El Último Día de su vida terrena:
Anas bin Malik narró:
"Mientras los musulmanes estaban realizando la oración del alba el lunes,
liderados por Abu Bakr, fueron
sorprendidos al ver al Mensajero de Allâh
corriendo
la cortina del cuarto de Aishah. Él los miraba mientras estaban orando
alineados correctamente y sonrió alegremente. Viéndolo, Abu Bakr se retiró para
unirse a las filas y para permitirle que él dirija la oración, porque pensó que
el Profeta
quería
salir y orar". Anas dijo: "Los musulmanes que estaban orando estaban tan
encantados que casi interrumpen la oración. El Mensajero de Allâh
les hizo
un gesto para que continúen su oración, y cerró la
cortina."[1]
El Mensajero de
Allâh
no vivió
para la próxima oración.
Cuando era de día, el
Profeta , llamó a
Fátima y le dijo algo en secreto que la hizo llorar. Luego le susurró algo que
la hizo reír. Aishah le preguntó después de la muerte del Profeta
, acerca
de ese llanto y de su posterior sonrisa. Fátima contestó:
"La primera vez me dijo que no se recuperaría de su enfermedad y lloré. Luego me dijo que yo sería la primera de su familia en seguirlo, y esto hizo que me alegrara."[2]
Le albrició también a Fátima que sería la Señora de las mujeres del Paraíso. [3]
Fátima presenció el
gran dolor que afligió a su padre, y dijo: "Qué gran dolor que mi padre está
soportando". A estas palabras, el Profeta dijo:
"Tu padre dejará de sufrir después de este día". [4]
Pidió que le traigan a sus nietos
Al-Hasan y Al-Husain.
Los besó y recomendó que se
ocupen de ellos. Pidió ver a sus esposas. Se presentaron y les predicó y les
dijo que recordaran a Allâh. El
dolor creció tanto que las secuelas del veneno de Jaibar se manifestaron. Era
tan grande el dolor que le dijo a Aishah: "todavía siento el efecto
doloroso de esa comida que saboreé en Jaibar. Siento que la muerte está
acercándose". [5] Le
ordenó a la gente que no abandonen las oraciones y que sean considerados con sus
dependientes. Esto lo repitió varias veces. [6]