La Batalla de Uhud

La derrota en Badr afectó el orgullo de los Quraishíes que se sentían avergonzados y querían reivindicarse. La palabra “venganza” era repetida por toda la La Meca. Los paganos habían prohibido lamentarse de sus muertos publicamente o de liberar a los prisioneros de la batalla de Badr, para que los musulmanes no se den cuenta de la profunda angustia que estaban experimentando.

Luego de la batalla de Badr, Quraish comenzó a prepararse para lanzar un ataque contra los musulmanes y así poder recuperar el prestigio y su herido orgullo. Los Politeístas más entusiastas que deseaban ir a combatir eran ‘Ikrimah bin Abi Ÿahl, Safuán bin Umaiah, Abu Sufián bin Harb, y ‘Abdullah bin Abi Rabi‘a. Estaban muy decididos en destruir para siempre el Estado Islámico. Emisarios fueron enviados a todas las tribus para invitarlos a que se sumen con ellos en contra de los musulmanes. Se las arreglaron para ganarse el apoyo de dos tribus muy famosas: Kinâna y Tihâmah, además de algunos beduinos del desierto. Se decidió que la caravana líderada por Abu Sufián, la que había escapado a los musulmanes y contaba con 1000 camellos y 50 mil Dinares, contribuya a equipar al ejército. El Noble Corán hace referencia a este acontecimiento con las siguientes palabras:

(Ciertamente los incrédulos gastan sus riquezas para apartar (a la gente) del camino de Allâh, las gastarán y después se tendrán que lamentar por ello, siendo además vencidos.) [8:36]

También utilizaron a los poetas para que estimulen a las demás tribus a que combatan en contra de los creyentes. Safuán bin Umaiah sedujo a Abu ‘Azza, el  poeta, para que trabaje en ese sentido a cambio de riquezas después de la guerra o haciendose cargo de sus hijas si moría. Paradojicamente, este poeta fue prisionero de guerra (en Badr) en manos de los musulmanes y el Profeta fue tan bondadoso que lo liberó sin que se pague rescate, con la condición de que no combata nuevamente en su contra.

Abu Sufián era uno de los más resentidos debido a que perdió la mayor parte de sus riquezas en la invasión de As-Sauîq, además de las cuantiosas pérdidas económicas que sufrió Quraish como resultado de la incursión militar encabezada por Zaid bin Hârizah.

A la luz de estos sucesivos acontecimientos, Quraish precipitó y aceleró los preparativos para enfrentar a los musulmanes en una batalla definitiva. Al final del año, todo estaba listo para la movilización. Los  Quraishíes decidieron llevar con ellos a sus mujeres para que los estimulen a pelear con hombría. Lograron preparar un contingente compuesto por tres mil guerreros, de los cuales setecientos poseían cotas de malla y doscientos correspondían a la bien equipada caballería [1], tres mil camellos y quince mujeres, todos marcharon hacia Medina. El comandante en jefe era Abu Sufián bin Harb, el líder de la caballería fue Jâlid bin Al-Ualîd asistido por ‘Ikrimah bin Abi Ÿahl, y Bani ‘Abd Ad-Dar se encargó de la bandera.

Sentimientos de odio florecieron, acompañados de mucho resentimiento la angustia y el deseo de venganza.

Mientras tanto, Al-‘Abbâs bin ‘Abdul Muttalib, seguía muy de cerca todos los movimientos militares e informó, enviando un mensaje, al Profeta , que estaba en Qubá. Ubai bin Ka‘b le leyó la carta al Profeta ; este  volvió rápidamente a Medina, y se reunió con los ansâr y Muhâÿirún para consultarles sobre las medidas más convenientes a seguir.

La totalidad de Medina fue alertada y todos los hombres se armaron, aún durante el rezo y estaban atentos para hacerle frente a cualquier emergencia. Un grupo de ansâr voluntariamente se ofreció para custodiar al Profeta y vigilar toda la noche en su puerta, entre ellos estaba Sa‘d bin Mu‘adh, Usaid bin Hudair y Sa‘d bin ‘Ubadah. Para no ser tomados por sorpresa, un grupo de Medinenses comenzó a patrullar los accesos y rutas que conducen a la ciudad. También para examinar los movimientos de los Politeístas, patrullas musulmanas controlaron las rutas para interceptar al enemigo.

