¿Quién
es el Profeta Muhammad (
)?
Su
linaje:
Él
es Abul-Qasim (padre de Al-Qasim) Muhammad, hijo de Abdullah, hijo de
Abdul-Mutalib. Su linaje se remonta a la tribu de Adnan, hijo de Ismael [el
Profeta de Dios, hijo de Abraham] que Dios exalte su mención. Su madre fue
Aminah, hija de Wahb.
El
Profeta (
)
dijo:
‘Ciertamente
Dios escogió la tribu de Kinanah por sobre las otras tribus de los hijos de
Ismail; Él escogió a los Quraish por sobre las otras tribus de Kinanah; Él
escogió a Banu Hashim por sobre las otras familias de los Quraish; y me escogió
a mí de Banu Hashim’.
(Muslim,
2276)
Así,
el Profeta (
)
tiene el linaje más noble de este mundo. Sus enemigos así lo afirmaban; Abu
Sufyan, quien era archienemigo del Islam antes de convertirse en musulmán, dio
cuenta de ellos frente a Heraclio[1].
Abdullah
b. Abbas narró que el Mensajero de Dios (
)
le escribió a César y lo invitó al Islam y le envió una carta que fue entregada
al Gobernador de Busra, quien a su vez se la reenvió a
César.
César,
a manera de gratitud a Dios, fue caminando de Hims a Ilya (Jerusalén) cuando
Dios le otorgó la victoria sobre las fuerzas persas. Entonces, cuando le llegó
la carta del Mensajero de Dios, dijo después de leerla: “¡Busquen cualquiera
de su pueblo (árabes de la tribu Quraish), para preguntarle acerca del Mensajero
de Dios!”. En ese momento, Abu
Sufyan bin Harb se encontraba en Sham[2]
con unos hombres de Quraish que habían venido (a Sham) como mercaderes durante
la tregua que había concluido entre el Mensajero de Dios y los incrédulos de
Quraish. Abu Sufyan dijo: ‘El mensajero de César nos encontró en algún lugar de
Sham y me llevó a mí y a mis compañeros a Ilya ante la presencia de César y lo
encontramos sentado en su corte real con su corona y rodeado de altos
dignatarios bizantinos. Él le dijo a su traductor: “Pregúntales quién de ellos
tiene algún parentesco con el hombre que dice ser profeta’”. Abu Sufyan agregó:
‘Le
respondí: “Soy su pariente más cercano”. Me preguntó: “¿Cuál es tu parentesco
con él?”. Le respondí: “Es mi primo”, y no había nadie en la caravana de Bani
Abd Manaf excepto yo. César dijo: “Que se acerque”. Y luego ordenó que mis
compañeros se quedaran detrás de mí y le dijo a su traductor: “Dile a sus
compañeros que le voy a preguntar a este hombre acerca del hombre que dice ser
profeta. Si miente, deben contradecirlo
inmediatamente’”.
Abu
Sufyan agregó:
‘¡Por
Dios! Si no hubiera sido una pena que mis compañeros me tildaran de mentiroso,
no habría dicho la verdad sobre él cuando me preguntó. Pero me pareció una
deshonra que mis compañeros me llamaran mentiroso, por lo que dije la
verdad’.
‘Le
dijo luego a su traductor: “Pregúntale a qué tipo de familia pertenece”. Le
respondí: “Pertenece a una familia noble”. Luego dijo: “¿Alguna vez otra persona
ha afirmado ser lo mismo que él dice ser?”. Le respondí: “No”. Luego dijo:
“¿Alguna vez se lo ha acusado de mentir?”. Le respondí: “No”. Dijo entonces:
“¿Alguno de sus ancestros fue rey?”. Mi respuesta fue: “No”. Luego agregó: “¿Lo
siguen los nobles o los pobres?”. Le respondí: “Los pobres lo siguen”. Me dijo
luego: “¿Lo siguen más o menos personas (cada día)?”. Le respondí: “Lo siguen
cada día más”. Me dijo: “¿Algunos de los que adoptan su religión se desilusionan
y luego dejan de lado su religión?”. Le respondí: “No”. “¿Rompe sus promesas?”,
me preguntó. Le respondí: “No, pero en este momento estamos en una tregua con él
y tenemos miedo de que nos traicione”.
