CONCLUSION

 

   En las páginas precedentes, he explicado el carácter de la musulmana tal como el Islâm quiere que sea, de acuerdo a la sensata guía que se le otorga para desenvolverse en todos los aspectos de la vida y en la formación de su mente, alma, moral y comportamiento. Esto está  referido muy claramente en numerosas Aleyas y Hadîces sahîh que establecen un equilibrio preciso en su carácter, de tal forma que ningún aspecto prevalezca a expensas del otro. Y además, describe vívidamente la manera ideal de tratar a sus padres, familiares, esposo, hijos, vecinas, amigas, y hermanas en el Islâm y a otras personas con las que se encuentre en la sociedad donde la mujer esté inserta.

 

   Los capítulos anteriores explicaron que el rol de la mujer musulmana no es simplemente permanecer en el hogar criando a los hijos y cuidando del hogar. Además de todo eso, la musulmana está educando una nueva generación heroica, desempeñando un importante rol en la da'uah y realizando una contribución importante y constructiva en todos los campos de la vida, trabajando codo a codo junto a los hombres para poblar y cultivar la tierra enriqueciendo la vida y haciendo a la gente feliz.

 

     Constituye algo sumamente claro que la musulmana guiada por el Islâm es pura, constructiva, productiva, cautelosa, consciente, educada y refinada. Comprende completamente sus deberes para con Allâh , para consigo misma, su esposo e hijos, sus parientes, sus vecinos, sus amigas y hermanas en el Islâm y la sociedad en su conjunto, con todas las diferentes clases de personas, acontecimientos y transacciones que involucran.

 

   Ella cree en Allâh y en el Último Día, es cautelosa respecto a las pruebas de la vida y las trampas de Shaitân; rinde culto a Allâh; obedece Sus mandatos, acata Sus prohibiciones, acepta Su voluntad y decreto, vuelve a Su protección, y busca Su perdón cuando vacila, o se vuelve negligente; es consciente de su responsabilidad ante Allâh con los miembros de su familia; ella se preocupa por complacer a Su Creador a través de todo lo que hace; comprende el verdadero significado de ser una sierva de Allâh , y apoya a Su verdadera religión; prescribe el bien y prohibe el mal, tanto como le sea posible.

 

   Ella es consciente de sus obligaciones consigo misma al comprender que es un ser humano compuesto de un cuerpo, una mente y un alma, cada uno de los cuales tiene sus propias necesidades y exigencias. De allí que se cuide para establecer un equilibrio correcto entre su cuerpo, alma y espíritu. Ella no presta atención a un aspecto a expensas del otro, más bien, presta la debida atención a cada uno de ellos para formar una personalidad balanceada, siempre guiada por las sabias enseñanzas del Islâm como puede apreciarse en el Qur’ân, la Sunnah y los ejemplos de los rectos salaf, quienes siguieron los pasos del Profeta  con toda sinceridad.

 

   Ella cuida su apariencia exterior sin irse a los extremos del exceso o la ostentación y asimismo, presta el debido cuidado a su naturaleza interior de un modo que es propio del ser humano a quien Allâh honró al hacer que los ángeles se prosternaran ante él y subyugando todo lo que está en el cielo y en la tierra para su beneficio. De esta manera, ella desarrolla un temperamento equilibrado y agradable, se hace atractiva tanto en apariencia como en pensamientos, razonamiento, comportamiento y reacciones.

 

   Ella no deja que el cuidado de su cuerpo y mente la distraigan de ocuparse de cuestiones espirituales. Por eso dedica tanta atención a su desarrollo espiritual y a la purificación de su alma, a través de la adoración, el dhikr y la lectura del Qur’ân. Su guía en todo esto es mantener un equilibrio preciso entre todos los aspectos de su personalidad.

 

   Ella trata a sus padres con cariño y respeto. Conoce su posición y sus deberes para con ellos, además es muy cautelosa para no desobedecerlos. No escatima ningún esfuerzo para encontrar la mejor manera de tratarlos apropiadamente y los rodea con toda clase de cuidados, honra, y respeto.

 

   Con su marido es una esposa ideal, inteligente, respetuosa, obediente, tolerante y afectuosa, ansiosa de complacerlo y de respetar y honrar a su familia. Ella guarda sus secretos, y lo ayuda a ser un hombre honrado, a temer a Allâh y a realizar buenas obras. Y llena su corazón con felicidad, paz, y tranquilidad.

