Los preparativos para la incursión a La Meca, y los
intentos del Profeta
para
imponer un bloqueo informativo
At
Tabari registró que el Mensajero de Allâh
le solicitó a Aishah, su esposa, tres días antes de
que llegaran las noticias referentes al incumplimiento del tratado, que haga los
preparativos necesarios para que pueda salir a la guerra. Mientras, Abu Bakr
llegó y preguntó a Aishah que estaba pasando,
asombrándose por los preparativos debido a que, según él, no era el tiempo
estipulado para la guerra. Ella le dijo que no sabía. A la mañana del tercer día
Amr Bin Salim Al Juza'i arribó acompañado de
cuarenta jinetes para pedir a los musulmanes que los asistan para conseguir una
compensación. Entonces la gente de Medina se enteró que Quraish había violado el acuerdo.
A fin de distraer la atención de la gente y para que no se
enteren de su verdadero propósito, el Profeta
envió un
pelotón de ocho personas lideradas por Qatâdah bin Rabi' hacia Idad, que quedaba
cerca de Medina, en el mes de Ramadán del año 8 de la Hégira.
Había tanto temor y miedo en todas partes que Hatib, uno de los
seguidores de más confianza del Profeta , secretamente mandó una carta con una mujer a La Meca en
la cual les informaba sobre el ineludible ataque. El Profeta
se enteró gracias a la revelación de lo que Hatib
hizo , entonces envío a ‘Ali y Al Miqdâd para que la intercepten. Cuando
encontraron a la mujer, luego de una ardua búsqueda, les entregó la carta que
tenía escondida.
El Profeta preguntó a Hatib el por qué de semejante comportamiento. Hatib le respondio: "¡Oh
Mensajero de Allâh! No tengo parientes en Quraish, y mi familia se encuentra en La Meca, no habiendo
alguien que la proteja. Mi situación no es la misma que la de aquellos que
tienen parentesco con los Quraishíes y sus familias
están a salvo. Quería hacerle un favor a Quraish
para ganarme su amistad y así conseguir el cuidado y protección de mi familia.
Juro por Allâh que no lo hice traicionando al Islam."
'Umar lo consideró un hipócrita y quería cortar su cabeza,
pero el Profeta
aceptó su excusa y lo perdonó. Luego le dijo a 'Umar: "Hatib pertenece a los que
combatieron en la Batalla de Badr. ¿Por qué lo consideras hipócrita?
Allâh está complacido con aquellos que combatieron en Badr.
Allâh miro a la gente de Badr y dijo:" Haced lo que querais,
pues Yo os he disculpado". Las lagrimas cayeron de los ojos de ‘Umar, quien
dijo: “¡Allâh y Su Profeta
saben mejor!”
Tras terminar con todos los preparativos, el Profeta
se dirigió hacia La Meca a la cabeza de diez mil soldados el día 10 del mes de
Ramadán del año 8 d.H.
Dejó encargado a Abu Ruhm Al
Gifâri de los asuntos de Medina durante su ausencia. Cuando llegaron a Al Shuhfa, Al 'Abbâs bin ‘Abdul Muttalib junto a su familia se unieron al Profeta
. En Al Abua, los musulmanes se encontraron con Abu Sufián
bin Al Hâriz y ‘Abdullah bin Umaiah, primos del
Profeta, pero por todo el daño que habían causado, y por su lenguaje satírico a
los creyentes, no fueron bienvenidos. ‘Ali le dijo a Abu Sufián que le pida
perdón al Profeta
y que reconozca su pésimo comportamiento de la misma forma
que lo hicieron los hermanos del Profeta Yusuf:
(Dijeron: Por Allâh, ciertamente Allâh te ha preferido a ti en vez de a nosotros, y es cierto que hemos sido pecadores.) [12:91]
Abu Sufián bin Al Hâriz siguió el consejo de ‘Ali, y el Profeta
le respondió con las Palabras de Allâh:
(No hay ningún reproche contra vosotros en este día, que Allâh os perdone. Él es el más Misericordioso de los misericordiosos.) [12:92]
Abu Sufián recitó algunos versos destacando la generosidad
del Profeta
y abrazó el Islam.
