CAPITULO 1
La mujer musulmana y su Rabb (Señor)
Una de las características
distintivas más sobresalientes de la mujer musulmana es su profunda fe en
Allah y su sincera convicción de que cualquier cosa
que suceda en este universo, y cualquiera sea el destino acaecido sobre los
seres humanos, solamente es el resultado de la voluntad y el decreto de Allah, y
que éste no hubiera podido ser evitado. El ser humano no tiene más elección en
esta vida que esforzarse por seguir el camino recto y realizar buenas acciones
-actos de adoración y otros- por medio de los cuales, una persona puede colocar
toda su confianza en Allah
, someterse a Su voluntad, y creer que siempre necesitará del auxilio y el
apoyo de Allah.
La historia de Hâyar brinda
el más maravilloso ejemplo a la mujer musulmana de profunda fe en Allah y
sincera confianza en Él. Abraham (u)
dejó a Hâyar en la Ka‘bah en Makkah, cerca de lo que es hoy
el manantial de agua de Zamzam, en una época en que no
estaba habitada, ni existía tal fuente de agua en el lugar. Hâyar no tenía a nadie consigo, salvo su pequeño hijo
Ismael. Ella preguntó entonces a Abraham
serenamente y sin ningún rastro de pánico en su rostro:
“¿Ha sido Allah
quien te ordenó realizar esto, ¡Oh
Abraham!? A lo que Abraham replicó: “Sí”. Entonces fue cuando surgió una frase
que reflejó su aceptación y optimismo: “Entonces Él
no nos va a abandonar.” (Narrado por Al Bujâri en Kitâb Al
Anbiiâ'[1])
Aquí nos encontramos frente a una
situación extremadamente difícil. Un hombre deja a su esposa y a su pequeño hijo
en una tierra árida, donde no hay plantas ni agua, ni tampoco poblados cercanos.
Abraham regresa a la distante tierra de Palestina, no dejando nada con ella,
excepto un saco de dátiles y un pellejo de cuero lleno de agua. Si no fuera por
la profunda fe y confianza en Allah
que embargó el corazón de Hâyar,
ella no habría sido capaz de enfrentar semejante situación difícil. Ella quizás
hubiera decaído inmediatamente, y no hubiera llegado a ser la mujer cuyo nombre
será siempre recordado día y noche por aquellos que llevan a cabo el Hayy
y la 'Umrah a la casa
de Allah
, cada vez que beben del agua pura de
Zamzam, y corren entre las colinas de Safa y
Maruah, tal como lo hizo Hâyar en ese día de prueba sumamente
crucial.
Esta profunda fe y conciencia tuvo un
sorprendente efecto en la vida de los hombres y mujeres musulmanas: despertó sus
conciencias y les recordó que Allah atestigua y conoce todos los secretos. Y que
Él está con Sus criaturas, dondequiera que éstas se
encuentren. Nada nos brinda más clara idea de esta conciencia y temor a Allah
en todos los tiempos
que la historia de la joven musulmana narrada en Sifah As
Safuah y en Uafiiât Al A‘iân y citada por Ibn Al
Yauzi en su libro Ahkâm An Nisâ'. (Pág. 441-112):
“Narró 'Abdullah Ibn
Zaid Ibn Aslam de su padre, y éste de su abuelo, quien dijo: ‘Cuando
estaba acompañando a ‘Umar Ibn Al Jattâb
durante su patrulla nocturna por Al Madînah, de pronto él se sintió
cansado así que se apoyo contra un muro. Era plena medianoche, cuando escuchamos
a una mujer decir a su hija: "¡Oh, hija mía levántate y mezcla esta leche con
algo de agua!" Dijo la muchacha: "¡Oh, madre! ¿Acaso hoy no escuchaste el
decreto del jefe de los creyentes (Amîr Al Mu'minîn)? La madre preguntó:
"¿De qué se trata?" La muchacha respondió: "Él ordenó a alguien que anuncie en
voz alta que la leche no debe ser mezclada con agua." La madre dijo entonces:
"Levántate y ve a mezclar la leche con agua, pues tú estás en un lugar donde
‘Umar
no puede ver lo que haces." La muchacha respondió a su madre:
"No puedo obedecer a Allah en público y desobedecerlo en privado." ‘Umar
, al escuchar estas palabras me dijo: "¡Oh, Aslam! Ve a aquel lugar y
averigua quién es esa joven, a quién estaba hablando, y si ella tiene un marido.