 

   Con sus hijos, es una madre cariñosa y compasiva que comprende sensatamente la gran importancia de su rol maternal en educarlos y jamás se abstiene de impartirles la guía correcta  o de corregirlos si así lo necesitan, para que puedan crecer con una educación islámica ideal que cultivará en ellos la mejor moral, disposición y amor por la caridad.

 

   Con sus nueras y yernos, es amable, justa, prudente y les ofrece su consejo sincero. Ella no interfiere en sus asuntos privados. Asimismo, los trata bien y se esfuerza en fortalecer los lazos de amor, apartándose de los males y las disputas.

 

   Con sus parientes, sostiene los vínculos de amor y no descuida el mantenerse en contacto con ellos y tratarlos bien. Ella se interesa en mantener la relación familiar aunque ellos no la sostengan, actuando así en conformidad a las enseñanzas del Islâm que le exigen mantener los vínculos de parentesco con amor y afecto.

 

    Ella trata bien a sus vecinos y se preocupa por ellos. Conoce los importantes derechos que tienen y que Yibril enfatizó al Profeta tan enérgicamente que el Profeta pensó que los iba a convertir en sus herederos. Por ende, quiere para ellos lo que quiere para sí misma. Los trata correctamente, respetando sus sentimientos, soportando sus insultos, y pasando por alto sus defectos y errores, y se cuida de no maltratarlos o de quedarse corta en su trato para con ellos.

 

   Con sus amigas y hermanas en el Islâm, se distingue de otras mujeres por la forma en que establece su relación con ellas, sobre las bases del amor por Allâh , el cual es el más elevado y puro amor existente entre los seres humanos pues está libre de toda impureza o segundas intenciones, y su pureza procede de la luz de la Revelación y de la guía profética. En consecuencia, la musulmana es sincera y tolerante en sus sentimientos de amor y hermandad para con sus hermanas y se interesa en mantener los lazos de hermandad y amor con ellas. Ella no interrumpe dichos lazos, ni las abandona, tampoco difunde chismes sobre ellas, ni hiere sus sentimientos con discusiones, y disputas. Tampoco guarda rencores ni les niega algún favor que pueda hacer por ellas y siempre las saluda con un rostro alegre y sonriente.

 

   En cuanto a la relación con su sociedad, ella es un ser social de la categoría más elevada porque aprendió las enseñanzas sabias del Islam concernientes a los tratos sociales y a la elevada moral. De la rica fuente del Islam deriva sus costumbres, hábitos, conducta, ética y valores que purifican su alma y forman su carácter social distintivo.

 

   Ella es de buen carácter (tiene una buena disposición para con los demás), es sincera y directa con toda la gente. Ella no defrauda, no engaña, ni traiciona a espaldas de los demás. No es hipócrita. No habla falsedades (ni da falsos testimonios). Ofrece su consejo sincero y guía a otras personas hacia las buenas obras. Mantiene sus promesas. Tiene como características, la modestia y el respeto a sí misma. No interfiere en lo que no es de su incumbencia. Evita calumniar el honor de otras personas y buscar sus defectos. No es ostentosa. Es justa en sus opiniones sobre otras personas. Ella no oprime a otros. Es justa hasta con aquellas personas que le desagradan. No se regocija de las desgracias ajenas. Evita las sospechas. Contiene su lengua del chisme malicioso. Evita el lenguaje obsceno y las maldiciones. No se burla de nadie. Es benévola con las personas. Es compasiva. Se esfuerza por beneficiar a otras personas y para protegerlas del perjuicio. Alivia la penuria de quien está sufriendo. Es generosa. Ella no echa en cara su caridad a los que la reciben. Es paciente. Es tolerante. No guarda rencor ni resentimiento. Tiene una buena predisposición, y no es rígida. No es envidiosa. Ella evita jactarse y alardear. No habla de una manera fingida o exagerada. Tiene una personalidad agradable. Es amigable y cariñosa. Guarda los secretos. Es de semblante alegre. Tiene sentido del humor. Trata de hacer a la gente feliz. No es demasiado estricta, ni arrogante. Es humilde. Es modesta en cuanto a su apariencia y su vestido. Procura las cosas nobles. Se preocupa por los asuntos de los musulmanes. Honra a sus huéspedes. Ella prefiere a los otros por encima de sí misma. Compara sus hábitos y costumbres con los parámetros del Islâm. Utiliza el saludo del Islâm. No entra a otra casa que no sea la propia sin permiso. Se sienta donde encuentre lugar en una reunión. No conversa en privado marginando a una tercera mujer presente en el sitio. Respeta a sus mayores y a la gente distinguida. No mira dentro de otra casa que no sea la suya. Escoge un trabajo que satisfaga su naturaleza femenina. No imita a los hombres. Invita a otras personas hacia la verdad. Prescribe lo que es bueno y prohibe lo que es malo. Es sensata y elocuente en su da'uah. Se relaciona con mujeres honradas. Se apresura en reconciliar a las mujeres musulmanas. Se junta con otras mujeres y soporta sus insultos. Aprecia los favores y los agradece. Visita al enfermo. No asiste a los funerales.

