Cinco días antes de su muerte:
El miércoles, cinco días antes de que muriera, la elevada temperatura de su cuerpo señalaba la severidad de su enfermedad. Se desmayaba y sufría dolor. "Verted sobre mí siete Qirâb (recipientes con agua) de varios pozos para que pueda salir a encontrarme con la gente y les pueda hablar". Así que fue sentado en una bañera y vertieron agua sobre él hasta que dijo: "Es suficiente. Es suficiente."
Luego se sintió suficientemente bien como para ingresar en la Mezquita. Entró vendado, se sentó en el púlpito y dijo a las personas que estaban reunidas alrededor de él:
"La maldición de Allâh recaiga sobre los judíos y los cristianos que han hecho de las tumbas de sus Profetas lugares de adoración". [1]
Luego dijo:
"No hagan de mi tumba un ídolo venerado".
[2]
"Aquel a quien yo haya lastimado, aquí le ofrezco mi espalda para que haga lo mismo. Aquel a quien ofendí en su honor, aquí estoy ofreciendo mi honor para que pueda resarcirse."
Luego descendió, y realizó la oración del mediodía. De nuevo subió al púlpito y se sentó en él.
Un hombre le dijo: "Me debes tres Dirhams". El
Profeta
dijo:
"Fadl, págale el dinero". Continuó
diciendo:
"Os aconsejó tratar bien a Al-Ansar
(los ansar). Ellos son mi familia y me dieron asilo. Han cumplido con la
responsabilidad que recayó en ellos y ahora queda el resto de lo que tienen que
hacer. Vosotros debéis reconocer y apreciar el favor que nos hicieron, y debéis
pasar por alto sus errores."
En otra versión dice:
"El número de creyentes aumentará, pero el número de ansar disminuirá a tal punto que serán entre los hombres como la sal en la comida. Así, que aquel de vosotros que tenga una posición de responsabilidad y tenga poder, debe reconocer y apreciar todos los favores que ellos nos han hecho, y deberá pasar por alto sus errores." [3]
Y dijo :
"Allâh, el más Grandioso, ha dado a un siervo suyo la oportunidad de optar entre los deleites de este mundo y lo que le tiene reservado en la otra vida; pero él ha optado esto último."
Abu Sa'id Al-Judri
dijo: "Al oír esas palabras, Abu Bakr lloró y dijo: "Que nuestros padres y
madres sean tu rescate ¡oh mensajero de Allâh!".
Entonces nos preguntamos por qué Abu Bakr dijo tal cosa. Las personas dijeron:
"Miren a ese anciano (osea a Abu Bakr). El Mensajero de Allâh
habla
sobre un siervo de Allâh que tuvo
la opción de elegir entre las delicias de este mundo y lo que Allâh le tiene
reservado en la otra vida, pero él dice: Que nuestros padres y madres sean tu
rescate oh mensajero de Allâh. Después
comprendimos a lo que se refería. El Mensajero de Allâh era al
siervo al que se le había permitido escoger. También reconocimos que Abu Bakr
era el más sabio entre nosotros." [4]
Entonces el Mensajero
de Allâh
dijo:
"De la gente, el que
más me asistió con su compañía y riquezas fue Abu Bakr. Si tuviese que elegir un
amigo íntimo después de Allâh, optaría
por Abu Bakr. Es la hermandad del Islam la que nos une. Ninguna puerta de la
mezquita deberá mantenerse abierta excepto la de Abu Bakr".
[5]