La distribución de los Botines:
De acuerdo al convenio recientemente concluido, los judíos
estaban obligados a abandonar Jaibar. Pero deseaban, con mucho anhelo, seguir
cultivando esa tierra tan fértil por la cual Jaibar era famosa. Se aproximaron
al Profeta
para
solicitarle que les permita cultivar la tierra y sus huertos con la condición de
entregar a los musulmanes la mitad de lo producido. Muhammad
, debido a
su gran amabilidad, accedió al pedido.
El
Mensajero de Allah dividió
la tierra de Jaibar en dos: una parte para que sirva de reserva para abastecer
de alimentos a los musulmanes en caso de cualquier imprevisto, y para atender
las necesidades de las delegaciones extranjeras que empezaban a frecuentar
Medina; la otra parte sería destinada para los musulmanes que presenciaron el
Tratado de Al Hudaibíah, estando estos presentes o ausentes. El total de las
partes a distribuir eran de 36, de las cuales 18 fueron otorgadas a la gente
mencionada anteriormente.
El ejército estaba compuesto por 1400 hombres de los cuales 200 pertenecían a los jinetes y el resto a la infantería. Los jinetes fueron beneficiados con tres porciones del botín, mientras que los de la infantería con una.[1]
Los botines que obtuvieron en Jaibar eran tan grandes que Ibn 'Umar dijo: "Nunca comimos tanto hasta que conquistamos Jaibar." Aisha dijo: "Ahora nos podemos llenar con dátiles".[2]
Cuando regresaron a Medina, los Muhâÿirún estaban en condiciones de devolverle a los ansâr todos los regalos que estos les habían otorgado. Todo esto gracias al beneficio económico que los musulmanes obtuvieron después de la conquista de Jaibar.[3]
La conquista de Jaibar coincidió con la llegada del primo del Profeta, Ya'far bin Abi Tâlib y sus compañeros junto a Abi Musa Al Ash'ari y otros musulmanes, provenientes de Abisinia (Etiopía).
Abi Musa
Al Ash'ari narró que él junto a más de cincuenta compañeros, tomaron una
embarcación desde Yemen hacia Abisinia (Etiopía) y ahí se encontraron con Ya'far
bin Abi Tâlib y sus compañeros. Abi Musa Dijo: "Permanecimos juntos hasta
que el Profeta mandó un
emisario pidiéndonos que nos traslademos a Medina. Cuando llegamos nos enteramos
que Jaibar había sido conquistada, y compartió con nosotros el botín." El
Profeta
a través
de Amr bin Umaiah Ad Damari, le pidió al Negus, rey de Abisinia (Etiopía), que les envíe a sus hombres. El Negus
los mandó de regreso, eran 16 hombres con sus esposas e hijos, en dos
embarcaciones. El resto de los muhâÿirún habían llegado antes a
Medina.[4]
Safíah,
cuyo marido Kinânah bin Abi Al Huqaiq había sido ejecutado por traición, fue
invitada a abrazar el Islam y así lo hizo, entonces el Profeta la liberó
y se casó con ella.
Se agasajó con un banquete, por la boda, que consistió en dátiles y se celebró en un lugar llamado Sadd As Sahba cuando regresaban a Medina.
Después de
la conquista de Jaibar, una mujer judía llamada Zainab bint Al
Hâriz, le ofreció al Profeta cordero
envenenado. Este tomó un bocado pero lo escupió. Después de indagar, la mujer
confesó que lo había envenenado debido a que, si lo comía un rey, este moriría,
pero si lo comía un verdadero Profeta
, sería
informado de su veneno. El Profeta
pasó por
alto su traición pero cuando Bishr bin Al Bara' murió a causa del veneno ordenó
que la ejecuten.
El número de musulmanes que murieron mártires es motivo de discusión, pero se estima que entre 16 y 18, mientras que murieron 93 judíos.
El resto
de Jaibar también cayó en manos de los musulmanes. Allah infundió miedo y terror
en los corazones de los judíos de Fadak, una villa ubicada al norte de Jaibar,
apresurándose estos a pedir una tregua pacífica. El Profeta les permitió vivir a
salvo, mientras otorguen sus riquezas a cambio. El Profeta
concluyó
un acuerdo con ellos similar al que hizo con Jaibar. Fadak pertenecía
exclusivamente al Profeta
dado que
ni la caballería musulmana ni su infantería se vieron envueltas en
combate.
Ni bien el
Profeta terminó
con los asuntos de Jaibar, se dirigió hacia Uadi Al Qura, otra colonia judía en
Arabia. Movilizó sus tropas dividiéndolas en tres regimientos con cuatro
estandartes entregados a Sa'd bin ‘Ubâda, Al Hubab bin Mundhir, ‘Abbâd bin Bishr
y Sahl Bin Hanif. Antes de combatirlos, invitó a los judíos a que abracen
el Islam. Pero no le prestaron atención. Once judíos murieron uno tras otro, y
cada vez que caía uno les hacían una nueva invitación a que se islamicen. Hubo combates durante dos días, luego de
los cuales los judíos se rindieron. Sus tierras fueron conquistadas y un gran
botín fue puesto en manos de los musulmanes.
El Profetar permaneció en Uadi Al Qura cuatro días, distribuyó el botín entre los musulmanes combatientes y firmó un acuerdo similar al de Jaibar con los judíos de esa zona.[5]
Los judíos
de Taimá, al enterarse de las continuas victorias de las tropas musulmanas, y de
las derrotas de los judíos, no mostraron resistencia cuando el Profeta
llegó a
sus moradas. Al contrario, tomaron la iniciativa para reconciliarse y así estar
a salvo a cambio de un tributo. Habiendo logrado su objetivo, el Profeta
emprendió
el regreso a Medina a finales del mes de Safar o a comienzos de Rabi’ Al Auual
del año 7 de la Hégira.
Es notorio
destacar que el Profeta siendo un
excelente estratega militar, consideró que evacuar Medina al finalizar los meses
sagrados (Muharram, Dhul Qa'da y Dhul Hiÿÿa) no sería muy
conveniente, debido a la presencia de beduinos saqueadores y bandidos. Para
disciplinar a estos malvados que se dedicaban a robar y saquear, les envió a
Abán bin Sa'id, a la cabeza de un destacamento para impedir que esos beduinos
continúen con sus actos de salvajismo. Envió a Abán durante su ausencia, por la
incursión en Jaibar, para proteger al naciente estado islámico. Abán consiguió
con éxito su objetivo y se unió con el Profeta
en Jaibar
luego de que ésta fue conquistada.