La conquista de La Meca

 

Ibn Al Qaiim describió a la conquista de La Meca como la más grandiosa victoria que Allâh otorgó a Su Mensajero, sus oldados y a los piadosos. Pues fue esta la liberación de la Casa Sagrada, cuya guía toda la gente busca. Fue el acontecimiento más favorable que ocurrió en el cielo y en la Tierra. Fue albriciador de una nueva etapa en la cual se presenciaría una extensa  Islamización y a la gente entrando en masa a las filas del Islam. Esta victoria quedaría como un hecho sin igual y serviría como fuente de inspiración para toda la humanidad.[1]

 

Los eventos previos a la Conquista

 

De acuerdo con las cláusulas del tratado de Al Hudaibíah, las tribus árabes tenían la opción de juntarse con los musulmanes o con Quraish para la concertación de alianzas. Si alguna de estas tribus era agredida, la parte aliada tenía el derecho de tomar represalias. Banu Bakr se unió a Quraish y Juza'ah al Profetar. Vivieron pacíficamente por algún tiempo; pero debido a problemas que se remontaban a la época pagana pre-islámica, las hostilidades resurgieron entre ellas. Banu Bakr, sin prestarle ninguna atención al convenio, atacó a Banu Juza'ah en un lugar llamado Al Uatir en el mes de sha'bán del año 8 d. H.

 

Quraish colaboró con Banu Bakr asistiéndole con hombres y armas, aprovechando la oscuridad de la noche para atacar.  Presionados por el enemigo, los de Juza'ah se refugiaron en el Santuario Sagrado, donde no se puede derramar sangre, pero sin importarles las tradiciones, Naufal, el jefe de Banu Bakr, masacró a todos sus adversarios.

 

Cuando la parte damnificada pidió justicia a sus aliados, el Profeta , como líder de ellos, exigió un inmediato resarcimiento. No solo por violar el Tratado sino también por asesinar a personas aliadas a él en la zona sagrada.

Tres demandas fueron hechas de las cuales era imperativo que elijan una de ellas:

 

A)    pagar indemnización monetaria por las víctimas de Juza'ah

B)     terminar la alianza con Banu Bakr

C)    considerar el tratado absolutamente nulo

 

El comportamiento de Quraish fue un claro incumplimiento del tratado de Al Hudaibíah y era un evidente acto hostil en contra de los aliados de los musulmanes. Quraish se dio cuenta de la grave situación y divisó las terribles consecuencias que surgían en el horizonte. Inmediatamente convocaron a una reunión de urgencia donde decidieron que Abu Sufián, su jefe, viaje a Medina para reafirmar el tratado. Directamente se dirigió hacia la casa de su hija Umm Habiba (esposa del Profeta). Pero cuando su padre iba a sentarse sobre la estera del Mensajero de Allâh , ella la retiró. Al ver esta reacción, Abu Sufián le preguntó: "¿Hija mía esta estera es demasiado buena para mi o soy yo demasiado bueno para ella?". Umm Habiba le contestó: "Pertenece al Mensajero de Allâh y tu eres un pagano impuro".

 

Sintiéndose disgustado con su respuesta, se dirigió a ver al Profeta , pero el Mensajero de Allâh se dio cuenta de su ardid y no le garantizó nada. Luego fue a ver a Abu Bakr, pero este tampoco quiso interferir. También vio a 'Umar bin Al Jattâb para que interceda, pero de ninguna manera consiguió una respuesta favorable. Luego decidió ver a ‘Ali bin Abi Tâlib y le imploró con las palabras más humildes, aludiendo que obtendría la supremacía sobre todos los árabes si intercedía para la reafirmación del tratado. Pero ‘Ali se negó a hacer algo por él.

 

Abu Sufián retornó a La Meca apesadumbrado y temeroso. Cuando llegó, informó sobre las reuniones que tuvo con su hija, Abu Bakr, 'Umar y ‘Ali, narrándoles las reacciones de ellos y el silencio del Profeta . Los mecanos se decepcionaron sin ser concientes del peligro inminente.



1 Zad Al Ma'ad, 2/160.