Cuarto: La recopilación del Corán y la autenticidad del texto Coránico:

l- Es sabido que el Profeta designó a algunos escribanos encargados de poner por escrito la revelación inmediatamente después de recibirla, en las materias disponibles como el papel, la madera, la piel, las láminas de piedras y los huesos. Eran 29 nueve escribanos, según las fuentes islámicas, de los cuales se destacan: los cuatro califas: Abú Bakú, ‘Umar, ‘Utmán y ‘Ali; otros como Mu’áwiya, al-Zubayr Ibn al-‘Awwám, Sa'id Ibn al-‘As, ‘Amr Ibn al-‘As. Ubayy Ibn Ká b y Zayd Ibn Tábit.

2- Otra de las maneras de conservar el texto Coránico, paralelamente con la escritura, es guardarlo en las memorias. Es una manera que sigue eficaz hasta hoy día. Varios centenares eran los que memorizaban el texto Coránico durante la vida del Profeta que revisaba el Corán con el arcángel Gabriel una vez al año en el mes de Ramadán y que en el último año de su vida revisó dos veces. De esta forma ha llegado el texto Coránico a su forma final guardada en las memorias y en las materias de escritura.

3- Un año después de la muerte del Profeta, en la batalla de al-Yamáma contra Musaylima el Mentiroso, fueron matados setenta de los que memorizaban el Corán. Debido a ello, el califa Abu Bakr, a sugerencia de 'Umar, encargó a Zayd Ibn Tábit, uno de los escribanos, de coleccionar los documentos del texto Coránico y reeditarlo en una copia que facilite su uso bajo la condición de no dar crédito a ningún documento que no sea aprobado por dos testigos que confirmen que el mismo ha sido dictado por el Profeta. Realizada la tarea de la colección con la ayuda de los más famosos compañeros del Profeta que memorizaban el Corán, Zayd entregó la copia final al califa Abú Bakr, quien la entregó, antes de su muerte a ‘Umar, y éste, antes de morir, a su hija Hafsa viuda del Profeta.

4- Durante el califato de ‘Utmán, éste formó una comisión de cuatro escribanos, entre ellos el mismo Zayd B. Tábit, que, basándose en el original guardado con Hafsa, hizo cinco copias del Corán que fueron enviadas a la Meca , Medina, Basora. Kufa y Damasco. Cabe mencionar que dicha comisión ha revisado minuciosamente las cinco copias, apoyada en los famosos memorizadores que quedaban vivos desde la época del Profeta, y este es el texto coránico vigente y acreditado en todo el mundo islámico con la unanimidad de todos los musulmanes a lo largo de 14 siglos.

La autenticidad del texto coránico ha sido confirmada por varios orientalistas famosos como Leblois, Muir y el alemán Rudi Paret quien declaró en su introducción a la traducción del Corán que: "no tenemos ningún motivo que nos hace dudar de cualquier versículo revelado a Muhammad".

Con esto el orientalista alemán quiere asegurar que ninguno, después del Profeta, se atrevió a añadir o quitar del texto Coránico (1)

Hay que añadir además que, a lo largo de la historia del Islam, no apareció ninguna copia del Corán distinta a la de ‘Utmán; y si existiera otra en el poder de alguien, la hubiera mostrado para contrariar la del tercer califa. Es más, las sectas disidentes del Islam como los ahmadíes actuales conservan la misma copia conocida en todo el mundo islámico sin el mínimo cambio.

5- Se atribuyó, falsamente, a ‘Abd Alláh B. Mas’úd, uno de los más grandes y famosos compañeros del Profeta, la declaración de que la primera sura, al­ fatihs, y las dos últimas no se consideran como parte del Corán. Esta es una invención atribuida a este gran sabio del Islam como declararon unánimemente los sabios fidedignos del Islam. Entre los que demostraron la inocencia de Ibn Mas’üd citamos a: Fajr al-Din al-Rázi, al-Qádi Abu Bakr, al-Nawawi, Ibn Hazm de Córdoba. al-Baqil’láni, etc. Ningún musulmán aceptó la atribución de esta falsedad a Ibn Mas’úd(2)


(1) Véase al respecto: Muhammad 'Abd Alláh Dráz, op. cit., págs. 34 y ss., y también Rudi Paret, Der Koran, Ubersetzung. Stuttgart, 1980, pag. 5.

(2) Véase nuestro libro: El orientalismo y el fondo cultural de la lucha de las civilizaciones, Dar al-Ma’árif, 1997, págs. 97 y SS.