Tercero: La autenticidad de la sunna del Profeta

Algunos islamólogos occidentales dudan de la autenticidad de la sunna del Profeta. Goldziher, por ejemplo, la considera una invención de los musulmanes de la primera época del Islam (1). Para desmentir esto, tenemos que considerar lo siguiente:

1- La sunna del Profeta se considera la segunda fuente de la Legislación Islámica después del Corán. Como el Profeta fue ordenado que comunicara el Libro Sagrado a la gente, se le ordenó asimismo de interpretarlo y explicarlo (2). La interpretación del Profeta es lo que llamamos "La sunna" que incluye: los dichos del Profeta, sus hechos y su aprobación (se entiende de esta palabra que es el silencio del Profeta ante un hecho que observó). Él confirmó la necesidad de observar vigorosamente su sunna al decir en su palabra pronunciada en la Gran Peregrinación: ``He dejado para vosotros dos cosas que, al aferraros en ellas, no os desviaríais jamás: el Corán y mi sunna”(3)

2- No podemos negar que en la sunna se introdujeron muchos hadices (tradiciones proféticas) falsamente atribuidas al Profeta, pero, a lo largo de la historia del Islam, los ulemas estaban al tanto de esta cuestión. Debido a ellos los transmisores del hadiz (los tradicionistas) seguían unas reglas estrictísimas al coleccionar los hadices, basándose en el versículo Coránico nº 6 de la sura 49 que dice: "Creyentes! Si alguien, que no es digno de, confianza, os llega con una noticia, aseguraos antes..." Esta base coránica decide, que la moral del transmisor tiene que ser fundamento principal para aceptar su noticia o su narración, algo que los recopiladores del hadiz han aplicado estrictamente. Es un método critico del que se desarrolló gradualmente la critica histórica (4).

3- Debido a la importancia de la sunna en el Islam, los sabios musulmanes se han esforzado inagotablemente en su documentación, distinguiendo lo auténtico de lo que no lo es, y fundando varias ciencias relativas al hadiz del Profeta como: el estudio de las biografías de colectores, la de las cadenas de transmisores, la de lo fidedigno y lo dudoso, etc. Todas tienden a estudiar y examinar los transmisores y compiladores del hádiz para asegurarse de su veracidad en los dichos o hechos que atribuyen al Profeta quien dijoal respecto: "Quien, a sabiendas, me atribuye falsamente algo, tendrá su lugar seguro en el infierno".

4- Para tener idea de los esfuerzos exhaustivos de los sabios del Islam para documentar y asegurarse de la autenticidad del hadiz, tomamos como ejemplo al Imám al-Bujári (810 - 870 J.C.) quien pasó toda su vida en la tarea de coleccionar y documentar los hadices del Profeta. Este gran sabio recopiló más de 500 mil hadices o dichos atribuidos al Profeta, pero después de examinarlos minuciosamente, aplicando los métodos y las condiciones estrictas que se impuso a sí mismo, no aceptó de ellos más de 9000 hadices recopilados en su "Sahih al-Bujári". Si se tiene en consideración los hadices repetidos, tendremos cuenta de que el libro citado colecciona tan sólo 3000 hadices, y lo mismo hicieron los demás colectores.

5- Con todos esos esfuerzos dedicados a la documentación de la sunna del Profeta, los sabios islámicos dan crédito a seis recopiladores que son: al­ Bujáñ, Muslim, al-Nasá'i, Abú Dáwúd, al-Tirmidi y Ibn Máya.

Por otro lado, además de lo que acabamos de citar sobre los hadices auténticos, cabe señalar los distintos estudios y recopilaciones de los hadices dudosos (cuya atribución al Profeta no está del todo confirmada) y los falsos (cuya atribución, al Profeta es indudablemente falsa) que llegan a decenas de miles.

Todo esto nos pone de manifiesto los esfuerzos permanentes de los ulemas del Islam para conservar la sunna del Profeta, algo que no tiene igual en las otras comunidades y que hace injustificable cualquier duda en la segunda fuente del Islam.


  • (1) Vease nuestró libro : El orientalismo, op. cit., pags. 106 y ss.
    (2) Lea, por ejemplo-el Corán: sura 5, vers, 67; sura 16, versa 44 y 64.
    (3) Transmitido por al- Hákim en su "Al-mustadrak".
  • (4) Véase Muhammad Iqbal. Renovación del pensamiento religioso en el Islam, pág. 16 y ss.