Noticias sobre las preparaciones de los Bizantinos y  Gassâníes para la guerra:

 

Gran parte de la información del peligro que amenazaba la vida de los musulmanes llegaba a través de los Nabateos que llevaban aceite de Siria a Medina. Los nabateos informaron sobre las preparaciones de Heraclio,  del equipamiento de un numeroso ejército que contaba más de cuarenta mil combatientes además de las tribus de Lujam, Yudh'am y otros clanes aliados a los Bizantinos. Dijeron que su vanguardia ya había alcanzado Al-Balqâ. De este modo querían acechar a los musulmanes. La situación general fue agravada por otros factores adversos como el caluroso clima, por el escabroso y dificultoso terreno que tenían que cubrir en caso de querer enfrentar el inminente peligro.

 

El Mensajero de Allâh  estimó la situación y el desenvolvimiento de los acontecimientos con mayor exactitud que todos los demás. Pensó que si actuaba pasivamente facilitaría a los Bizantinos apoderarse de las provincias controladas por los musulmanes o ir hasta Medina, y esto dejaría una mala impresión del Islam y de la credibilidad militar de los musulmanes. Las creencias y tradiciones paganas pre-islámicas, que estaban en ese momento debilitándose debido al fuerte golpe que recibieron en Hunain, podrían de alguna manera recobrar vida en ese contexto. Los hipócritas estaban conspirando contra los musulmanes para poder sorprenderlos por detrás considerando que los Bizantinos atacarían por el frente. Si tal cosa ocurriera y ellos tuvieron éxito con malévolo plan, el esfuerzo del Profeta y sus compañeros por difundir el Islam se derrumbaría y los logros que eran consecuencias de las sucesivas luchas y constantes incursiones se perderían. El Mensajero de Allâh    había comprendido todo esto muy bien. A pesar de las dificultades y adversidades, el Profeta  determinó que sus seguidores debían atacar a los Bizantinos y combatirlos en sus propias fronteras. Estaba decidido a no quedarse en Medina, para así frustrar cualquier esfuerzo romano por acercarse a la capital del Islam.

 

Cuando el Mensajero de Allâh tomó con determinación una decisión definitiva, pidió que sus compañeros se prepararan para la guerra y pidió la asistencia de la gente de La Meca y de otras tribus árabes.

 

Contrariamente a su hábito de ocultar la verdadera intención de las incursiones, anunció abiertamente su deseo de enfrentarse con los Bizantinos y combatirlos. Aclaró la situación a su gente para que se preparen, y los exhortó para que lucharan por la causa de Allâh. En esta ocasión una parte de Sura Al Barâ (Capítulo 9. El Arrepentimiento) fue revelada por Allâh, pidiéndoles que sean pacientes y perseverantes.

 

Por otro lado, el Mensajero de Allâh solicitó que hagan caridades y gastaran lo mejor de sus fortunas por la causa de Allâh.

 

Tan pronto como los musulmanes oyeron la voz del Mensajero de Allâh que los convocaba a luchar contra los Bizantinos, se apresuraron para obedecer sus órdenes. Con gran velocidad empezaron a prepararse para la guerra. Tribus de todas partes comenzaron a llegar a Medina. Casi todos los musulmanes respondieron afirmativamente.

 

   Sólo aquéllos que tenían debilidad en sus corazones quedaron atrás. Ellos eran sólo tres personas. Incluso los necesitados y pobres que no contaban con una montura fueron al Mensajero de Allâh pidiéndole una armadura para estar presentes en la lucha contra los Bizantinos. Pero él les decía, según nos relata el Corán:

 

(No tengo medios de llevaros y se alejaban con los ojos inundados de lágrimas por la tristeza de no tener nada que dar.) [9:92]

 

Los musulmanes se apresuraron a gastar el dinero y hacer caridades para proporcionar lo necesario para esta incursión. 'Uzmán, por ejemplo, quien ya había proporcionado doscientos camellos ensillados para viajar a Siria, los presentó a todos con doscientas onzas (de oro) como caridad. También sacó mil dinares y los puso todos en el regazo del Mensajero de Allâh , quien dijo: "A partir de este día nada dañará a 'Uzmán haga lo que haga ". [1] Varias veces dio 'Uzmán caridad hasta alcanzar la suma de novecientos camellos y cien caballos, además del dinero que entregó.

 

Abdur Rahmân   ibn 'Auf, donó doscientas onzas de plata, mientras que Abu Bakr dio todo su dinero dejando a Allâh y a Su Mensajero como único patrimonio para su familia. 'Umar contribuyó con la mitad de sus bienes. Al 'Abbâs donó una altísima suma de dinero. Talhah, Sa'd ibn Ubâdah junto con Muhammad ibn Maslamah, dieron dinero para contribuir a la incursión. Asim' ibn Adi, ofreció noventa camellos cargados con dátiles. La gente se apresuró para hacer pequeñas y grandes contribuciones. Las mujeres participaron en estas caridades entregando de sus joyas. Nadie se abstuvo de dar dinero, excepto los hipócritas:

 

(Quienes hablan mal de los creyentes que dan espontáneamente y de los que no cuentan sino con el límite de su capacidad y se burlan de ellos.) [9:79]



1 At-Tirmidhi, 2/211 (Capítulo: La virtudes de 'Uzmân t.)