Medina se entera de la Victoria:
Dos personas,
‘Abdullah bin Rauuahah y Zaid bin Hârizah fueron enviados a
Medina, para informar las buenas noticias sobre la Victoria de los
musulmanes.
La variada
estructura étnica e ideológica de Medina experimentó diferentes reacciones. Los
judíos e hipócritas propagaron el rumor de que el Profeta
había muerto, y para
apoyar esa mentira se basaron en que
Zaid bin Hârizah montaba Al-Qasua’, la camella del Profeta
. Cuando llegaron los
dos emisarios difundieron la alegre noticia del triunfo de los musulmanes, y
detallaron algunos acontecimientos para infundir optimismo en los corazones que
habían estado preocupados pero ahora felices. Inmediatamente, empezaron a alabar
a Allâh
elevando sus voces.
Sus jefes salieron de la ciudad para esperar y recibir al Profeta
en el camino que
conduce a Badr.
Usamah bin Zaid
ralató que se enteró de la importante victoria poco después que enterraron a
Ruqaiah, la hija del Profeta, y esposa de 'Uzmân bin 'Affân . Estaba muy enferma y el Profeta
autorizó a 'Uzmân
para que permanezca en Medina y la cuide.
Antes de abandonar el
lugar donde se libró la batalla, diferencias acerca del tema del botín de guerra
surgieron entre los guerreros musulmanes, dado que todavía no había descendido
la legislación sobre ese asunto. Cuando las diferencias se profundizaron, el
Mensajero de Allâh postergó una
resolución hasta que descienda la Revelación al respecto.
‘Ubadah bin
As-Samit dijo: “Partimos junto al Mensajero de Allâh y presencié la
batalla de Badr con él. La batalla comenzó y Allâh
, Alabado sea, venció
a los incrédulos. Algunos de los musulmanes persiguieron al enemigo, algunos
intentaron recoger el botín en el campo de batalla, y otros custodiaban al
Mensajero de Allâh
estando alertas de un
posible ataque sorpresa. Cuando llegó la noche y los musulmanes se reunieron,
aquellos que habían recogido el botín dijeron: “Lo recolectamos y nadie tiene
derecho sobre él excepto nosotros.” Aquellos que persiguieron al enemigo
dijeron: “Vosotros no tenéis más derecho que nosotros; atacamos al enemigo y los derrotamos.” Y
con respecto a los que se quedaron custodiando al Profeta
, también planteaban
reclamos similares.
En ese momento, un
versículo del Corán fue revelado:
(Te interrogan (Oh
Muhammadr) acerca del botín de
guerra. Di: Los botines pertenecen
a Allâh y al Mensajero. Y temed a
Allâh y resolved cordialmente
vuestras diferencias, y obedeced a Allâh y a Su Mensajero
(Muhammadr), si sois
creyentes.)
[8:1]
En el
camino de regreso a Medina, en un monte de arena, el Profeta
dividió
los botines entre los guerreros luego de haber tomado un quinto. Cuando llegaron
a As-Safra’, ordenó que dos de los prisioneros sean ejecutados.
Ellos eran An-Nadr bin Al-Hâriz y ‘Uqbah bin Abi Mu'ait, porque
habían perseguido a los musulmanes en la La Meca, y odiaban a Allâh
y a Su Mensajero.
Usando la terminología moderna, eran criminales de guerra y matarlos serviría de
lección para los opresores. ‘Uqbah se tragó su orgullo y gritó: “¿Quién se
encargará de mis hijos, Oh Mensajero de Allâh?” El Profetar le respondió, “El
fuego (del infierno).[1]” ¿Acaso ‘Uqbah no
recordaba el día que le tiró al Profeta
el intestino de un
camello en su cabeza mientras estaba prosternado, y Fátima corrió a
sacarlo de encima de él? También
había tratado de extrangular al Profeta
con su vestimenta
interviniendo Abu Bakr para socorrerlo y defenderlo. Las cabezas de ambos
criminales fueron cortadas por ‘Ali bin Abi Tâlib.