Los musulmanes marcharon mientras ayunaban, hasta llegar a
un lugar llamado Al Qadid donde había agua. Ahí es donde rompieron el
ayuno[1] y reanudaron la marcha hacia Marr Az Zahran. Los Quraishíes estaban muy atentos al desarrollo de los
acontecimientos. El Profeta
no quiso tomarlos por sorpresa, entonces les ordenó a sus hombres que enciendan
fogatas para que cocinen.
Lo hizo para que puedan percibir que era conciente de la situación, y que no pondría en peligro sus vidas mandando a su ejército ciegamente al campo de batalla.
'Umar bin Al Jattâb estuvo a
cargo de la guardia. Al poco tiempo se acerca Abu Sufián acompañado de Hakim bin Hizâm y Budail bin Uarqa, dos terribles politeístas, que
habían salido para inspeccionar. Antes de que se aproximen al campamento, se
encontraron con Al 'Abbâs, el tío del Profeta. Le informó a Abu Sufián la
situación y le sugirió que acepte el Islam y que persuada a su gente a que se
rindan ante Muhammad .
Debido a las circunstancias, Abu Sufián, acompañado del
'Abbâs, busca una audiencia con el Profeta . Los musulmanes se enfurecieron al ver a Abu Sufián y
quisieron matarlo en ese mismo lugar. Pero los dos hombres se las arreglaron
para ver al Mensajero de Allâh
, quien les dijo que lo vean al día siguiente. Por la
mañana se encontraron y el Profeta
le dijo a Abu Sufián:"¡Guay de ti! ¿No es hora de que reconozcas la unicidad de
Allâh y a Muhammad como Su Profeta?
". Entonces el archienemigo del Islam le pidió perdón al Profeta
al encontrarse con la magnanimidad y el bondadoso carácter que tenía el Profeta
, y luego abrazó el Islam.
A pedido del ''Abbâs, el Profeta
le otorgó a Abu Sufián, que era jactancioso, un especial privilegio. El Profeta
dijo:"Aquel que se refugie en la casa de Abu Sufián estará a salvo, los
moradores de su casa estarán a salvo, y aquel que ingrese a la Mezquita Sagrada
estará a salvo."
La mañana del día 17 del mes de Ramadán del año 8 d. H. El
Profetar
abandonó Marr Az Zahrán. Le ordenó a Al 'Abbâs que
detenga a Abu Sufián en un lugar donde pueda ver al ejército musulmanes
desfilando hacia La Meca, y así tendría la oportunidad de ver a los soldados de
Allâh. Las diferentes tribus pasaron sucesivamente enarbolando
sus estandartes, hasta que el último de los batallones compuestos por los
Muhâÿirún y los ansar, con el Profeta
a la cabeza y fuertemente armados, pasaron. Abu Sufián preguntó quienes eran esa
gente, y Al 'Abbâs le dijo que se trataba de Muhammad
y sus compañeros. Abu Sufián dijo que ningún ejército, por más poderoso que sea,
podría vencer a esa gente. Y también le dijo a Al 'Abbâs:
"Juro por Allâh que la soberanía de tu sobrino se ha vuelto muy poderosa"
Al 'Abbâs le contestó: "Es el poder de la Profecía".
Sa'd bin 'Ubâdah llevó la bandera de los ansar y cuando
pasó cerca de Abu Sufián, le dijo: "Hoy presenciarás la gran contienda, en la
cual Quraish se verá humillada". Abu Sufián se quejó
de esto al Profeta
quien se enojó y dijo: "No, hoy Al Ka'bah será santificada, y
Quraish honrada", e inmediatamente ordenó que la
bandera la lleve su hijo Qais. En otra versión se dice que se la dio a Az Zubair.
Al 'Abbâs le pidió a Abu Sufián que vaya a La Meca y le advierta a los Quraishíes para que no tengan ningún comportamiento hostil hacia los musulmanes. Cuando llegó a La Meca gritó con todas sus fuerzas que no se opongan y que podían refugiarse en su casa para estar a salvo. Su esposa estaba indignada y le agarró su bigote diciéndole que era un cobarde. La gente de La Meca se burló de Abu Sufián y se dispersaron en todas las direcciones, algunos se metieron en sus casas, otros en el Santuario Sagrado, mientras que los más rebeldes liderados por 'Ikrimah bin Abi Yahl, Safuán bin Umaiah y Suhail bin 'Amr acamparon en un lugar llamado Jandamah, con la intención de realizar ataques sorpresivos.
