Ningún intérprete, por cultivado y experto que sea, podrá jamás transmitir, en lengua alguna, la fuerza espiritual y el encantador atractivo del Corán. El Corán es -y así lo hizo Dios- inimitable; y queda muy lejos, de la imaginación y de la energía humana, producir nada semejante. |