, debe cultivarlas o prestárselas a su hermano para que cultive; si no es así debe ceder sus derechos sobre ellas"[35].

Algunos eruditos  de las primeras generaciones, guiados por el significado aparente de este hadiz, sostuvieron la opinión de que la tierra cultivable puede ser usada sólo en una de las dos formas:  O las cultiva el dueño por su cuenta, o las presta a alguien más que las cultive.  En el último caso la tierra sigue siendo del propietario pero la cosecha pertenece a quien la ha cultivado.En la opinión de Ibn Abbás, la orden del Profeta (B y P) de prestar la tierra cultivable a otros, si uno no la cultiva por su propia cuenta, no era un mandato que debía ser obedecido sino solamente una recomendación a un acto laudable.  Al Bujari cita a Amr bin Dinar diciendo:  "Dije a Taoús (uno de los discípulos más apegados de Ibn Abbás):  'me gustaría  que dejes de hacer cosecha compartida pues la gente dice que el Profeta (B y P) la prohibió'.  Taoús me respondió:  'Pues el más sabio de ellos - refiriéndose a Ibn Abbás - me dijo que el Profeta (B y P) no la prohibió sino que dijo: 'Prestársela gratuitamente a tu hermano es mejor que pedir una suma fija por ella' [36].

 

3. Al Muzara'a, la cosecha compartida.

La tercera alternativa para el propietario de tierras es dar su tierra a una persona que se la cultive, usando el equipo, semillas y animales del cultivador, con la condición de que reciba un porcentaje especificado - un tercio, una mitad o lo que acuerden - de la producción  total de la tierra.  El propietario también podría proporcionar al cultivador sus semillas, maquinaria, animales o cualquier otra asistencia.  Tal acuerdo se denomina MUZARA'A, "cosecha compartida".
Al Bujari y Muslim citan de los relatos de Ibn Omar, Ibn Abbás y Yábir bin Abdullah, que el Profeta (B y P) dio a la gente de Jáibar la tierra para trabajarla y cultivarla; a cambio de ello, debían dar la mitad de lo que producía.
Para sustentar su posición,  los eruditos que consideran la cosecha compartida como lícita dicen:  "Está establecido que el Profeta (B y P) la practicó hasta su muerte y que, después de él, los Califas bien guiados la practicaron hasta sus muertes, y así lo hicieron los que vinieron después de ellos. Las esposas del Profeta (B y P) continuaron con esta práctica hasta su muerte y así sucesivamente.  Esta práctica no puede considerarse abrogada porque una abrogación, para ser válida, debe ser implementada por el Profeta (B y P) mismo en su vida.  Si el Profeta (B y P) practicó algo hasta su muerte y después todos sus sucesores y sahabis  (Que  Allah se complazca con ellos) la siguieron y ninguno se opuso a ella.  ¿Quién, pues tendría el derecho de invalidarla? Y, si fue realmente abrogada en vida del Profeta (B y P), ¿Porqué, entonces, él la siguió practicando después de abrogarla?  ¿Y como es posible que sus más cercanos sahabis y sucesores ignorasen la abrogación mientras la historia de Jáibar circulaba extensamente y ellos obraban según la misma?  ¿Y dónde está el que relató (tal hadiz) sobre la abrogación, que nadie lo conoce ni ha oído hablar de él? [37].


  • [1] La cadena de transmisión de Al Bujari no llega hasta el Profeta; pero Ahmad, Abu Dawd y Al Hákim presentan cadenas completas que si llegan hasta el Profeta (B y P).
  • [2]Citado por Al Bujari y Muslim.
  • [3]Citado por Muslim, Ahmad y Ibn Maya.
  • [4]Citado por Muslim.
  • [5]Citado por Al Bujari.
  • [6]Citado por Al Hakim y Al Baihuqui.
  • [7]Citado por Muslim.
  • [8]Citado por Ahmad.
  • [9](N del T.) Jurando que algo es cierto en el nombre de Allah.
  • [10]Citado por Al Bujari.
  • [11]Citado por Al Baihaqi.
  • [12]Citado por Al Hakim; Abu Ia'la mencionó algo similar de buenas fuentes.
  • [13]El judaísmo, en su forma original, era una religión revelada por Dios.
  • [14]N. del T.  El Dirham, era una moneda de plata que circulaba por el Califato Islámico, tal vez sea heredero del Dracma griego.
  • [15]Citado por Abu Na'im en "Al Hilba".
  • [16]Tafsir, de Fajr Al Din Al Razi.  Vol. 7, p. 4.
  • [17]Citado por Ahmad, Abu Daúd. Al Nasái, Ibn Maya y Al Tirmidhi como auténtico.
  • [18]Citado por Abu Daud.
  • [19]Citado por Al Nasái y Al Hákim.
  • [20]Citado por Al Bujari.
  • [21]De lo narrado por Yábir y Abu Huraira.
  • [22]Citado por Muslim.
  • [23]Citado por Al Bujari.
  • [24]Citado por Al Bujari.
  • [25]Nail Al Autar, Vol 5, p. 153.  Al Shaukani dijo:  "He compilado un tratado sobre este tema y lo he llamado 'La razón para aumentar el precio a causa del tiempo' y lo he investigado bien".
  • [26]Citado por Al Bujari, Muslim y otros.
  • [27]Citado por Muslim.
  • [28]Citado por Al Daraqutni.
  • [29]Citado por Abu Daúd y Al Hákim, que lo define como auténtico.
  • [30]Citado por Al Razi en su Yami'a.
  • [31]Tomado del libro "El Islam y El Socialismo" de Muhammad Al Ghazzali, p. 131.
  • [32]Ver el hadiz de Qubaisa en "Trabajo y formas de ganarse el sustento"*
  • [33]Citado por Al Bujari y Muslim.
  • [34]Citado por Al Bujari y Muslim.
  • [35]Citado Ahmad y Muslim.  "prestárselas a su hermano para que las cultive " significa: sin pedir nada a cambio.
  • [36]Citado por Al Bujari.
  • [37]Al Mughni, de Ibn Qudama, vol. 5, p. 384.