Ka‘b bin Al-Ashraf es muerto:

Ka‘b bin Al-Ashraf era el judío más resentido hacia el Islam y hacia los musulmanes, el que más se esforzaba en causarle daño al Mensajero de Allâh y el más dedicado en declararle la guerra. Pertenecía a la tribu de Tai’ pero su madre a la de Banu Nadîr. Era una persona rica, muy conocido por su belleza, era poeta y vivía muy confortablemente en su fortaleza del lado sudeste de Medina en lo alto de la residencia de Banu Nadîr.

Al enterarse de la victoria de los musulmanes en Badr, se desesperó y juró que prefería morir si las noticias eran ciertas. Cuando las noticias fueron confirmadas escribió poemas ridiculizando a Muhammad , elogiando a Quraish e incitándoles a que combatan al Profeta . Luego fue a La Meca donde comenzó a encender el fuego de la guerra y a estimular el rencor contra los musulmanes en Medina. Cuando Abu Sufián le preguntó cual religión prefería si la religión de la gente de La Meca o la de Muhammad y sus Compañeros, le contesta que los paganos estaban mejores guiados. Respecto a esto, Allâh reveló Sus Palabras:

(¿Acaso no has visto a los que se les dio una parte del libro como creen en Ÿibt y Tagût, y dicen de los incrédulos: estos están mejor guiados que los creyentes?.) [4:51]

Luego volvió a Medina para comenzar una propaganda de difamación con canciones obscenas y sonetos sensuales para difamar a las mujeres musulmanas.

En esta etapa de los acontecimientos, la situación ya no era tolerable. El Profeta  convocó a sus hombres y les dijo: “¿Quién mata a Ka‘b bin Al-Ashraf? Ha insultado a Allâh y a Su Mensajero.” Muhammad bin Maslamah, ‘Abbad bin Bishr, Al-Hâriz bin Aus, Abu ‘Abs bin Hibr y Salkan bin Salamah, el hermano de leche de Ka‘b, se ofrecen para la tarea.

Muhammad bin Maslamah tenia un plan, que después de consultarlo con sus compañeros decidió poner en acción.

Entonces, Muhammad bin Maslamah fue ante Ka‘b y le dijo: “Este hombre (se refería al Profeta ) quiere recoger de nosotros caridades y esto nos pone en una situación indeseable.” Cuando escuchó esto, Ka‘b dijo: “Por Allâh que los pondrá en mayores dificultades.” Muhammad bin Maslamah le respondió: “No hay duda, ahora somos sus seguidores y no queremos abandonarlo hasta que veamos que curso toman sus asuntos. Necesito un prestamo de tu parte.” Ka’b le preguntó: “¿Qué das como garantía?” Muhammad bin Maslamah le respondió: “¿Qué quieres?”, y el inmoral y desalmado judío pidió como garantía mujeres y niños. Muhammad le dijo: “¿Acaso necesitas a nuestras mujeres siendo tu el más bello de los árabes; y el hijo de uno de nosotros diga que fue dado en garantía por dos wasq (una medida de peso) de dátiles? en cambio te dejaremos nuestras armas de garantía.” Ka‘b accedió. Salkan bin Salamah y Abu Na’ilah, en otro momento, fueron a ver a Ka‘b por el mismo motivo, solo que Abu Na’ilah le brindaría algunos Compañeros. El plan tuvo éxito. En Rabi‘ Al-Auual del día 14, por la noche, en el año 3 d.H. la gente se despidió del Profeta y se marcharon en el nombre de Allâ para implementar cuidadosamente el plan. El  Profeta se queda suplicando a Allâh para que les otorgue el éxito. Poco después, el grupo de hombres regresó habiendo cumplido su objetivo. Uno de ellos, Al-Hâriz bin Aus, fue herido por error con una espada perteneciente a sus hombres y sangraba mucho. Cuando llegaron  a Baqi‘ Al-Garqad, gritaron, “Allâh es el más Grande”. El Profeta los escuchó y se dio cuenta que habían matado al enemigo de Allâh. Cuando los vió les dijo: “felices están vuestros rostros.” Le respondieron: “Y el tuyo Oh Mensajero de Allâh.” Luego alabó a Allâh por el éxito y aplicó su saliva en la herida de Al-Hâriz que pronto curó.[1]

Cuando los judíos se enteran de la muerte de Ka‘b bin Al-Ashraf, se asustaron y se llenaron sus corazones de pánico. Se dieron cuenta que el Mensajero de Allâh usaría la fuerza una vez que haya agotado las buenas palabras y que las advertencias hayan fallado. Permanecieron callados y se resignaron, y simularon estar adheridos al acuerdo.

Ahora el Profeta deseaba resolver los asuntos externos, y encarar los inminentes peligros que provenían desde la Mekkah.



[1] Ibn Hishâm, 1/51-57; Sahih Al-Bujâri, 1/341, 425, 2/577.
    Zad Al-Ma‘ad 2/91; y Sunan Abû Daûd con ‘Aun-ul-Ma‘bud, 2/42, 43.