Gobiernos y Autoridades entre los Árabes

Cuando hablamos de los árabes anteriores al Islam, vemos  la necesidad de dar un panorama general de la historia de sus autoridades, gobiernos, sectarismos y de la religión predominante que tenían, de manera que pueda facilitar la comprensión de las circunstancias que rodeaban el momento en que el Islam tuvo su aparición.

 

Cuando surgió la luz del Islam, los gobernantes de Arabia eran de dos tipos: los coronados reyes, que de hecho no eran del todo independientes; y los líderes de las tribus y clanes, quienes gozaban de la misma autoridad y privilegios que los reyes, pero eran más independientes, aunque algunos mostraban cierta clase de  sometimiento a los reyes. Los reyes eran  del Yemen y Siria, la dinastía de Gassán y los monarcas de Hirah. Los demás gobernantes de Arabia no eran reyes.

Gobierno en el Yemen 

En el Yemen la gente de Sheba (Saba)  era una de las más antiguas naciones de los árabes puros. Ya hemos hecho mención de ellos, cuya existencia se remonta a veinticinco siglos AC   según las excavaciones realizadas en Ur. Su civilización fue floreciente y  su dominio se expandió durante el siglo XI a.C.

Es posible dividir sus etapas de acuerdo a la siguiente estimación:

1. Hasta el año  650 a.C.,  sus reyes fueron llamados ‘Makrib Sheba’. Su capital era ‘Saruah’, también conocida como ‘Jrîba’, cuyas ruinas se encuentran a cincuenta kilómetros del lado noroeste de Ma’rib y a 142 kilómetros al este de San‘a. Durante ésta etapa,  iniciaron la construcción del dique de Ma’rib’ que tuvo gran importancia en la historia de Yemen. Se dice que Sheba tenía tanto poder que tenía colonias dentro y fuera de Arabia.

2.  Del 650 a.C.  hasta el 115 a.C :  Durante éste período fueron conocidos con el nombre de Sheba. Cambiaron el nombre de “Makrib” por la de ‘reyes de Sheba’. Hicieron de Ma’rib su capital en vez de Saruah. Las ruinas de Ma’rib se ubican a una distancia de 192 kilómetros  al este de San'a. [1]

3. Del año 115 a.C hasta el 300 d.C : Durante éste lapso, la nación fue conocida como Himiaria, la tribu de Himiar conquistó el reino de Sheba e hicieron de Rîdán su capital en vez  de Ma’rib. Más tarde, Rîdán fue llamada “Zifar”. Sus ruinas aún permanecen en la montaña Mudauuar, cerca de la ciudad de “Iarîm”. Durante éste período comenzaron a decaer. Su comercio disminuyó enormemente; primero a causa del dominio de los Nabateos al norte del Hiÿâz; segundo, por la superioridad de los romanos en las rutas del comercio naval después de haber conquistado Egipto, Siria y el norte del Hiÿâz; y tercero como resultado de conflictos entre sus tribus. Gracias a estos tres factores, las familias de Qahtán se separaron y se dispersaron.

4. Del 300 d.C.,  hasta el advenimiento del Islam en Yemen: Durante este período, la nación fue conocida como Himiarîah II, presenciando el incremento de desórdenes y tumultos seguidos de guerras civiles que padecieron los yemenitas, y los expuso a ser controlados por extranjeros y en consecuencia a perder su independencia. Durante éste período los romanos conquistaron 'Adn y ayudaron a los abisinios (etíopes) a ocupar el Yemen por primera vez en el 340 d. C., aprovechando los constantes conflictos entre las tribus de Hamdán y Himiar. La dominación abisinia del Yemen duró hasta el 378 d. C., cuando los yemenitas recuperaron su independencia. Después, debido al resquebrajamiento del dique de Ma´rib (450 o 451 d.C.), sobrevino la "Gran Inundación" incidente que se menciona en el Noble Corán. Este fue un gran acontecimiento que causó la caída total de la civilización yemenita causando la dispersión de la población que vivió allí.

En el 523, Dhu Nauás, un líder judío, emprendió una gran campaña contra los cristianos de Naÿrán para forzarlos a convertirse al Judaísmo. Al rehusarse, estos fueron arrojados con vida en una gran fosa con fuego. El Corán narra este suceso:

(¡Por las constelaciones! ¡Por el día prometido! ¡Por un testigo y un atestiguado! ¡Que mueran los dueños del foso! El fuego bien alimentado. Cuando ellos estaban a su alrededor sentados, y eran testigos de lo que hacían con los creyentes. Sólo se vengaron de ellos porque creían en Allâh, el Poderoso, el Digno de Alabanza. Aquel a quien pertenece el dominio de los cielos y la tierra. Allâh es testigo de todas las cosas. Los que atormentaron a los creyentes y las creyentes, y no se hayan arrepentido tendrán el castigo del Infierno ardiente.) (85:4-10)

Esto produjo gran ira entre los cristianos, especialmente entre los emperadores romanos, que no solamente incitaron a los abisinios (etíopes) contra los árabes sino que también  reunieron una gran flota,  compuesta de 70,000 guerreros, que ayudó al ejército abisinio a  conquistar por segunda vez al Yemen en el 525 d.C., bajo el liderazgo de Eriat, a quien se le garantizó gobernar el Yemen, autoridad que mantuvo hasta que fue asesinado por un líder de su ejército, Abrahah.  Abrahah, después de reconciliarse con el rey de Abisinia, gobernó el Yemen y más tarde envió a sus soldados para demoler la Ka'bah (precedidos por un gran elefante de combate), por esta razón, él y su ejército fueron conocidos como “los hombres del Elefante”.

En el año 575 d.C después del incidente del "Elefante", la gente del Yemen bajo el liderazgo de Ma’dikarib bin Saif Dhu Iazin Al Himîari, con el  apoyo persa, se rebeló contra los abisinios (etíopes), recuperando la independencia y designando a Ma´dikarib como su rey. Sin embargo, Ma’dikarib fue asesinado por un sirviente abisinio (etíope) suyo. La familia de Dhu Iazin fue así privada de la monarquía para siempre. Kisra (Cosroes), el rey persa, designó un gobernante persa sobre San’a y así fue como el Yemen pasó a ser una colonia persa. Los gobernantes persas mantuvieron el dominio del Yemen hasta Badhán, el último de ellos, que abrazó el Islam en 638 dC  finalizando el dominio persa sobre el Yemen. [2]


[1] Muhadarât  Târij Al-Umam Al-Islamiah  por Al-Jidhri, 1/15,16. Al-Iaman ‘Abr At-Târij pág. 77, 83, 124, 130, y Târij Al-‘Arab Qablil-Islâm 101-112.

[2] Para detalles ver Al-Iaman ‘Abr At-Târij pág. 77, 83, 124, 130, 157, 161, Târij Ard Al-Qur’ân 1/133, y Târij Al-‘Arab Qablil-Islâm 101-151.