Su
infancia
La costumbre común de los árabes que vivían
en ciudades era enviar a sus hijos con niñeras beduinas con el propósito de que
crecieran libres y saludables en el desierto, para poder también robustecerse y
aprender el lenguaje puro de los beduinos y adquirir sus modales, que eran
reconocidos por la honradez y la carencia de numerosos vicios que normalmente se
desarrollan en sociedades sedentarias.
El
Profeta fue
confiado más tarde a Halîmah bint Abi Dhuaib perteneciente a Bani Sa‘d
Ibn Bakr. Su esposo fue Al-Hâriz Ibn ‘Abdul ‘Uzza llamado Abu
Kabshah, de la misma tribu.
Muhammad
tuvo muchos hermanos y hermanas de leche, ‘Abdullah Ibn Al-Hâriz, Anisah
bint Al-Hâriz, Hudhafah o Yudhamah bint Al-Hâriz (conocida como
Ash-Shaima’), Abu Sufián Ibn Al-Hâriz Ibn
‘Abdul-Muttalib, el primo del Profeta
.
Hamzah Ibn ‘Abdul-Muttalib, el tío (paterno) del Profeta
,
fue amamantado por las mismas dos nodrizas, Zuaibah y As-Sa‘diah, que
amamantaron al Profeta
.[1]
La
tradición nos relata como Halîma y su familia fueron favorecidos de
varias maneras mientras Muhammad
vivió bajo su cuidado. Ibn Ishâq registró que Halîma narró que
ella junto a su esposo y un niño aun lactante partieron de su pueblo en compañía
de algunas mujeres de su clan en busca de niños a quienes amamantar. Ella
dijo:
“Fue
un año de hambruna y sequía y no teníamos nada para comer. Monté una burra
marrón. Poseíamos también con nosotros una camella vieja. Juro por Allâh que
no podíamos siquiera obtener una gota de leche. No pudimos conciliar el sueño
durante la noche porque el niño lloraba de hambre. No había suficiente leche en
mi pecho y la camella no tenía nada para alimentarlo. Solíamos suplicar
constantemente para que llueva y se aliviaran nuestras penas. Fuimos a La Meca
buscando niños para amamantar. Ni una sola mujer de las nuestras aceptó al
Mensajero de Allâh
para amamantarlo, cuando se enteraban que era huérfano. Habíamos fijado nuestros
ojos en la recompensa que obtendríamos del padre del niño ¡Un huérfano! ¿Para
qué estaban su abuelo y su madre? Así que en principio lo rechazamos. Cada mujer
de mi clan consiguió a alguien para amamantar y cuando estuvimos a punto de
partir, le dije a mi esposo: “Por Allâh, no
quiero regresar con las otras mujeres sin ningún bebé para amamantar. Debería ir
a buscar a ese huérfano y llevarlo”. Me contestó: “No hay daño en hacerlo y tal
vez Allâh nos
bendiga con él.’ Así que fui y me lo llevé porque no había otra alternativa para
mí que esa. Cuando lo cargué en mis brazos y regresé a mi lugar lo coloqué en mi
pecho y para mi gran sorpresa, estos se encontraban llenos. Bebió hasta
satisfacerse, y también lo hizo su hermano de leche y luego ambos se durmieron
aunque mi bebé no pudo dormir la noche anterior. Mi esposo fue hacia la camella
para ordeñarla, y para su asombro, la encontró llena de leche. Ordeñó y bebimos
hasta saciarnos, y gozamos de un buen sueño durante la noche. A la mañana
siguiente, mi marido dijo: “Por Allâh,
Halima, debes entender que has traído un niño bendecido”. Respondí: “Por
la gracia de Allâh,
espero que así sea”.
La
tradición nos menciona que Halima y su familia tivieron una vida
agraciada mientras el Profeta
permaneció con ellos, rodeados de un aura de buena fortuna. La mula en que los
llevaba a La Meca casi se desplomaba; pero recuperó fuerzas para el asombro de
los acompañantes de Halima. Luego cuando llegaron a los campamentos en
territorio del clan Sa’d, encontraron todo a su favor. En la tierra árida
crecieron pasturas y el ganado volvía satisfecho y lleno de leche. Muhammad
estuvo con Halima dos años hasta que fue destetado. Halima nos
cuenta así este episodio:
“Entonces
lo llevamos con su madre insistiéndole para que le permita quedarse con nosotros
y así beneficiarnos de la buena ventura y las bendiciones que nos traía.
Insistimos en nuestro pedido aludiendo que nuestra ansiedad era que el niño no
se contagie de alguna peste en La Meca. Al fin se nos concedió nuestro deseo y
el Profeta
permaneció con nosotros hasta que lo devolvimos”.[2]
El
Profeta
permaneció con ellos hasta los cuatro o cinco años de
edad.[3]
Encontramos
en Sahih Muslim el relato de Anas: que el Ángel
Gabriel
descendió y abrió su pecho para sacar su corazón. Entonces extrajo un coágulo
negro de éste y dijo: “Ésta era la parte de Shaitân en ti”. Luego
lo lavó con agua de Zamzam en un recipiente de oro. Después
devolvió el corazón a su sitio. Los niños y compañeros de juego fueron corriendo
hacia su madre, o sea, su nodriza, y dijeron: “¡Muhammad ha
sido asesinado!” Todos se dirigieron a él y lo hallaron en buen estado excepto
que su rostro estaba pálido. Dijo Anas: “He visto las cicatrices que quedaron en
su pecho”.[4]
[1]
Zâd
Al-Ma‘ad,
1/19.
[2]Ibn
Hishâm, 1/162-164.
[3]Ibn
Hishâm, 1/162-164. Ver Dala’il
An-Nubuuah por Abu Nu‘aim. Acorde a la
narración de Ibn Ishâq se entiende que ocurrió en los comienzos del
tercer año. (Ver Ibn Hishâm 1/164,165) pero es contradictorio porque lo menciona
como pastor, y no se puede concebir de que un niño de tres años sea
pastor.
[4]Sahih
Muslim,
1/92.