El Profeta entró con modestia y calma; daba las instrucciones finales
para la magnífica victoria que aguardaba a los musulmanes, con la anuencia de
Allâh. Designó a Jâlid bin Al Ualîd para que lidere el flanco
derecho del ejército con las tribus de Aslam, Sulaim, Gifâr, Muzainah y Shuhaina bajo su
comando, para que ingresen a La Meca a través de su parte baja. Az Zubair bin Al ‘Auuâm
lideró el flanco izquierdo, ingresando a La Meca por su parte alta y portando el
estandarte del Mensajero de Allâh
. Abu 'Ubaidah lideró la infantería para entrar con ésta a
través del lado del valle. Se les dio estrictas ordenes de no matar a nadie
excepto en defensa propia y en ese caso deberían suprimir cualquier tipo de
agresión y apaciguar
cualquier oposición.
Los batallones musulmanes marcharon, cada uno por su correspondiente camino, cumpliendo con sus misiones. Jâlid bin Al Ualîd se dirigió rumbo al corazón de la ciudad encontrando algo de resistencia en ataques esporádicos; causó doce bajas a sus atacantes y sufrió dos bajas.
Az Zubair bin Al Auuâm, cuando llegó al lugar indicado,
plantó la bandera en la (hoy denominada) "Mezquita de Al
Fath" (conquista) y esperó la llegada del
Profeta . Una tienda fue levantada; allí el Profeta
agradeció y alabó al más Poderoso, Allâh, Quien le había otorgado una espléndida victoria. Pero no
descansó ahí sino poco. Acompañado por los Ansar y
Muhâÿirún partió hacia Al Ka´bah, la Casa Sagrada,
la cual es un símbolo de la unicidad y supremacía de Allâh. Desafortunadamente, esta Santa Casa estaba contaminada
con 360 ídolos; el Profeta
los destruyó, en ese momento, mientras recitaba del Noble Corán:
(Y di: Ha llegado la Verdad y se ha desvanecido la falsedad.) [17:81]
Y Allâh también dijo:
(Di (Oh Muhammad ): La Verdad ha llegado y la falsedad no puede dar comienzo
a nada ni repetirlo.)
[34:49]
Luego circunvaló la Ka'bah sobre a su camella, aunque no estaba en estado de Ihrâm en ese momento.
Cuando finalizó mando a llamar a ‘Uzmán bin Talhah el portero de la Ka´bah y le pidió la llave. Cuando ingresó vio imágenes de los Profetas Ibrâhîm e Ismail arrojando flechas adivinas. Denunció estos actos de Quraish y ordenó que todos los ídolos sean destruidos y las imágenes borradas. Y adentro realizó devotas prosternaciones, mirando hacia la pared que estaba del lado opuesta a la puerta; también aclamó la Grandeza de Allâh y Su Unicidad.
Luego; desde la entrada, se dirigió a la multitud con las siguientes palabras:
"No hay divinidad excepto Allâh. Él no tiene copartícipes. Cumplió con Su Promesa de asistir a Su Siervo y derrotó a los Aliados Él solo. Tened en cuenta que todo reclamo de derechos, ya sea de sangre, o propiedades, están bajo mis talones, excepto la custodia de Al Ka´bah y de brindarle agua a los peregrinos. Sepan que por cada persona asesinada, aunque sea matada involuntariamente, con un látigo, se deberá indemnizar con lo siguiente: cien camellos, de los cuales habrá cuarenta camellas preñadas. ¡Oh gentes de Quraish! Ciertamente Allâh ha suprimido todo orgullo de la época pagana y toda soberbia de vuestros antepasados, debido a que la humanidad desciende de Adán, y Adán fue creado de polvo"
Luego recitó del Corán:
(Oh humanos, ciertamente os hemos creado a partir de un varón y una hembra, y os hemos constituidos en naciones y tribus para que os reconocierais unos a otros. Ciertamente que el más honorable de vosotros ante Allâh es el que más le teme. Ciertamente Allâh es Conocedor y está perfectamente informado.) [49:13]
Les preguntó:
"¡Oh pueblo de Quraish! ¿Qué pensáis que haré con vosotros?"
