Esporádicas incursiones

 

La expedición llamada Dat-ur-Riqa' (en el año 7 de la Hégira)

 

Luego de haber sometido a dos poderosos bandos de la coalición, el Profeta  decidió emprender los preparativos para disciplinar a los beduinos del desierto, quienes habitaban la zona de Naÿd, y se dedicaban al pillaje y al vandalismo. Contrariamente a los judíos y a la gente de La Meca, a ellos les gustaba vivir esparcidos en lugares agrestes, por eso era dificultoso tenerlos bajo control a pesar de las distintas incursiones que se hicieron para someterlos. Sin embargo el Profeta estaba decidido a ponerle fin a esta inaceptable situación convocando a los musulmanes para emprender una decisiva campaña que someta a esos rebeldes. Mientras, le informaron que Bani Muharib y Banu Za'labah de la tribu de Gatafán se habían reunido para enfrentar a los musulmanes. El Profeta avanzó hacia Naÿd a la cabeza de 400 o 700 hombres, luego de delegar los asuntos de Medina a Abu Dharr, otra versión narra que dejó a cargo a 'Uzmán bin Affán. Los combatientes musulmanes penetraron en lo profundo de sus tierras hasta llegar a un lugar llamado Najlah donde se encontraron con algunos beduinos de Gatafán, pero no hubo enfrentamiento debido a que estos últimos quisieron reconciliarse con los musulmanes. El Profeta dirigió a sus seguidores ese día en la plegaria del temor.

 

Al Bujârî citó a Abu Musa Al Ash'ari quien narró que partieron en una expedición con el Mensajero de Allah , donde seis personas se turnaban para montar un camello. "Nuestros pies se lastimaron. Mis pies estaban tan lastimados que hasta se me salieron las uñas. Entonces envolvimos nuestros pies con trapos, por eso esta expedición fue llamada Dhat-ur-Riqa'." (La expedición de los trapos)[1]

 

Yâbir narró: durante los acontecimientos de Dhat-ur-Riqa' el Profeta se sentó bajo la sombra de un árbol para cubrirse del abrumador sol. Los demás buscaron también lugares para protegerse del sol.

 

El Profeta tomó una pequeña siesta dejando su espada a su lado. De pronto; un pagano toma su espada. Cuando el Profeta se despertóó, encontró que su espada estaba en las manos de aquella persona. El beduino le preguntó al Profeta :"¿Quién te protegerá de mí en este momento?". El Profeta le respondió:"Allah". Entonces la espada cayó de las manos del pagano, y cuando el Profeta la tomó, el pagano le dijo: "Tu eres el mejor que sostiene la espada". El Profeta le preguntó al hombre si atestiguaba la unicidad absoluta de Allah y la Profecía de Muhammad. El beduino le contestó que nunca lo combatirá ni se aliaría con nadie en su contra. El Profeta lo dejo marcharse, y cuando el pagano retorno a su gente les dijo que se había encontrado con la mejor persona del mundo. [2]

 

Una mujer beduina fue tomada prisionera durante el transcurso de los acontecimientos. Su marido al enterarse juró que no se detendría hasta derramar la sangre de todos los musulmanes. En secreto, por la noche, se aproximó al campamento de los musulmanes donde vio dos centinelas que custodiaban el lugar. Le tiró una flecha al que estaba rezando llamado ‘Abbâd bin Bishr, pero éste no interrumpió su plegaria. Luego le arrojó tres flechazos que no sirvieron para que detenga su oración. Después de finalizar con las dos salutaciones, despiertó a su compañero que era ‘Ammar bin Iâsir. Éste le dijo que debería haberlo despertado antes dadas las circunstancias, pero su compañero le reveló que no quiso hacerlo por que no deseaba interrumpir la recitación de la Sura que estaba leyendo durante su oración. [3]

 

La victoria de la expedición Dat-ur-Riqa' tuvo un gran impacto en toda Arabia. Infundió el temor en los corazones de los rebeldes y los hizo ver que eran muy inferiores en poderío para perjudicar a la sociedad islámica de Medina. Empezaron a tomar conciencia de la nueva situación geopolítica y se resignaron a las condiciones que favorecían a la nueva religión. Algunos de ellos abrazaron el Islam y colaboraron activamente en la conquista de la La Meca y en la batalla de Hunain.

Desde ese momento la coalición tripartita anti-islámica fue desmantelada, y la paz y la seguridad prevalecieron.



1 Sahih al Bujâri, 2/592; Sahih Muslim, 2/118.

2 Mujtasar Sirat Ar Rasul. Pág.264; Fath Al Bari, 7 / 416.

3  Zad al Ma’ad, 2/112; Ibn Hishâm, 2/203-209 .