El ejército de La Meca continuó marchando por la usual ruta del oeste. Al llegar a Al-Abua’, Hind bint ‘Utbah, la esposa de Abu Sufián, sugirió que desentierren la tumba de la madre del Profeta , pero los líderes del ejército no aceptaron temiendo las graves consecuencias. El ejército luego siguió hasta Uadi Al-‘Aqiq y doblaron hacia la derecha para acampar en un lugar llamado ‘Ainain cerca de la Montaña de Uhud. Esto ocurrió el día viernes 6 del mes de Shauuâl, del año 3 d.H.

Una asamblea para decidir un plan defensivo:

Una patrulla de reconocimiento detalló los movimientos del ejército de La Meca. El Mensajero de Allâh convocó a una reunión para consultar e intercambiar puntos de vista. Les informó acerca de un sueño que tuvo. Dijo: “Por Allâh, he soñado — le imploro a  Allâh para que sea un sueño beneficioso — con vacas sacrificadas y que había ranuras en la punta de mi espada, y que insertaba mi mano en una armadura inmune.”

La interpretación de "vacas" era que algunos de sus hombres iban a morir, y acerca de ‘ranuras en la punta de mi espada’ significaba que un pariente suyo iba a ser dañado. Respecto a ‘la armadura’ era Medina. Luego sugirió que sus Compañeros no deberían salir de Medina y que debían acampar en la ciudad. Opinaba que debían dejar al enemigo en el campo abierto para cansarlos  y así los musulmanes no correrían peligro en una batalla. Pero si pensaban atacar dentro de Medina, los hombres musulmanes estarían listos para enfrentarlos y las mujeres colaborarían desde los techos de los hogares.” ‘Abdullah bin Ubai bin Salul — el líder de los hipócritas; quien concurrió a la asamblea como un jefe de Al-Jazraÿ — apoyó el plan del Profeta .

El  que esté de acuerdo (con el plan del Profeta ) no se basaba en la piedad sino buscando su beneficio personal. No quería pelear. Por el contrario, quería permanecer lejos de la contienda. Sin embargo; fue la voluntad de Allâ que hizo descubrir su intención en público y lo dejó en vergüenza por primera vez. Fue Su voluntad que la cortina que cubría su incredulidad e hipocresía sea corrida y apartada. La voluntad de Allâh quizo que los musulmanes reconocieran la realidad de estas serpientes que se enroscaban dentro de sus ropas. Gracias a Allâh , lo reconocieron en uno de los momentos más críticos de sus vidas.

Uno de los más honorables Compañeros, que se había perdido de participar en la batalla de Badr,  sugirió que el Profeta debía salir fuera de Medina y le pidió que acepte su punto de vista. Uno de ellos dijo: “Oh, Mensajero de Allâh , por mucho tiempo estuvimos esperando este día; y le pedimos a Allâh para que se acerque ese día a nosotros. Gracias a Allâh es hora de combatir. Salgamos a enfrentar a nuestros enemigos para que piensen que perdimos la cabeza y que no les tememos.” Hamza bin Abdul Muttalib el tío paterno del Profeta, que hacía poco había cubierto de sangre su espada en la batalla de Badr, estaba de acuerdo y era de aquellos que con entusiasmo le sugirió  que salgan para enfrentar a los incrédulos. Le dijo al Profeta : “Por Allâh, Aquel que te envio el Libro, no probaré ninguna comida hasta combatirlos con mi espada fuera de Medina.”[2]

Luego de ver cuidadosamente las ventajas y las desventajas de este asunto, decidieron salir a enfrentar al enemigo fuera de la ciudad, en Uhud.



[1] Zad Al-Ma‘ad, 2/92; Fath Al-Bari, 7/346.

[2] As-Sirah Al-Halabiah, 2/14.