Así, fui al lugar y vi que ella no estaba casada, y la otra mujer era su propia
madre, y tampoco tenía esposo. Volví hasta ‘Umar
de nuevo y le conté
lo que había descubierto. Luego convocó a todos sus hijos y les dijo: "¿Alguno
de vosotros quiere que yo le consiga una esposa? Si yo tuviera deseo de casarme
sería el primero en contraer matrimonio con esta jovencita." Entonces
‘Abdullah dijo: "Yo tengo esposa." Luego ‘Abd Ar Rahmân dijo: "Yo
tengo esposa." Y finalmente ‘Âsim dijo: "Yo no tengo esposa, así
que dejadme desposarla." De este modo ‘Umar
hizo arreglos para que la
jovencita se casara con ‘Âsim. Ella le dio una hija, quien más
tarde fue la madre de ‘Umar Ibn ‘Abd Al ‘Azîz."
Este es el profundo sentido de piedad
que el Islam había implementado en el corazón de esta joven mujer. Ella era
honrada y recta en todos sus asuntos, sean éstos públicos o privados, porque
creía con convicción que Allah
estaba con ella todo el tiempo, observando y
escuchando todo lo que hacia. Ésta es la verdadera fe, y éstos son los
resultados de esa fe que la elevaron al nivel del ihsân. Una de las recompensas inmediatas con la cual
Allah
la agració fue ese matrimonio
bendito, uno de cuyos descendientes fue el quinto Jalîfah bien guiado:
'Umar Ibn ‘Abd Al ‘Azîz
.
La ‘Aqîdah (fe) de la
verdadera musulmana es pura, clara, y libre de cualquier estigma de ignorancia,
ilusión o superstición. Esta ‘Aqîdah está basada en la fe en Allah , El Único, El
Más Elevado, El Eterno, Quien es capaz de ejecutar todas las cosas, Quien tiene
el control sobre el universo entero, y a Quien todas las cosas deben
retornar:
[Pregúntales: ¿Quién tiene en Sus manos la soberanía de todas las cosas, y puede amparar a quien Él quiere y nadie puede protegerse de Su castigo [si así lo decreta], si lo sabéis? Sin duda que dirán: Allah. Diles: ¿Cómo entonces desvariáis [y os apartáis de la verdad]?] (23:88-89)
Ésta es la pureza y profunda fe que acrecienta el temperamento de la mujer musulmana en fuerza, entendimiento y madurez; para que ella perciba la vida tal como realmente es: un lugar de examen cuyos resultados serán percibidos el Día que indudablemente llegará.
[Diles [¡Oh, Muhammad!]: Allah es Quien os da la vida, la muerte, y luego el Día indubitable de la Resurrección os congregará [para juzgaros]. Pero la mayoría de los hombres lo ignoran.] (45:26)
[¿Acaso
creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante
Nosotros?]
(23:115)
[Bendito sea Aquél en Cuyas manos está el reino, y tiene poder sobre todas las cosas. Él es Quien creó la muerte y la vida para probaros y distinguir quién de vosotros obra mejor. Él es Poderoso, Absolvedor.] (67:1-2)
Ese Día el hombre será compelido a
dar testimonio de sus actos. Si éstos fueron buenos, será bueno para él, pero si
éstos fueron malos, será malo para él también. No habrá la más mínima
injusticia:
[Hoy cada alma será juzgada por lo que haya realizado [en la vida mundanal]. Hoy no se cometerá injusticia alguna. En verdad, Allah es rápido en ajustar las cuentas.] (40:17)
La balanza (en la cual serán pesadas las acciones del hombre) medirá todo con la máxima precisión, ya sea a favor o en contra de la persona.
[Quien haya realizado una obra de bien, por pequeña que fuere, verá su recompensa. Y quien haya realizado una mala obra, por pequeña que fuere, verá su castigo.] (99:7-8)
Nada podrá ser ocultado al Señor de la Gloria en ese día, ni aunque fuere tan insignificante como un grano de semilla de mostaza.
[Y dispondremos la balanza de la justicia [para juzgar a los hombres] el Día del Juicio, y nadie será oprimido. Y todas las obras, aunque sean tan pequeñas como el peso de un grano de mostaza, serán tenidas en cuenta. Ciertamente somos suficientes para ajustar las cuentas.] (21:47)
No hay duda alguna de que cuando
la verdadera musulmana examine el significado de estas aleyas reflexionará sobre
aquel Día crucial. Y se volverá hacia su Señor en obediencia, arrepentimiento y
gratitud, buscando realizar tantos actos honrados como fuera capaz de hacer,
preparándose así para la vida en el más allá.