Después de leer el Sagrado Corán

se acostumbra pronunciar la siguiente plegaria:

 

¡Oh, Díos! ¡Cambia la desolación de mí tumba por acogedora comodidad¡ ¡Oh, Díos! ¡A través del Sublime Corán, ten piedad de mí!

¡Haz que sea para mí guía, luz, Dirección y misericordia! ¡Oh, Díos! ¡Haz que recuerde lo que de él llegue a olvidar!

¡Enséñame lo que de él ignore!

¡Concédeme que lo recite de día y de noche!

¡Haz que sea para una Autoridad,  ¡Oh Señor del universo!

Amén