Hay
tres versiones respecto al motivo de esta guerra
La
Primera:
Habiendo notado la creciente expansión de su descendencia, el aumento de sus
bienes y de su respetabilidad después de la muerte de Hulail,
Qusai se encontró a sí mismo más merecedor de asumir la responsabilidad
de gobernar La Meca y custodiar la Casa Sagrada que las tribus de Juza‘ah
y Bani Bakr. También fue partidario de que los Quraishíes, los
descendientes de Ismael, fueran los jefes. Por lo tanto consultó a algunos
hombres Quraishíes y de Kinânah expresándoles su deseo de expulsar a
Juza‘ah y Bani Bakr de la La Meca y estos lo apoyaron en su
decisión.[1]
La
Segunda:
Juza‘ah alegó que Hulail encomendó a Qusai el mantener la
custodia de Al-Ka'bah y la
autoridad en la La Meca después de su muerte.[2]
La
Tercera:
Hulail le adjudicó el derecho de servir la Ka´bah a su hija
Hobba y nombró a Abu Gubshán Al-Juza‘i para que fuese el representante de ella.
Cuando murió Hulail, Qusai compró éste derecho con una odre de
vino, lo cual disgustó a los hombres de Juza‘ah y éstos trataron de
sacarle a Qusai la custodia de la Casa Sagrada. Sin embargo, Qusai
con la ayuda de Quraish y Kinânah, lograron recuperarla e inclusive
expulsar completamente a Juza‘ah de La Meca.[3]
Cualquiera que haya sido la verdadera razón, todo el asunto terminó en la
privación de los Sufah de sus privilegios, antes mencionados; la
expulsión de Juza‘ah y Bakr de La Meca y la transferencia del gobierno de
La Meca y de la custodia del
Sagrado Santuario a Qusai, después de feroces combates entre
Qusai y Juza‘ah. Luego llegó la reconciliación y la mediación de Ia‘mur
bin 'Auf, de la tribu de Bakr, cuyo veredicto legitimó la autoridad de Qusai sobre La Meca y la custodia
de la Casa Sagrada, no haciéndolos responsables de las muertes de los
Juza‘ah, ni de indemnizar las muertes de los Juza‘ah y Banu Bakr
[4]. Qusai comenzó a gobernar La Meca y
la Casa Sagrada en el 440 dC
[5]
Esto le permitió a él, y posteriormente a Quraish, poseer el
absoluto control de La Meca y la incuestionable custodia de la Casa
Sagrada.
Qusai trajo a sus parientes a La Meca para
habitarla, permitiendo a Quraish vivir en algunos lugares. An-Nus’a, las
familias de Safuán, 'Adwán y Murrah ibn 'Auf, preservaron los mismos derechos
que solían gozar antes de su llegada.[6]
Una acertada medida emprendida por Qusai fue establecer la Casa de
An-Naduah (la casa de la asamblea) al lado norte de la Ka´bah,
sirviendo como lugar de reunión de Quraish. Esto benefició mucho a los
Quraishíes porque permitió unificar opiniones entre ellos y solucionar
cordialmente sus problemas.[7]
Qusai gozó de los siguientes
privilegios de liderazgo y honor:
1. Presidir las reuniones de
An-Naduah donde se consultaban y trataban los asuntos importantes y se constituían
los contratos matrimoniales.
2. El estandarte de guerra, no podía haber
declaración de guerra sin su aprobación, o la aprobación de uno de sus
hijos.
3. El liderazgo de las caravanas, era el
jefe de todas las caravanas. Ninguna podía partir de La Meca para comerciar u
otro motivo a menos que sea con su consentimiento o el de alguno de sus
hijos.
4. El custodio de la Ka'bahh, era el
único que abría su puerta, y era el responsable del servicio y protección de la
misma.
5. Proveer de agua a los peregrinos:
llenaban vasijas endulzadas con dátiles o pasas de uvas para que los peregrinos
que visitaban La Meca puedan beber.