Respondieron:
"Eres un honorable hermano hijo de un honorable hermano."
Al respecto les dijo:
Les diré las mismas palabras que (el Profeta) Yusuf dijo a sus hermanos:
(No hay ningún reproche para vosotros en este día.) [12:92] Podéis marcharos, sois libres.
Respecto a la portería de la Ka´bah y al suministro de agua para los peregrinos, el
Profeta
ordenó que estas tareas permanezcan en las manos de 'Uzmán bin Talhah y que la llave esté
con él y sus descendientes para siempre.
Cuando llegó la hora de realizar la oración, Bilâl subió al
techo de Al Ka´bah y realizó el adhán. Abu Sufián bin Harb, 'Itab bin Usaid y Al Hâriz bin
Hishâm permanecieron sentados en un costado. 'Itab
bin Usaid cuando escuchó el adhán de Bilâl dijo que Allâh había favorecido a su padre Usaid al impedirle escuchar
esas palabras. El Profeta
se enteró de lo que dijo por medio de la revelación entonces se aproximó a ellos
y se los comentó. Quedaron tan sorprendidos que inmediatamente entraron en el
Islam, haciendo el correspondiente testimonio de fe. Luego dijeron: "Juramos por
Allâh que no había nadie con nosotros para que te pueda
informar".
Ese mismo día el Profeta
fue a la casa de Umm Hani donde se aseó y rezó agradeciendo a Allâh por la victoria. Umm Hani había otorgado protección a dos parientes de
ella en su casa, con lo cual el Profeta
estuvo de acuerdo.
Se iba a ejecutar a nueve criminales en las cercanías de la Ka´bah. Solamente fueron ejecutados cuatro de ellos y el resto fue perdonado por diferentes motivos. Los que fueron ejecutados fueron 'Abdul 'Uzza bin Jatal quien había abrazado el Islam y fue designado como recaudador del Zakat, junto a un Ansarí. Tenían un esclavo con ellos. ’Abdul 'Uzza, en una discusión, asesinó al esclavo del Ansarí y se unió a los paganos como apóstata.
Nunca se arrepintió del crimen que cometió, y contrató a
dos mujeres para que ridiculicen al Profeta con sus canciones.
Al otro que ejecutaron fue Miqiás bin Sababa que era
musulmán. Un Ansarí mató a su hermano Hishâm accidentalmente. El Profeta
estipuló el pago de la indemnización el cual aceptó. Pero luego su naturaleza
vengativa le hizo matar al Ansarí y se refugió en La
Meca como renegado del Islam.
A pesar de esto, se realizó un gran esfuerzo por perdonar a
la gente culpable. 'Ikrima bin Abi Yahl, quien había atacado al batallón de
Jâlid en el momento de ingresar a La Meca, fue perdonado. A Uahshi, el asesino de Hamzah, el tío del Profeta y a Hind que había masticado su
hígado (el de Hamzah)
también les alcanzó la indulgencia del Profeta . El mismo trato obtuvo Habar quien había herido gravemente
a una de las hijas del Profeta cuando ella abandonaba La Meca para ir a Medina,
y murió debido a la mortal herida.
Del mismo modo, dos jefes de Quraish fueron beneficiados con la benevolencia del Profeta
, cuando abrazaron el Islam. Ellos eran Safuán bin Umaiah y
Fudalah bin 'Umair. Este último había atentado
contra la vida del Profeta
mientras circunvalaba en el Santuario Sagrado. La tolerancia del Profeta
estaba de acuerdo a su misión ya que había sido descripto
como una misericordia para la humanidad. Gracias a esto, terribles hipócritas
devenían en devotos creyentes.
Al segundo día de la conquista, el Profeta
se dirigió a la gente informándoles del carácter sagrado de La Meca. Después de
alabar a Allâh, dijo que La Meca era un territorio sagrado y que
permanecerá así hasta el Día del Juicio. No se permite el derramamiento de
sangre. Nadie debe combatir dentro de ella aunque diga que el Profeta
lo hizo, porque si lo hizo fue con una licencia otorgada
temporalmente, y que no era válida para otros. Ibn 'Abbâs narró que el Profeta
dijo: "Allâh hizo de La Meca un lugar Sagrado, y así lo era antes de
mi y así lo será después de mi. Fue lícito para mí (combatir) únicamente por un
pequeño lapso ese día. No está permitido cortar sus espinas, cortar sus árboles,
y no se debe recoger algo caído sin anunciarlo públicamente. Al 'Abbâs dijo: "Oh
Mensajero de Allâh excepto los juncos que usamos para las tumbas y nuestros
hogares". Entonces el Profeta
dijo:"Excepto los juncos".