En Ar-Rauhá, un
suburbio de Medina, el ejército musulmán fue recibido por los felices medinenses
que habían ido a felicitar al Profeta por la gran victoria
que Allâh
les había otorgado.
Usaid bin Hudair, actuando como vocero de los verdaderos
creyentes, luego de alabar a Allâh, se disculpó de no haber salido
junto al Profeta
porque pensó que solo
se trataba de interceptar una caravana y dijo que si hubiese pensado que iba a
haber una contienda no se habría quedado. El Profetar
le
aseguró a Usaid que le había creído.
El Profeta
entró a Medina como
un gran estratega en el campo de batalla. Un largo número de personas en Medina
abrazaron el Islam, lo cual agregó mucha fuerza y poder a la verdadera
religión.
El Profeta
exhortó a los
musulmanes que traten a los prisioneros bien, a tal punto que compartan con
ellos el alimento.
Los prisioneros de
guerra constituían un serio problema que esperaba una solución porque era una
situación nueva en la historia del Islam. El Profeta consultó a Abu Bakr y a ‘Umar bin Al-Jattâb
al respecto. Abu Bakr sugirió pedir un rescate y dijo: “Son después de todo
nuestros parientes y el dinero nos daría fuerza para utilizarlo en contra de los
incrédulos, es más, tal vez sean guiados por Allâh
al Islam.” 'Umar
propusó que había que matarlos y dijo, “Son los líderes de la incredulidad.” El
Profeta
optó por la
sugerencia de Abu Bakr. Al día siguiente ‘Umar encontró llorando al Profeta
y a Abu Bakr. Se
sorprendió y les preguntó el motivo.
El Profeta
le dijo que había
descendido una Revelación del Corán desaprobando la idea de pedir rescate en vez
de ejecutarlos:
(No es propio de un
Profeta tomar prisioneros antes de haber combatido con insitencia en la tierra.
Quereis los bienes de este mundo, pero Allâh quiere la otra vida. Y
Allâh es Poderoso y Sabio. De no
haber sido por una prescripción previa de Allâh, os habría alcanzado un gran
castigo por lo que hubiérais tomado.) [8:67,68]
La instrucción Divina
siguió de la siguiente manera,
(Luego liberadlos con
benevolencia o pedid un rescate.)
[47:4]
Fueron censurados por
haber tomado prisioneros antes de haber conquistado y derrotado a la
incredulidad. Aparte de esto, los incrédulos que llevaron a Medina no eran
solamente prisioneros de guerra sino que eran criminales que un tribunal actual
condenaría a prisión perpetua o los sentenciaría a muerte.
El rescate pedido para
la liberación de los prisioneros oscilaba entre los 4000 y 1000 Dirhams
de acuerdo a la posición económica del cautivo. Otra forma de pagar el
rescate fue con medios educativos; algunos de los Quraishíes de La Meca,
sabían leer y escribir; entonces, cada prisionero que no podía pagar con dinero
el rescate enseñaba a leer y a escribir a diez niños. Cuando el niño aprendía lo
suficiente se lo dejaba libre. Otro grupo de prisioneros fue liberado sin pagar
rescate. Zainab, la hija del Profeta, pagó la liberación de su marido
Abul-‘As con su collar. Los musulmanes lo liberaron y le devolvieron el
collar por respeto al Profeta pero con la condición
de que Abul-‘As permita a Zainab emigrar hacia Medina, accediendo
a la petición.
En cautiverio había un
orador elocuente llamado Suhail bin ‘Amr. 'Umar sugirió de que le saquen sus dientes frontales para
perjudicar su habla, pero el Profetar no aceptó tal
propuesta temiendo que Quraish pida compensación por eso y también
temiendo la ira de Allâh en el día de la
Resurrección.
Sa‘d bin
An-Nu‘mân, que había sido detenido en La Meca cuando quizo hacer 'Umrah, fue
puesto en libertad a cambio de la libertad del hijo de Abu Sufián.