.4.- MATRIMONIO Y DIVORCIO (3)

Uno de los conceptos mas deformados del Islam es el significado auténtico del matrimonio. Además de la breve exposición aparecida anteriormente en este estudio, puede ser útil hacer algunas otras observaciones. El matrimonio no constituye en el Islam una transacción comercial negociada por dos socios, ni un contrato civil en el que se evalúan beneficios materiales y obligaciones contrapuestas entre sí. Es algo solemne, sagrado, y sería errónea definirlo simplemente en términos físicos, materiales y seculares. Los principales elementos del matrimonio son la calidad moral, la elevación espiritual, la integridad social, la estabilidad humana, la paz y la piedad. Es un contrato en el que el propio Dios interviene como primer testigo y como primera parte; se suscribe en Su nombre, en obediencia a El y de acuerdo con Sus mandatos. Es un satisfactorio compañerismo humano, autorizado y supervisado por Dios. Es un signo de Sus bendiciones y gracia abundante, como dice claramente el Corán (30:21).

Es evidente, por lo tanto, que el matrimonio islámico es un medio de relaciones permanentes y de continua armonía no sólo entre el hombre y la mujer, sino también entre éstos y Dios. Es igualmente claro que cuando dos musulmanes negocian un contrato de matrimonio, tiene plena intención de que resulte un éxito duradero, para lo bueno y lo malo, para lo mejor y lo peor. Para garantizar este resultado, el Islam ha establecido ciertas normas, que asegura, en la medida de lo posible, que el matrimonio servirá completamente a su fin. Entre estas normas encontramos que:

1. Las dos partes deben adquirir un conocimiento razonable de la otra, de forma que no implique ningún comportamiento inmoral, engañoso y explotador.

2. Se exhorta especialmente al hombre a elegir su compañera en base a sus valores permanentes, es decir, devoción religiosa, integridad moral, carácter, etc., y no en base a su riqueza, prestigio familiar o mera atracción física.

3. La mujer tiene el derecho a cerciorarse de que el hombre propuesto es un partido adecuado, merecedor de su respeto y amor y capaz de hacerla feliz. Basándose en ello, ella puede rechazar la proposición de un hombre que considere inadecuado o de nivel inferior, porque ello puede suponer un impedimento para el cumplimiento de sus obligaciones como esposa, llegando incluso a romper su supuesto matrimonio.

4. La mujer tiene derecho a exigir una dote a su pretendiente, con arreglo a su categoría y sus medios. Si desea renunciar a este hecho y aceptarlo con escasa o ninguna dote, puede hacerlo. La dote impuesta al hombre intenta asegurar a la mujer que se la quiere, se la necesita, y que el hombre está preparado y dispuesto a asumir sus responsabilidades financiera, o de otro tipo. La dote representa, además un gesto simbólico indicativo, que la mujer estará segura y de que el hombre no persigue ningún beneficio material al contraer matrimonio. Traza claramente las líneas que orientan a cada una de las partes acerca de lo que debe esperar de la otra.

5. El matrimonio debe hacerse público y celebrarse con el máximo júbilo. El libre consentimiento de ambas partes es condición esencial para la validez del matrimonio.

6. Para que sea legítimo, todo matrimonio debe ser testificado por dos adultos y registrado en documentos oficiales.

7. El marido tiene el deber de mantener, por completo, a la mujer. Ella tiene derecho a ello en virtud del matrimonio. Si ocurriera que ella tuviera alguna propiedad o posesiones, serán suyos antes y después de la boda; el marido carece de derecho alguno a una porción o participación de la propiedad de su esposa. El matrimonio queda con ello limitado a sus nobles fines, y se desentiende de todos los objetivos vanos.

Todas estas medidas hacen ver que el Islam ha dado todas las seguridades posibles para que el matrimonio sea una compañía feliz y una sólida base, de constante armonía y paz permanente. Mas, teniendo en cuenta que el comportamiento humano es variable, a veces imprevisible, el Islam adopta una visión realista de la vida y prevé todos los sucesos inesperados. Como ya se ha dicho, deben cumplirse los nobles y decentes fines del matrimonio. El Islam no acepta, ni reconoce, el enlace que no sea oficial y efectivo. No puede ser un matrimonio frívolo o de valor nominal. El matrimonio, o es afortunado o no es matrimonio. Constituye un contrato demasiado solemne para ser inefectivo o estacionario. Si no cumple sus fines, o no funciona correctamente, puede terminar en divorcio, conservando las partes interesadas todos sus derechos. Ello es así porque resulta absurdo mantener un contrato nominal e inútil; el genero humano no puede estar atado por lazos imposibles de respetar.