A pesar de todo, y aún queriendo vengarse, la tribu de Juza'ah mató a un hombre de la tribu de Laiz. Aquí el
Profeta
se indignó y le ordenó a la tribu de Juza'ah que
termine con ese proceder de la época pagana, y le otorgó a la familia de la
víctima para que elija entre dos opciones: una indemnización o ejecutar al
culpable.
Después de su disertación, el Profeta
se dirigió hasta la colina da Safa que no se encuentra lejos de al Ka´bah. Dirigiendo su rostro a la Casa Sagrada, con una
multitud devota que lo observaba, levantó sus manos para rogarle y suplicarle a
Allâh. Los habitantes de Medina sintieron temor y preocupación,
debido a que ahora que Allâh le había otorgado a Su Profeta la victoria sobre los pobladores de su ciudad natal, podría
elegir quedarse con ellos. El Profeta
les preguntó porque estaban preocupados y le expresaron su
temor. Pero rápidamente el Profeta
disipó sus temores diciéndoles que viviría con ellos y moriría con ellos (en
Medina).
Inmediatamente después de la ilustre conquista, los mecanos
se dieron cuenta que la única manera de triunfar era transitando en el camino
del Islam. Eran concientes del nuevo contexto y se reunieron con el Profeta
para jurarle fidelidad. Los hombres lo hicieron primero, jurándole obediencia en
todo lo que esté a su alcance. Y luego hicieron lo mismo las mujeres. El Profeta
estuvo con 'Umar bin Al Jattâb
recibiendo a la gente que le juraba fidelidad. Hind bint Utbah, la esposa de Abu
Sufián, fue escondiéndose entre las mujeres por temor a que el Profeta
la reconozca debido a que ella había masticado el hígado de su tío Hamzah. El Profeta
aceptó el juramento de ellas con la condición de que no asocien nada con
Allâh, lo cual estuvieron de acuerdo. Luego agregó que no
deberán robar. En ese momento, Hind se quejó porque su marido, Abu Sufián, era
un tacaño. Su marido la interrumpió diciéndole que le regalaría todas sus
posesiones. El Profeta
sonrío reconociendo a la mujer. Ella le pidió que le perdone todas sus ofensas y
sus anteriores delitos.
Otras de las condiciones consistían en la prohibición del adulterio, infanticidio, y calumniar. A todo esto Hind respondió positivamente jurándole que ella no hubiese venido a prometer fidelidad si hubiese tenido la menor duda en cuanto a obedecerlo. Cuando regresó a su casa destruyó el ídolo que solía adorar.
El Mensajero de Allâh
permaneció en La Meca 19 días. Durante su estadía en la Sagrada ciudad enseñó el
Islam encaminando a la gente hacia a rectitud. Le ordenó a Abu Usaid Al Juza'i que restaure los pilares del Sagrado Santuario,
envió invitaciones a todas las inmediaciones de la ciudad para que adopten el
Islam como religión, y para que rompan los ídolos que todavía existían en las
proximidades de La Meca; les dijo:
"Quien crea en Allâh y en la otra Vida que destruya los ídolos que tiene en su hogare."
Al poco tiempo el Profeta
envió pelotones cuya misión era destruir y eliminar los últimos ídolos que
quedaban de la época pagana.
El Profeta , entonces, envió a Jâlid bin Al Ualîd durante el mes de
Ramadán del año 8 d.H. a Najlah donde había un ídolo femenino llamado Al ‘Uzza, venerada por las tribus de Quraish y de Kinânah. El lugar estaba custodiado por Bani Shaiban. Jâlid fue a la cabeza de treinta jinetes a esa
localidad y destruyó el ídolo. Cuando regresó, el Mensajero de Allâh
le preguntó si había visto a alguien ahí pero le respondió que no. El Mensajero
de Allâh
, entonces, le dijo que todavía no lo había destruido y lo
mandó nuevamente. Cuando llegó al lugar, se encontró con una mujer desnuda,
negra, sucia y desarreglada que salió de entre las cenizas del templo. Jâlid la
mató con su espada. Luego volvió y contó lo sucedido al Mensajero de
Allâh
quien le dijo que ahora había cumplido con la
misión.
