Publicando la enemistad en la Mezquita
Sagrada
Sa‘d bin Mu‘adh, un famoso
ansar, anunció su intención de realizar una ‘Umrah (Peregrinación
menor) y se dirigió hacia La Meca. Fue a ver a Umaia bin Jalaf, y le dijo: “Dime
una hora que este vacía para que pueda hacer la circunvalación
(Tawaf) alrededor de la Ka'bah .” Entonces Umaia lo
acompañó cerca del mediodía. Abu Ÿahl los encontró y
dijo: “¡Oh Abu Safuán! ¿Quién es el hombre que está a tu lado?” Le respondió,
“Es Sa‘d”. Abu Ÿahl dirigiendose a
Sa‘d le dice: “Veo que estas seguro en La Meca a pesar de que le diste asilo y
asistencia a la gente que cambió su religión. Por Allâh, si no estuvieras acompañado
por Abu Safuán, no volverías a tu familia sano y salvo.” Sa‘d, elevando su voz, le dijo:
“¡Por Allâh! si me detienes y me impides
hacer esto (la 'umrah) yo no dejaría que tú hagas algo más valioso para
ti, me refiero a tu paso por Medina.”
[1]
Más provocaciones continuaron de
parte de Quraish,
enviándoles a los musulmanes un pliego amenazándolos con matarlos en su propio
hogar. Estas no eran meras palabras, dado que el Profeta
se informó, por
fuentes confiables, sobre la veracidad de los ataques que los enemigos del Islam
planeaban. Medidas de precaución fueron tomadas y un estado de alerta predominó,
se hacían guardias de seguridad alrededor de la casa del Profetar y otros puntos
estratégicos. Muslim citó que ‘Aishah dijo que el Mensajero de
Allâhr se había recostado
por la noche y dijo: “¿Habrá alguien de mis compañeros piadosos que monte
guardia para mí esta noche?”
‘Aishah dijo: “Estabamos
en ese estado cuando escuchamos los ruidos de alguien que llevaba armas. El
Profeta dijo: ‘¿Quién está
ahí?’ El recién llagado respondió: ‘Soy Sa‘d bin Abi Uaqqás.’ El Mensajero de
Allâh
le preguntó: ‘¿Qué te
trae por aquí?’ Respondió: ‘Sentí miedo y preocupación de que te pase algo;
entonces vine a vigilar. El Mensajero de Allâh
invocó bendiciones
sobre Sa‘d y luego se
durmió.”[2]
Este estado de precaución y
alerta continuó hasta que las Palabras de AllâhI fueron reveladas:
(Allâh te protegerá de la
humanidad.) [5:67]
Entonces el Profeta se asomó desde su
casa pidiéndole a su gente que se marche, les
dijo:
“¡Oh gente! Marchaos, ciertamente
Allâh el Poderosísimo y
Majestuoso me protegerá.”
[3]
La vida del Profeta no era el único
objetivo de las amenazas de los incrédulos; también lo eran las vidas de toda la
comunidad musulmana. Cuando los Medinenses dieron asilo al Profeta
y a sus Compañeros,
los beduinos del desierto comenzaron a observarlos con desconfianza y
proscribieron a todos los musulmanes.