Cuando el matrimonio islámico, que está basado en dichas normas y se rige por las precauciones citadas, no funciona correctamente, deben existir obstáculos muy graves en el camino, algo que la mera reconciliación no puede superar. En una situación similar, es procedente el divorcio. Ahora bien, éste es el último recurso, pues el Profeta lo describe como la cosa más detestable de todos los medios legítimos a los ojos de Dios. No obstante, antes de llegar a este caso último y desesperado, deben hacerse intentos, en el orden siguiente:

1. Las dos partes afectadas han de resolver sus disputas y solventar sus problemas entre sí.

2. Si no lo consiguen, deben encargarse dos árbitros, uno del marido y otro de la mujer, para que traten de poner paz entre ellos y zanjar sus diferencias.

3. Si esto fracasa también, puede aplicarse el divorcio.

Para aplicar el divorcio en esta difícil situación, la ley islámica requiere que sea aceptado por ambas partes y concede a cada una de ellas el derecho a conseguir el divorcio. No limita sólo al hombre, o sólo a la mujer, el derecho a divorciarse. Los dos pueden ejercerlo. Si cualquiera de las dos partes no se considera segura, o feliz con la otra, que rechaza arbitrariamente conceder el divorcio, y si la demanda se encuentra justificada, debe intervenir el tribunal para contribuir a que la parte ofendida obtenga el divorcio. Es deber de los jueces comprobar que se preservan todos los derechos y que el daño se reduce al mínimo.

Después de producirse el divorcio, existe un período de espera, normalmente de tres o doce meses, durante el cual la divorciada recibe pleno apoyo y manutención de su anterior marido. No puede casarse con otro hombre antes de que expire este periodo. El período de espera les ofrece una nueva oportunidad de considerar sus actitudes, de manera más seria, y deliberar sobre las consecuencias de su separación. Si durante este período desean unirse nuevamente, están autorizados a hacerlo. De hecho, se ven animados a unirse otra vez porque esta forma de separación suele ayudarles a apreciarse más entre sí. Una vez expira el período de espera, la divorciada queda libre para casarse con otro hombre. No están ya obligados entre sí.

Si se produjera una nueva unión entre la divorciada y su anterior marido, su matrimonio tendrá la misma entidad que uno nuevo. Si no mejoran sus relaciones pueden recurrir a la misma solución del divorcio, tras el cual pueden unirse de nuevo en matrimonio, caso de que lo deseen. Si no tiene éxito esta segunda unión, puede aplicarse el divorcio definitivo.

Al permitir el divorcio, el Islam declara su política de que no se pueden tolerar matrimonios infelices, fríos y paralizados, mucho más dañinos que el divorcio. Haciéndolo dos veces, una después de otra, teniendo opción las partes a unirse de nuevo, ofrece todas las posibilidades concebibles para que el matrimonio sea efectivo y útil. El Islam está preparado para abordar cualquier clase de problemas y hacer frente a todas las situaciones. Al permitir el divorcio no pone en peligro el matrimonio. Al contrario, lo asegura por la misma medida, pues la persona equivocada sabe que el perjudicado puede liberarse de la injusticia y del daño, a través del divorcio. Entiende que el matrimonio sólo es vinculante mientras funciona con éxito, ambas partes harán cuanto puedan por el éxito del matrimonio antes de realizar nada que pueda afectar su continuidad. Ello hace que cada parte elija cuidadosamente a la otra, antes de casarse, y que la trae correctamente en el futuro.

