La incursión a Tabûk en Raÿab, año 9 de la Hégira
La invasión y conquista de La Meca fue considerada un
encuentro decisivo en la batalla entre la verdad y el error. Como resultado, los
árabes no tenían ninguna duda sobre la misión de Muhammad
y una gran
cantidad de personas empezaron a abrazar el Islam, la religión de Allâh. Esto se
manifiesta claramente en este libro en el capítulo: Las delegaciones. También
puede deducirse debido al gran número de personas que compartieron la
"peregrinación de la despedida" junto al Profetar.
Los problemas
internos habían acabado. Los musulmanes, finalmente se sintieron confortados y
empezaron a establecer la enseñanza de las leyes de Allâh e
intensificaron la propagación del Islam.
Las Razones subyacentes:
El imperio bizantino, que fue considerado la más grande fuerza militar en ese entonces, mostró una oposición injustificada hacia los musulmanes.
Como ya hemos
mencionado, su oposición empezó cuando Sharhabil bin
‘Amr Al Gassâni asesinó al emisario del Mensajero de Allâh
,
Al-Hâriz bin 'Umair Al-Azdi. El emisario llevaba un mensaje del
Profeta
al
gobernador de Busra. También hemos mencionado que el Profeta
envió
un ejército liderado por Zaid ibn Hâriza que tuvo una lucha feroz
contra los Bizantinos en Mu'tah. Aunque las fuerzas musulmanas no pudieron
vengarse de esos tiranos, la propia confrontación dejó una buena impresión entre
los árabes.
El César, quien no podía ignorar el gran beneficio que la Batalla de Mu'tah había traído a los musulmanes, tampoco podía desatender las expectativas de independencia de las tribus árabes y las esperanzas de quedar libres de su influencia y dominio, además no podía ignorar las alianzas que hicieron con los musulmanes. Teniendo en cuenta todo esto, el César era consciente del creciente peligro que amenazaba sus fronteras, especialmente la región de Siria que lindaba con las tierras árabes. Entonces pensó, como una necesidad urgente, en destruir el creciente poderío de los musulmanes. Esta acción, en su opinión, se debía llevar a cabo antes de que los musulmanes sean demasiado poderosos como para conquistarlos, y antes de que surjan problemas y disturbios en los territorios árabes adyacentes a su imperio.
César reunió un descomunal ejército Bizantino acompañado por tribus Gassânies pro-romanas para lanzar una campaña sangrienta contra los musulmanes.