 

   Ésta es la personalidad de la mujer musulmana, tal como la definen las enseñanzas del Islâm.

 

   Sin lugar a dudas, la musulmana es el más refinado ejemplo de mujer, jamás conocido por alguna otra sociedad. Junto con todas estas refinadas cualidades enunciadas anteriormente, la musulmana también posee sabiduría, pureza de alma, un elevado nivel de espiritualidad, un íntegro concepto de la vida, el universo, y la humanidad y una profunda consciencia de su importante rol en la vida.

 

    Seguramente, una mujer que haya alcanzado tan elevado grado de desarrollo intelectual, psicológico, espiritual y moral es una gran bendición humana que no tiene paralelo con ninguna de las otras bendiciones de las cuales disfruta el ser humano.

 

     Es el mayor logro cultural alcanzado por la humanidad en su larga historia. El hecho de que las mujeres hayan alcanzado este elevado nivel de desarrollo significa que son maduras y completamente calificadas para desempeñar su importante rol en la vida.

 

   Lo que vemos hoy en día, en diversas partes del mundo islámico es el atraso de las mujeres musulmanas y el fracaso en alcanzar ese elevado nivel que el Islâm quiere para ellas. Esto es un resultado de que los musulmanes en general han estado vagando muy lejos de las fuentes puras del Islâm y han quedado rezagados en diferentes campos de la yâhiliiah o en la dependencia intelectual y psicológica de otros. Nada de esto hubiera sucedido a los musulmanes en general y a las musulmanas en particular si hubieran preservado sus fuentes espirituales e intelectuales adecuadamente, y los hombres y mujeres hubieran bebido de estas fuentes prístinas que les habrían otorgado la inmunidad, originalidad y distinción.

 

   Mientras el ataque al mundo musulmán apunta a la identidad de los musulmanes en general, hombres y mujeres por igual, para desorganizar y contaminar sus originales fuentes ideológicas, sin lugar a dudas muchas aristas de este ataque estuvieron dirigidas a la mujer musulmana en particular con el propósito de despojarla del atavío de la virtud por el cual ha sido conocida a lo largo de la historia y haciéndole usar el vestido ajeno, ajustado y prestado que hace parecer a la musulmana una copia de las mujeres incrédulas en cuanto a su apariencia, pensamiento y comportamiento.

 

   Enormes esfuerzos fueron dedicados a la llamada a la occidentalización de las mujeres musulmanas por diversas sociedades, organizaciones y movimientos. Al Hamdulillah, todos ellos terminaron en fracaso como resultado del despertar de las musulmanas educadas que comprendieron las enseñanzas del Islâm. Muchos de los hombres y mujeres que apoyaron la imitación ciega de occidente ahora han retrocedido admitiendo la profundidad de la creencia de la musulmana y la originalidad del Islâm en cuanto a su pensamiento, psicología y sentimientos.

 

   Las grandes esperanzas colocadas en la musulmana consciente de su rol requieren que ella sea aún más fuerte en poner a prueba su identidad islámica, donde quiera que viva y cualquiera sean las circunstancias. Al reforzar su identidad islámica claramente manifestará su consciencia, sus elevados principios, su sinceridad, su devoción al Islâm y su distintiva cultura. Ésta es también una señal de su capacidad para contribuir al renacimiento de la Ummah a la cual pertenece y al desarrollo del país donde vive.


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