Características de la sociedad árabe preislámica
Después de la investigación que hicimos de
la vida religiosa y política en Arabia creemos apropiado hacer un resumen de los
aspectos sociales, económicos y éticos que prevalecían en la
región.
La vida social de los
árabes
La sociedad árabe presentaba diferentes y
heterogéneos grupos sociales. El status de la mujer entre la nobleza registró un
avanzado nivel de estima. La mujer gozaba de una considerable libertad, y sus
decisiones a menudo eran cumplidas. Era tan apreciada que fácilmente se
derramaba sangre defendiendo su honor. De hecho ella era el motivo de disputas o
reconciliaciones pacíficas. A pesar de estos privilegios, el sistema familiar en
Arabia era totalmente patriarcal. El contrato matrimonial recaía completamente
en las manos del representante legal de la mujer y la palabra de éste con
respecto a su status marital nunca podía ser
cuestionada.
Existía
también otro estrato social donde la prostitución y la indecencia prevalecían.
Al Bujâri registró que ‘Aisha mencionó
cuatro clases de relaciones conyugales en la Arabia
preislámica:
La
primera similar a los matrimonios de hoy en día en el cual un hombre concede a
su hija en matrimonio después del ofrecimiento y estipulada la dote. La segunda
clase, era cuando el esposo enviaba a su esposa, luego del período menstrual,
para que cohabite con otro hombre para que quedara embarazada. Una vez que diera
a luz, su marido si lo deseaba mantendría relaciones sexuales con ella
nuevamente. La tercera clase era cuando un grupo de menos de diez hombres
mantenía relaciones sexuales con una mujer. Luego si daba a luz, ella llamaba a
todos ellos y debían acudir a su convocatoria. Cuando lo hacían ella les decía:
“Sabéis lo que habéis hecho. He tenido un hijo y es tuyo” (señalando a uno de
ellos). El hombre que era señalado debía aceptar. La cuarta clase de relación
sexual consistía en que muchos hombres tuviesen relaciones sexuales con una
prostituta. No se negaba a nadie. Esa clase de mujer colocaba un distintivo en
su puerta para invitar a cualquiera. Si la prostituta quedaba embarazada y daba
a luz, juntaba a los hombres con los que había mantenido relaciones sexuales y
un vidente determinaba al padre del niño. El padre elegido debería asumir su
paternidad. Cuando el Profeta estableció
el Islam en Arabia todas estas maneras de mantener relaciones sexuales fueron
prohibidas excepto la actual, el matrimonio islámico.
[1]
Las mujeres siempre acompañaban a sus
maridos en las guerras. Los vencedores podrían mantener relaciones con su mujer,
pero la desgracia siempre pesaría sobre las criaturas así
concebidas.
Los árabes preislámicos no tenían una
cantidad fija de esposas. Podían casarse con dos hermanas al mismo tiempo, o aún
con las esposas de sus padres si éstas eran divorciadas o
enviudaban.
El
Corán
claramente denunció estas prácticas en las siguientes palabras:
(Y no
os caséis con aquellas mujeres con las que vuestros padres hayan estado casados,
con la excepción de lo que ya este hecho. Ciertamente es algo indecente y
detestable y un mal camino. Se os prohíben vuestras madres, hijas, hermanas,
tías paternas, tías maternas, las hijas de vuestro hermano, las hijas de vuestra
hermana, vuestras madres de leche que os amamantaron, vuestras hermanas de
leche, las madres de vuestras esposas y las hijastras que estén bajo vuestra
protección, que sean hijas de mujeres que hayáis tenido y con las que hayáis
cohabitado excepto si son de mujeres que habéis tenido y no habéis cohabitado
entonces no hay inconveniente. Ciertamente Allâh es
Perdonador y Compasivo.)
El divorcio se encontraba en manos del
marido.