6. Alimentación de los peregrinos: ello
significaba cocinar para los peregrinos que no podían hacerlo por sí mismos.
Qusai impuso a los Quraishíes un impuesto anual sobre la tierra,
que se pagaba en la temporada de Peregrinación para solventar los gastos de la
comida.[8]
Es
notorio señalar que Qusai escogió a su hijo ‘Abd Manâf, legándole el
honor y el prestigio de presidir la Casa de Naduah, a pesar de no ser su
hijo mayor (‘Abd Ad-Dar era el mayor); confiándole también la responsabilidad
del estandarte, de ser el guardián
de la Ka´bah, y de proveer de agua y alimentos a los peregrinos. Debido a
que las acciones de Qusai eran consideradas incuestionables y sus órdenes
inviolables, su muerte no dio lugar a conflictos entre sus hijos, pero más tarde
sí lo hizo entre sus nietos. En cuanto murió ‘Abd Manâf, sus hijos comenzaron a
tener disputas con sus primos (los hijos de‘Abd Ad-Dar), que provocaron
discrepancias y luchas en toda la tribu de Quraish. A causa de un tratado
de paz, mediante el cual los cargos fueron reasignados, conservaron los hijos de
‘Abd Manâf el alimentar y abastecer de agua a los peregrinos; mientras que la
Casa de Naduah, el estandarte
y la custodia de la Ka´bah quedaron en manos de los hijos de‘Abd
Ad-Dar. Los hijos de ‘Abd Manâf, sin embargo, desecharon sus cargos, dejándole
la responsabilidad de proveer comida y agua sólo a Hâshim bin ‘Abd Manâf,
que después de su muerte, recayó sobre su hermano Al-Muttalib bin ‘Abd
Manâf y luego por ‘Abd
Al-Muttalib bin Hâshim, abuelo del Profeta r,
cuyos hijos asumieron esta posición hasta el surgimiento del Islam, durante el
cual ‘Abbâs bin ‘Abdul-Muttalib estuvo a cargo.[9]
Muchos puestos fueron distribuidos entre la
gente de Quraish estableciendo los pilares de un pequeño estado cuyas
reparticiones y comisiones gubernamentales eran parecidos a los de hoy en día. A
continuación se enumeran dichos cargos:
1. Sortear la suerte ante los ídolos
(buscando la guía de los mismos) fue designado a los Bani
Yumah.
2. Registrar las ofrendas y sacrificios,
resoluciones en las disputas y asuntos relevantes quedaron en manos de los Bani
Sahm.
3. Los Bani Asad eran responsables de las
consultas.
4. La organización del pago de las
indemnizaciones por muertes y multas las realizaban los Bani
Taim.
5. El portar el estandarte, lo hacían los
Bani Umâiah.
6. El cuerpo militar, la infantería y la
caballería eran responsabilidades de los Bani
Majzûm.
7. Los Bani Adi tenían como función diplomática
las relaciones exteriores.[10]
[1]
Ibn Hishâm,
1/117-118
[2]
Ibn Hishâm,
1/118
[3]
Rahmat-ul-lilalamin, 2/55.
Fath
Al-Bâri 6/634, Al-Ia‘qubi
1/239, Al-Mas'ûdi 2/58
[4]
Ibn Hishâm,
1/123-124.
[5]Fath
Al-Bâri 6/633, Qalb
ÿazirat Al-‘Arab pág. 232.
[6]
Ibn Hishâm,
1/124-125
[7]
Ibn Hishâm,
1/125; Muhadarât Târij Al-Umam
Al-Islamiah por
Al-Jidhri 1/36 Ajbar Al-Kiram, pág.
152.
[8] Ibn Hishâm, 1/130, Tarij Al-Ia'qûbi
1/240-241.
[9] Ibn Hishâm,
1/129-179.
[10]Târij Ard
Al-Qur’ân, 2/104-106.