Cuando el Islam permite obtener el divorcio, por mutuo consentimiento, o por la intervención de los tribunales en nombre de la parte perjudicada, protege firmemente la moralidad y la dignidad humanas. No obliga a nadie a padecer la injusticia y el daño de una parte infiel. No conduce a la persona a la inmoralidad y la indecencia. Les dice estas palabras: o vivís legítima y felizmente juntos, u os separáis de manera digna y decente. Lo que más destaca moral y humanamente en el Islam, en este sentido, es que no obliga a nadie a rebajar su dignidad y degradar su moralidad sólo para obtener el divorcio. Un musulmán no necesita ôsepararse" de su pareja años antes de que se le conceda el divorcio. Ni es condicional para el adulterio la concesión del divorcio. El modo en que autorizan la "separación" muchos sistemas puede implicar y de hecho implica acciones inmorales e indecentes. En caso de "separación" de esta clase, la persona no puede disfrutar sus derechos, ni cumplir sus obligaciones matrimoniales. Los dos están casados oficialmente pero, ¿disfrutan la vida conyugal? El está totalmente atado; sin embargo, queda libre pues no puede afectarle ninguna restricción. No puede obtener el divorcio ni casarse otra vez pero, ¿hay algún límite legal a sus relaciones extramatrimoniales?. Le es posible tratar con quien desee sin control ni limitación. Estas cosas ocurren todos los días y no es necesario inventarlas. La "separación" de esta clase puede ayudar a alguien a obtener finalmente el divorcio, más a costa de la moralidad y de que la sociedad pague por ello un alto precio. Es algo que el Islam no puede aceptar o autorizar jamás, porque violaría todo el sistema de valores morales que predica el Islam.

Considerando el caso del adulterio, y su adopción por algunos sistemas como base para el divorcio, sólo podemos decir lo siguiente: es humillante para la dignidad humana y perjudicial para la moralidad, que una persona cometa adulterio o pretenda haberlo cometido para obtener el divorcio. Ya se ha expuesto el criterio del Islam respecto al adulterio. Lo que ocurre, en muchos casos, es esto: la persona no se divorcia porque haya o pretenda haber cometido adulterio, sino que lo comete, o intenta el adulterio, para obtener el divorcio que no se conseguiría en otras circunstancias. De este modo, tan opuesto y desdichado, marchan las relaciones humanas.

Esta es la posición del Islam en la materia. Si ha de obtenerse el divorcio como último recurso, debe concederse con dignidad y con el debido respeto. Cuando se aplique el Islam a la vida conyugal, no será posible basar el divorcio en la "separación" o el "adulterio". Ni existirá ese fácil divorcio al estilo de Hollywood, que nació como reacción extrema a una extrema rigidez. Todo sistema relacionado con la naturaleza humana ha de ser realista y moderado, previendo todas las circunstancias, para hacer frente a cualquier situación. De lo contrario, será autodestructor y vano, adjetivos que no corresponden en absoluto al Islam (ver Corán, 2:224- 232; 4:34-35; 4:127-130).

Terminamos esta exposición con una observación final. Casi todas las sociedades y religiones conocidas disponen de medios para poner fin a cualquier matrimonio. Los índices de divorcio crecen rápidamente en el mundo industrializado y las leyes sobre el divorcio son cada vez más liberales. Sin embargo, el divorcio sigue siendo un acto moral notable en el Islam. Dios ordena a las parejas a ser bondadosas y pacientes, y se les recuerda que pueden encontrar algo desagradable en su compañero, en quien Dios ha depositado tantas cosas buenas y virtuosas. Si se portan bien y permanecen juntos tienen asegurada la ayuda de Dios. Pero si han de separarse por el divorcio, deben procurarlo sin ánimo de daño o perjuicio. Si se separan elegante y honorablemente, Dios les garantiza el enriquecimiento por Su infinita generosidad. Todo el contexto conyugal, de principio a fin se centra y orienta en la creencia en Dios. Los versículos referentes al divorcio no son estipulaciones legales muertas: principian y concluyen con exhortaciones morales de alto grado. Los compromisos morales de las partes se extienden mucho más allá de la fecha del divorcio. Toda esta cuestión esta incorporada en un sistema, tan altamente moral, que el divorcio es considerado correctamente con justicia, como un acto eminentemente moral.


(3) En relación con este tema, ver la anterior lección sobre " La Vida Familiar ".