Abu
Sufyan añadió:
‘Fuera
de la última oración, no pude decir nada en su contra’. ‘Entonces César
preguntó: “¿Alguna vez han tenido una guerra con él?”. “Sí”, le respondí. Me
dijo: “¿Cuál fue el resultado de esas batallas con él?”. “A veces él gana, a
veces, nosotros”, fue mi respuesta. Dijo entonces: “¿Qué cosas les ordena
hacer?”. Le dije: “Nos dice que adoremos solamente a Dios, y que no adoremos a
otros junto con Él, y que dejemos de lado todo aquello que adoraban nuestros
ancestros. Nos ordena que oremos, que demos en caridad, que mantengamos la
castidad conyugal, que cumplamos nuestras promesas y que devolvamos aquello que
se nos confía’”.
‘Cuando
dije eso, César le dijo a su traductor: “Dile: Te pregunté sobre su linaje y tu
respuesta fue que pertenecía a una familia noble. De hecho, todos los Mensajeros
venían del más noble de los linajes de sus respectivos pueblos. Luego te
pregunté si alguien más decía ser lo que él dice ser, y tu respuesta fue
negativa. Si la respuesta hubiera sido afirmativa, habría pensado que este
hombre dice ser algo que ya se ha dicho antes que él. Cuando te pregunté si
alguna vez lo acusaron de mentir, tu respuesta fue negativa, por lo que di por
sentado que una persona que no le miente a la gente tampoco puede mentir sobre
Dios. Luego te pregunté si alguno de sus ancestros fue rey. Tu respuesta fue
negativa, y si hubiera sido afirmativa, habría pensado que este hombre pretende
recuperar su pasado real. Cuando te pregunté si lo siguen los ricos o los
pobres, me respondiste que son los pobres quienes lo siguen. De hecho, ellos son
los seguidores de los Mensajeros. Luego te pregunté si sus seguidores son más o
menos cada día. Me respondiste que cada vez son más. De hecho, eso es resultado
de la verdadera fe hasta que está completa (en todo sentido). Te pregunté si
había alguien quien, luego de adoptar su religión, se desilusionó y descartó su
religión; tu respuesta fue negativa. De hecho, es una señal de la verdadera fe,
pues cuando su placer entra y se mezcla completamente en los corazones, nadie se
desilusiona. Te pregunté si alguna vez había roto una promesa. Tu respuesta fue
negativa. Y así son los Mensajeros; nunca rompen sus promesas. Cuando te
pregunté si alguna vez combatieron, me respondiste que a veces lo hicieron, y
que en ocasiones él salía victorioso, y otras veces, ustedes. De hecho, así son
los Mensajeros; son puestos a prueba y la victoria final siempre es de ellos.
Luego te pregunté qué cosas les ordenaba hacer. Me respondiste que les ordenaba
adorar solamente a Dios y no adorar a otros junto con Él, dejar de lado lo que
sus ancestros solían adorar, ofrecer plegarias, decir la verdad, ser castos,
cumplir las promesas, y devolver aquello que se le confía a uno. Esas son en
realidad las cualidades de un profeta que yo sabía que vendría (según las
Escrituras anteriores), pero no imaginaba que sería uno de ustedes. Si lo que
dices es verdad, muy pronto él ocupará el suelo que está bajo mis pies, y si
pudiera iría hacía él de inmediato para conocerlo y lavaría sus
pies’”.
Abu
Sufyan agregó:
‘César
pidió la carta del Mensajero de Dios, la cual fue leída. La misma
decía:
"En
el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. De Muhammad, el siervo de
Dios y Su mensajero a Heraclio, Soberano de los bizantinos: Paz para quien sigue
la guía: Te invito al Islam, hazte musulmán y estarás a salvo y Dios te dará tu
recompensa dos veces. Pero si das la espalda, sobre ti recaerá el pecado de tus
súbditos. (¡Gente
del Libro!, venid a una palabra igual entre nosotros: Que no adoréis sino a Dios
y no le asociéis nada ni os toméis unos a otros por señores aparte de Dios y si
dan la espalda, decid: Atestiguad que somos musulmanes.)”.
[Corán-3:
64]
Abu
Sufyan agregó:
‘Cuando
Heraclio terminó su discurso, se produjo un enorme clamor y un grito por parte
de los dignatarios bizantinos que lo rodeaban, y había tanto ruido que no
entendía lo que decían. Entonces, nos ordenaron que saliéramos de la
corte’.
‘Cuando
salí con mis compañeros y estábamos solos, les dije: “Ciertamente, el asunto del
Profeta ha ganado poder. El Rey de los bizantinos le
teme”’.
Abu
Sufyan agregó:
‘Por
Dios, cada vez estaba más seguro de que su religi[on obtendría la victoria hasta
que terminé por aceptar el Islam’. (Bujari,
2782)