Los Reinos Panarábigos:
Anteriormente mencionamos la emigración de
las tribus de Qahtán y Adnán, y la división de Arabia entre estas dos
tribus. Aquellas tribus que se asentaron cerca de Hîrah se subordinaron
al rey árabe de Hirah, mientras que aquellas que se establecieron en el
desierto de Siria estaban bajo el dominio de los gassaníes, donde cierta clase
de dependencia era más bien una formalidad que algo real. Sin embargo, aquellos
que moraban en el inhóspito desierto gozaban de una total
autonomía.
De hecho estas tribus tenían autoridades
elegidas por ellos mismos, que eran una especie de semi-gobierno basado en la
solidaridad tribal y el interés común en la defensa de la tierra y la
propiedad.
Los jefes de las tribus gozaban de similares
privilegios dictatoriales a los de los reyes, lo que les concedía completa
obediencia y sometimiento, tanto en la paz como en la guerra. La rivalidad entre
primos por gobernar, sin embargo, los condujo a excederse en agasajar a sus
huéspedes; con conmovedora generosidad, sabiduría y caballerosidad, con el sólo
propósito de destacarse sobre sus rivales, ganar fama entre la gente,
especialmente entre los poetas, quienes eran los voceros oficiales de aquel
tiempo.
Los jefes de tribu y terratenientes tenían derechos especiales sobre los botines de guerra, siendo estos una cuarta parte de los mismos, sea este de su elección, o encontrado a su regreso o inclusive el remanente indivisible.