Más tarde, durante el mismo mes, ‘Amr bin Al 'As fue designado para destruir a otro ídolo, venerado
por Hudhail, llamado Suûa. Estaba ubicado a una distancia de tres kilómetros de
La Meca. Cuando llegó al lugar, un hombre le preguntó a que venía y ‘Amr le
contestó que el Mensajero de Allâh
le había ordenado destruir ese ídolo. El hombre le dijo que no era posible y
‘Amr se sorprendió de que todavía hubiese gente con esa falsa creencia. Luego se
aproximó al ídolo y lo destruyó. El hombre inmediatamente abrazó el
Islam.
Sa'd bin Zaid Al Ashhali también fue enviado, durante el mismo mes, hacia Al Mashallal para destruir al ídolo llamado Manât, venerado por las tribus de Aus y Jazraÿ. Aquí también apareció una mujer negra, sucia y desnuda golpeándose el pecho. Sa'd la mató inmediatamente, destruyó el ídolo y retornó.
Jâlid bin Al Ualîd, a la cabeza de 350 jinetes compuestos por ansar, Muhâÿirún y Bani Salim, partió hacia Bani Juzaimah para invitarlos a que abracen el Islam, en el año 8 d.H.
Debía llevar a cabo la misión pacíficamente. En ese lugar,
al verlos llegar la gente salió corriendo gritando: “Hemos apostatado, hemos
apostatado[2]” entonces Jâlid ordenó que se los combata y sean tomados
prisioneros. Quiso también matar a los prisioneros pero algunos compañeros se
opusieron. Las noticias de este derramamiento de sangre llegaron al Mensajero de
Allâh , quien se apenó mucho y elevó sus manos hacia el cielo
diciendo: "Oh Allâh soy inocente por lo que hizo Jâlid", [3] repitiéndolo dos veces. Inmediatamente envió a ‘Ali para
resarcir todo lo posible a la tribu damnificada. Después de las indagatorias
correspondientes ‘Ali indemnizó a aquellos perjudicados. El resto que había
sobrado también fue repartido entre los miembros de esa tribu para aliviarles el
sufrimiento. Debido a su proceder, Jâlid tuvo una disputa con AbdurRahmân bin 'Auf. Al enterarse, el Mensajero de
Allâh
se disgustó y le ordenó a Jâlid que finalice ese altercado porque sus compañeros
(AbdurRahmân bin 'Auf) tenían demasiado rango para
verse involucrados en esa clase de argumentos.
Este fue el relato de la conquista de La Meca y la decisiva batalla que retiró de ella el paganismo para siempre. Las otras tribus de Arabia seguían expectantes el desarrollo de los acontecimientos y sabían que el Santuario Sagrado no caería excepto en las manos de los que sigan la verdad.
Estaban profundamente convencidas de esto dado que recordaban lo ocurrido con el ejército del elefante que vino desde el Yemen liderado por Abraha Al Ashram deseando destruir la Casa Sagrada 50 años atrás.
El Tratado de paz de Al Hudaibíah fue el preámbulo natural a esta gran victoria que impresionó profundamente a la gente y de la cual hablaron mucho. Los musulmanes en La Meca, que habían temido declarar su Fe en público, comenzaron a aparecer y a trabajar para este nuevo contexto de vida. Las personas comenzaron masivamente a abrazar el Islam, y el ejército musulmán que sólo enlistó a 3000 guerreros en la incursión anterior, ahora alcanzaba los 10,000. De hecho, este decisivo cambio les proporcionó a las personas la visión perspicaz para percibir las cosas y el mundo en su conjunto alrededor de ellos en una perspectiva diferente. Los musulmanes estaban listos para dirigir todos los asuntos políticos y religiosos de toda Arabia.
Toda la etapa posterior a Al Hudaibíah favorecía al nuevo movimiento islámico. Los
árabes del desierto empezaron a rendirle fidelidad al Mensajero de
Allâh , abrazando la nueva fe y luego llevándola a los diferentes
lugares para propagarla.