La
obscenidad del adulterio prevaleció en casi todas las clases sociales, a
excepción de unos pocos hombres y mujeres cuya dignidad los mantuvo al margen de
dicho comportamiento. Las mujeres libres estaban en mejores condiciones que las
esclavas, las cuales sufrían la peor parte. Parecía que la mayoría de los árabes
preislámicos no sentían vergüenza de realizar obscenidades. Narró Abu Daûd: “Un
hombre se levantó frente al Profeta Muhammad
y
dijo: “¡Oh Profeta de Allâh!
Ese niño es mi hijo. Tuve relaciones sexuales con su madre en el período
preislámico”. El Profeta
pronunció éstas palabras: “Nada de reclamos en el Islam por los asuntos de la
época de la ignorancia. El hijo debe adjudicarse al lecho donde nació; y la
lapidación es para el adúltero”. [2]
Respecto a las relaciones de los árabes
preislámicos con sus hijos, encontramos que la vida en Arabia era paradójica y
presentaba un panorama oscuro de contrastes. Mientras que algunos árabes tenían
gran afecto y cariño a sus hijos, otros sepultaban a sus hijas vivas por el
miedo a la pobreza y la vergüenza que padecían al
tenerlas.
El
Corán
claramente denunció esta práctica de la siguiente manera:
(No
matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, nosotros los
proveemos)
[6:151]
(Y
cuando la noticia del nacimiento de una niña les llegaba, sus rostros se volvían
oscuros y se llenaban de pena)
[16:58-59]
(Y no
matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, nosotros los proveemos a ellos y
a vosotros)
[17:31]
(Y
cuando la niña enterrada viva sea preguntada)
[81:8]
No puede considerarse, según lo expuesto,
que el infanticidio era únicamente por la preferencia a tener hijos varones para
combatir contra los enemigos.
Otro aspecto de la vida de los árabes que
merece ser mencionado es el profundo sentimiento de pertenencia a un clan o
familia. La familia o tal vez el orgullo de pertenencia a una tribu era una de
las pasiones más fuertes que sentía el árabe. La doctrina de unidad de los
vínculos sanguíneos era la principal razón que tenían los árabes para mantenerse
unidos dentro de la vida social que se formaba y sustentaba por el orgullo
tribal. El indiscutible lema era: “Apoya a tu hermano aunque fuese un opresor o
un oprimido” tomando la frase literalmente; luego el Islam hizo una enmienda a
esto explicando que ayudar a un hermano opresor significa impedirle que siga con
esa postura.
El deseo del liderazgo y las rivalidades a
menudo terminaban en guerras violentas entre tribus a pesar de ser descendientes
de un mismo ancestro. Al respecto son notables ejemplos, los sangrientos
conflictos entre Aus y Jazraÿ, ‘Abs y Dhubiân, Bakr y Taglib.
Las relaciones entre las tribus eran
frágiles y débiles debido a las continuas guerras. La profunda devoción a las
supersticiones religiosas y algunas costumbres, sin embargo, solían reducir el
impulso por la sed de venganza. En otras ocasiones, existían motivos para
aliarse, apoyarse y tenerse lealtad recíproca que traían consigo un espíritu de
conformidad única, eliminando posibles disputas. Una honorable costumbre de
suspender las hostilidades durante los meses sagrados (Muharram, Rayab,
Dhul-Qa‘dah, y Dhul-Hiÿÿa) era favorable y proveía la oportunidad para ganarse la vida y coexistir en
paz.
En resumen, la situación social en la Arabia preislámica se desarrollaba dentro de la oscuridad y la ignorancia, en un enredo de supersticiones que paralizaba sus mentes y los llevaba a tener una vida similar a la de las bestias. La mujer era un bien negociable y se consideraba un objeto. Las relaciones entre las tribus eran frágiles. La codicia por las riquezas y las guerras entre tribus eran los principales objetivos que regían las políticas de conducción de los jefes tribales.
[1]
Sahih
Al Bujâri número 5127,
Sunan Abu Daûd - el Libro del casamiento, capítulo referido a las clases
de matrimonio de la época de la ignorancia.