No constituye sorpresa alguna que la
auténtica creyente musulmana adore a su Señor con fervor, porque sabe que está
obligada a observar todos los mandatos que Allah
ha ordenado a todo musulmán, sea éste hombre o mujer. Por tal motivo,
ella lleva a cabo sus deberes islámicos de forma adecuada, sin aducir excusas o
compromisos, y sin ser negligente.